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Virus en la macrofauna antártica: un mundo oculto que recién comenzamos a comprender

8 Mins read

Víctor Neira Ramírez
Director del proyecto Anillo Temático Antártico ATE250053 (ARCAP, Antarctic Research on Contaminants and Pathogens)
vneiraram@gmail.com – Universidad de Chile

Fuente: Inach

La Antártica, antes considerada casi libre de agentes infecciosos, alberga una sorprendente diversidad viral compuesta por numerosos virus endémicos que conviven sin causar enfermedad aparente en su fauna. Sin embargo, la reciente llegada del virus H5N1 en 2024 cambió por completo este escenario, demostrando que incluso patógenos altamente contagiosos pueden alcanzar el Continente Blanco. Este evento subraya la vulnerabilidad de las especies antárticas y la necesidad urgente de mantener una vigilancia activa frente a futuras introducciones virales.

Durante décadas se instaló la idea de que la Antártica era un continente prácticamente libre de virus. Un lugar tan aislado, tan extremo y tan distinto del resto del planeta que, en teoría, ofrecía un refugio biológico donde la fauna habría evolucionado bajo una “baja presión de patógenos”. Desde esa mirada, los pingüinos, skúas, petreles, gaviotas y mamíferos marinos habrían vivido expuestos solo a un número muy limitado de agentes infecciosos.

Sin embargo, a medida que la investigación antártica ha crecido y las herramientas diagnósticas han avanzado, esa imagen ha comenzado a desmoronarse. Hoy sabemos que la Antártica no es un desierto sanitario. Muy por el contrario: es un ecosistema dinámico, con una diversidad viral sorprendente, donde conviven virus antiguos, posiblemente coevolucionados con sus hospederos, junto con virus introducidos por migraciones de larga distancia o incluso por actividades humanas.

Nuestra experiencia trabajando en la región, particularmente en pingüinos, nos ha mostrado que lo que antes parecía un territorio “pobre” en virus era, en realidad, un territorio pobremente estudiado. La evidencia indica que la fauna antártica mantiene un viroma complejo, estable y, en muchos casos, aún indefinido en cuanto a su impacto sanitario.

Del mito de la “baja presión de patógenos” a un viroma diverso

Los primeros indicios de esta diversidad surgieron de estudios serológicos que demostraron exposición a influenza A, flavivirus, paramyxovirus y birnavirus. Pero la llegada de herramientas moleculares, en particular el PCR, la secuenciación y posteriormente la obtención de viromas, ha permitido revelar el verdadero panorama: pingüinos y aves marinas albergan una gran diversidad viral que incluye: adenovirus, circovirus, astrovirus, polyomavirus, paramyxovirus, deltacoronavirus e incluso virus completamente nuevos que no tienen equivalentes cercanos en otras latitudes.

Algunos trabajos recientes han mostrado que la riqueza de virus ARN en pingüinos es comparable a la de aves acuáticas de zonas templadas, lo que derriba la idea clásica de que estos animales viven expuestos a muy pocos virus. Lo que ocurría es que no los estábamos buscando con la sensibilidad adecuada.

La mayor parte de estos virus no está asociada a enfermedad clínica. Son parte del paisaje biológico natural de la Antártica, coexistiendo con sus hospederos sin generar mortalidad evidente. Esta realidad nos obliga a replantear la manera en que entendemos la relación entre virus y fauna silvestre.

Nuestra contribución: descubrimiento de avulavirus antárticos

Uno de los hallazgos que más ha influido en este cambio conceptual proviene de nuestro propio trabajo. Durante distintas campañas realizadas en la península Antártica, logramos aislar y caracterizar tres avulavirus inéditos, hoy denominados AAvV-17, AAvV-18 y AAvV-19.

Estos virus, detectados inicialmente en pingüinos adelia, papúa y barbijo, mostraron ser linajes profundamente divergentes, distintos a los avulavirus presentes en otras regiones del mundo. Además, se encontraban distribuidos a lo largo de varias colonias, lo que sugiere que su circulación es estable, probablemente de larga data, y no el resultado de introducciones recientes.

Lo más interesante es que los pingüinos que portaban estos virus se encontraban en buen estado sanitario, sin signos clínicos, lo que refuerza la idea de que algunos virus podrían formar parte del viroma normal de estas especies. Desde una perspectiva evolutiva, esto es particularmente relevante: nos permite estudiar ciclos virales en condiciones de aislamiento extremo y entender cómo pueden adaptarse, persistir y diversificarse virus que no necesariamente causan enfermedad.

Otros virus endémicos: adenovirus, siadenovirus y coronavirus del extremo sur

La Antártica también alberga otros grupos virales detectados en aves marinas y pingüinos. Entre ellos destacan diversos adenovirus y siadenovirus, algunos de los cuales parecen específicos para cada especie de pingüino. Este patrón sugiere que ciertos virus han desarrollado un grado de adaptación tan estrecho a su hospedero que prácticamente no circulan fuera de él.

Otro hallazgo notable es la detección de un deltacoronavirus en gaviotas y pingüinos, lo que demuestra que en un ecosistema tan aislado también pueden existir virus con un rango de hospedadores amplio. Esto abre preguntas importantes sobre los mecanismos de transmisión, los ciclos ecológicos y el papel de las interacciones entre especies.

En conjunto, estos virus endémicos muestran que el ecosistema antártico es mucho más complejo de lo que imaginábamos. No es un ambiente “vacío” en términos virales, sino un espacio con una historia evolutiva propia.

¿Podrían algunos virus ser beneficiosos?

Cuando analizamos esta diversidad, no podemos quedarnos solo con la idea de los virus como amenazas. La virología moderna ha demostrado que algunos virus pueden desempeñar roles beneficiosos o funcionales para sus hospederos.

El ejemplo más sencillo y conocido es Vaccinia virus, utilizado por décadas como vacuna contra la viruela humana. Lejos de ser un patógeno dañino en ese contexto, se convirtió en una herramienta biológica clave para entrenar el sistema inmune y generar protección duradera.

Otro caso emblemático son los virus oncolíticos, capaces de infectar selectivamente células tumorales y activar respuestas inmunológicas antitumorales. Hoy forman parte de terapias aprobadas en medicina humana y demuestran que un virus puede, bajo ciertas circunstancias, favorecer la salud de su hospedero.

Si esto ocurre en humanos y mamíferos, ¿por qué no en aves antárticas? Es perfectamente plausible que algunos virus endémicos que detectamos en pingüinos, como ciertos avulavirus o adenovirus específicos, estén cumpliendo funciones que todavía no comprendemos. Podrían estar implicados en la estimulación basal del sistema inmune, en la modulación de la microbiota o incluso en la competencia ecológica dentro de las colonias. Se trata de un campo casi inexplorado, pero que podría cambiar profundamente nuestra interpretación del viroma antártico.

El punto de quiebre: la llegada de H5N1 a la Antártica

Si los virus endémicos representan la parte “tranquila” del panorama, el caso del virus de influenza aviar altamente patógena H5N1 muestra el otro extremo: la amenaza real y actual.

En 2023 realizamos una campaña de vigilancia activa en la que no encontramos H5N1 en la Antártica ni observamos mortalidad sospechosa. Pero en marzo de 2024 todo cambió: confirmamos por primera vez la presencia de H5N1 en skúas de la isla James Ross, marcando un antes y un después en la historia sanitaria del continente. Un virus que hasta hace poco parecía lejano había logrado cruzar una de las últimas barreras naturales del planeta.

Durante el verano subsiguiente, nuevas detecciones en skúas aún más al sur demostraron que la llegada del virus no fue un evento aislado. La Antártica se había convertido en parte de la ruta de expansión global de esta panzootia. Hasta ahora no hemos visto afectación masiva de pingüinos, pero la experiencia internacional nos obliga a mantener una vigilancia estricta: la estructura colonial y las densidades poblacionales elevadas hacen que la fauna antártica sea especialmente vulnerable a agentes altamente contagiosos.

Por qué estudiar los virus antárticos es esencial

Estudiar los virus presentes en la Antártica es fundamental por múltiples razones que hoy se vuelven ineludibles. Desde una perspectiva de conservación, varias especies —como el pingüino emperador— ya enfrentan disminuciones asociadas al cambio climático y a la pérdida de hábitat, de modo que la irrupción de un brote viral podría agravar gravemente su situación. 

En términos evolutivos, los virus antárticos representan modelos excepcionales para comprender cómo se desarrollan y diversifican los agentes infecciosos en condiciones de aislamiento extremo, libres de muchas de las presiones que existen en ecosistemas más intervenidos. 

Además, bajo el enfoque One Health, lo que ocurre en la Antártica no queda confinado al continente: las aves migratorias conectan este ecosistema con Sudamérica, África y Oceanía, lo que convierte cualquier detección viral en un elemento relevante para la salud animal e incluso humana a escala global. 

Finalmente, el acelerado cambio climático está transformando profundamente la región polar, abriendo nuevas rutas, permitiendo la llegada de especies antes ausentes y aumentando la presencia humana, factores que incrementan de manera significativa el riesgo de introducción y diseminación de patógenos emergentes. Todo esto hace que la vigilancia y el estudio de los virus antárticos sean más necesarios que nunca.

Conclusión

Después de años trabajando en la Antártica, la lección más clara es que la diversidad viral del continente es mucho mayor de lo que imaginábamos. Allí conviven virus que probablemente han acompañado a sus hospederos por siglos, junto con agentes emergentes capaces de producir impactos significativos.

Comprender esta realidad no solo es importante para anticipar riesgos y proteger a la fauna, sino también para avanzar en la comprensión fundamental de cómo evolucionan los virus y cuál es su rol en los ecosistemas más extremos del planeta. La Antártica sigue siendo un laboratorio natural excepcional, y su viroma es una de las últimas fronteras que nos queda por explorar.

Figura 1. Pingüino adelia especie en la cual más virus se han descrito a la fecha

Figura 2. Skua spp. o Skua parda, la especie más afectada por H5N1 HPAIV en la Antártica a la fecha.

Mayor información

1. Smeele, Z. E., Ainley, D. G. & Varsani, A. Viruses associated with Antarctic wildlife: From serology based detection to identification of genomes using high throughput sequencing. Virus Research 243, 91–105 (2018).

2. Neira, V. et al. Genetic Characterization of Highly Pathogenic Avian Influenza subtype H5N1 clade 2.3.4.4b, Antarctica 2024. Emerging Infectious DiseasesAccepted,.

3. Muñoz, G. et al. Lack of Highly Pathogenic Avian Influenza H5N1 in the South Shetland Islands in Antarctica, Early 2023. Animals 14, 1008 (2024).

4. Bennett-Laso, B. et al. Confirmation of highly pathogenic avian influenza H5N1 in skuas, Antarctica 2024. Front. Vet. Sci. 11, (2024).

5. Pardo-Roa, C. et al. Cross-species and mammal-to-mammal transmission of clade 2.3.4.4b highly pathogenic avian influenza A/H5N1 with PB2 adaptations. Nature Communications 16, 2232 (2025).

6. Arce, R. et al. Noninvasive Surveillance and Evolutionary Insight into Siadenovirus among Antarctic Penguins. Transboundary and Emerging Diseases 2023, 9743267 (2023).

7. Wille, M. et al. Antarctic penguins as reservoirs of diversity for avian avulaviruses. Journal of virology JVI.00271-19 (2019) doi:10.1128/JVI.00271-19.

8. Wille, M. et al. Sustained RNA virome diversity in Antarctic penguins and their ticks. ISME J 14, 1768–1782 (2020).

9. Gomes, F. et al. Long-term maintenance of a Deltacoronavirus infecting multiple bird species in Antarctica. Microbiology Spectrum 13, e02688-24 (2025).

10. Neira, V. et al. Novel Avulaviruses in Penguins, Antarctica. Emerg. Infect. Dis. 23, 1212–1214 (2017).

11. Olivares, F. et al. Novel penguin Avian avulaviruses 17, 18 and 19 are widely distributed in the Antarctic Peninsula. Transboundary and Emerging Diseases 66, 2227–2232 (2019).

12. Ariyama, N. et al. Avian orthoavulavirus 1 (Newcastle Disease virus) antibodies in five penguin species, Antarctic peninsula and Southern Patagonia. Transboundary and Emerging Diseases 68, 3096–3102 (2021).

Estos estudios forman parte del proyecto Anillo Antártico ATE250053 “ARCAP, Antarctic Research on Contaminants and Pathogens” y del Fondecyt Regular 1261095 “Distribución, impacto y evolución de la IAAP H5N1 en poblaciones de fauna silvestre antártica”.

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