IEB Chile
Foto principal: Paula Díaz Levy
-El análisis de la dieta de tres especies de búhos, permitió mostrar cómo las variaciones en lluvias y temperatura al interior del Parque Nacional Bosque Fray Jorge, han modificado la relación entre depredadores y presas.
-La investigación fue desarrollada por científicas y científicos de la U. de La Serena y del Instituto de Ecología y Biodiversidad, entre otras instituciones, y se publicó en la revista científica Ecography.
Un estudio realizado en el Parque Nacional Bosque Fray Jorge revela que las variaciones climáticas, en las lluvias y la temperatura, no solo afectan la disponibilidad de alimento para muchas especies, sino también la forma en que interactúan depredadores y presas. Los resultados, publicados en la revista Ecography, revelan que estas relaciones cambian a lo largo del tiempo y ofrecen nuevas pistas sobre cómo responden los ecosistemas semiáridos frente al cambio climático.
¿Qué ocurre cuando la lluvia escasea y los recursos disminuyen? Esa fue la pregunta que motivó a un equipo de investigadores a analizar durante 24 años la dieta de la lechuza, el pequén y el tucúquere, tres especies de búhos que habitan este ecosistema de la Región de Coquimbo y uno los principales sitios de investigación ecológica de largo plazo de Chile, perteneciente a la Red LTSER Chile.
La respuesta quedó registrada en un particular archivo biológico: 16.932 egagrópilas o masas de restos no digeridos que los búhos regurgitan después de alimentarse, y en las cuales pueden encontrarse huesos, pelos, plumas y otras estructuras de sus presas. Gracias a este seguimiento, los y las investigadoras reconstruyeron cómo fueron cambiando las relaciones entre depredadores y presas entre 1990 y 2015, revelando que la variabilidad climática no solo modifica la disponibilidad de alimento, sino también la estructura de las redes alimentarias o tróficas.

El trabajo estuvo liderado por Jazmin Quiroz, investigadora postdoctoral de la Universidad de La Serena y del Instituto de Ecología y Biodiversidad, y contó con la participación de Alejandra Troncoso (U. Serena e IEB), Angéline Bertin (U. Serena e IEB), Adriana Lozada (U. Serena), Douglas A. Kelt (University of California), entre otros investigadores de Chile y el extranjero.
En este grupo también se destaca a los científicos Peter Meserve (University of Idaho, Moscow), y Julio Gutiérrez (IEB), quienes fallecieron en 2026 y 2024 respectivamente, dejando una importante huella en la comunidad científica y en los estudios de largo plazo en este ecosistema.
Principales resultados
El estudio se centró en tres de las cuatro especies de búhos descritos en esta Reserva de la Biósfera: La lechuza (Tyto furcata), que se alimenta principalmente de pequeños mamíferos, el pequén (Athene cunicularia), un depredador generalista que consume tanto artrópodos como pequeños vertebrados, y el tucúquere (Bubo virginianus), depredador mayor con una dieta amplia dominada por mamíferos y también una variedad de vertebrados.
En ese contexto, las y los investigadores descubrieron que, durante los períodos de baja precipitación, cuando la disponibilidad de recursos alimenticios disminuía, las distintas especies de búhos tendían a especializarse en presas diferentes, reduciendo así la competencia entre ellas.
Sin embargo, a partir de 2003 detectaron un cambio de mayor escala. Los búhos, además de mantener esa especialización, comenzaron a incorporar nuevas especies de presas, aumentando la diversidad de la red alimentaria. La temperatura surgió como el principal factor asociado a estos cambios de largo plazo.
«Observamos que las relaciones entre los búhos y sus presas responden a la variabilidad climática en distintas escalas temporales. A medida que cambia la disponibilidad de alimento, las especies ajustan sus dietas. Esto significa que en algunos períodos comparten más presas y en otros se especializan en recursos distintos», señala Alejandra Troncoso, coautora del estudio.

Para Angéline Bertin, los hallazgos sugieren que las condiciones ambientales cambiantes están reconfigurando las interacciones entre depredadores y presas. “A medida que el cambio climático se intensifica, la fragilidad de estas redes ecológicas podría hacerse más evidente. Comprender cómo el clima y la disponibilidad de recursos moldean estas dinámicas será fundamental para predecir la resiliencia de los ecosistemas», explica
Un ecosistema que cambia con el clima
El Parque Nacional Bosque Fray Jorge constituye un laboratorio natural para estudiar estos procesos. Su ubicación, en la zona semiárida del norte chico de Chile, hace que las precipitaciones varíen considerablemente entre años debido a fenómenos como El Niño y La Niña. En las últimas décadas, además, el ecosistema ha experimentado una disminución sostenida de las precipitaciones asociada a la megasequía que afecta al centro del país.
Para las investigadoras, el principal aporte del estudio no radica únicamente en demostrar que los búhos modifican su alimentación, sino en evidenciar que el clima puede reorganizar las relaciones entre especies dentro de un ecosistema completo.
«Los búhos están demostrando de qué manera se ajustan a un ecosistema con recursos altamente variables. Al mismo tiempo, estos resultados muestran que incluso un sistema altamente protegido como Bosque Fray Jorge depende de la disponibilidad de recursos para mantener el funcionamiento de sus redes ecológicas y nos invita a preguntarnos qué ocurre en paisajes con mayor intervención humana y menor cobertura vegetal”, destaca Alejandra Troncoso.

Más allá de los resultados, este trabajo también plantea la importancia de mantener investigaciones ecológicas de largo plazo para comprender los efectos del cambio climático y otras presiones humanas, y anticipar cómo responderán los ecosistemas en las próximas décadas. Finalmente, el estudio también pone en valor el legado de ecólogos como Peter Meserve y Julio Gutiérrez, quienes impulsaron este tipo de investigaciones al interior de este valioso ecosistema.
