El XIX Foro de la Economía del Agua cierra su edición con 4.800 asistentes, 80 expositores, 76 speakers, 10 talleres, 20 charlas y 250 reuniones de negocio, consolidándose como uno de los principales espacios iberoamericanos de diálogo sobre la gestión sostenible del agua.
El XIX Foro de la Economía del Agua concluyó hoy en Santiago de Chile consolidando la gobernanza colaborativa y las soluciones adaptadas a cada territorio como pilares para garantizar la seguridad hídrica frente a los efectos del cambio climático. El encuentro reunió a 4.800 asistentes, con 80 expositores, 76 speakers, 10 talleres, 20 charlas y 250 reuniones en la ronda de conexiones, confirmándose como uno de los principales espacios iberoamericanos de diálogo entre administraciones, empresas, organizaciones internacionales, comunidad científica y sociedad civil para afrontar los grandes retos de la gestión sostenible del agua.
La jornada de clausura estuvo marcada por un llamamiento a reforzar la cooperación entre territorios, impulsar soluciones adaptadas a cada cuenca y acelerar la puesta en marcha de proyectos capaces de garantizar la disponibilidad de recursos hídricos para todos los usos, desde el abastecimiento urbano hasta la agricultura, la industria y la conservación de los ecosistemas.
En la conferencia “Camino al Segundo Encuentro Sudamericano de la Cordillera de los Andes 2026”, la gobernadora del departamento colombiano del Tolima, Adriana Magali Matiz, defendió la necesidad de impulsar una alianza permanente entre los territorios andinos para proteger la cordillera como la gran infraestructura natural que garantiza la seguridad hídrica de millones de personas. Durante su intervención recordó que la Cordillera de los Andes constituye un “sistema vivo, profundamente interrelacionado”, cuyos ecosistemas sostienen la disponibilidad de agua, la producción agrícola y el desarrollo económico de la región, por lo que reclamó una gobernanza basada en la cooperación entre administraciones, comunidades, sector privado y comunidad científica.
Matiz explicó que la estrategia impulsada desde el Tolima se sustenta en tres grandes pilares: la protección y restauración de los ecosistemas de alta montaña y de los glaciares como garantía para las futuras generaciones; la creación del Fondo de Agua Siembra Azul como plataforma de colaboración entre administraciones, empresas, academia y sociedad civil; y la integración de la conservación ambiental con el desarrollo económico, apoyando la agricultura, el turismo responsable y las oportunidades para las comunidades rurales.
La conversación contó también con la participación del gobernador de la Región Metropolitana de Santiago, Claudio Orrego, quien confirmó que la capital chilena acogerá la segunda edición de este encuentro en 2026.
Fondos de Agua: gobernanza colaborativa y cooperación para construir resiliencia
El primer panel de la jornada reunió a representantes de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua procedentes de Uruguay, Perú, Colombia y Chile, que compartieron experiencias de colaboración público-privada para proteger las cuencas y reforzar la seguridad hídrica de las principales ciudades de la región.
Mauro de la Vega, director de la Alianza Uruguaya por el Agua, puso en valor el trabajo conjunto de los 19 Fondos de Agua activos en once países latinoamericanos como un modelo capaz de escalar proyectos de restauración, reducir riesgos frente a sequías e inundaciones y generar mecanismos de gobernanza que permitan coordinar a administraciones, empresas, organizaciones sociales y comunidades. Asimismo, destacó la importancia de la educación ambiental, la monitorización de las cuencas y las soluciones basadas en la naturaleza como herramientas para fortalecer la resiliencia hídrica.
Por su parte, Andrea Yáñez, directora ejecutiva del Fondo Agua Bogotá, defendió los Fondos de Agua como plataformas capaces de transformar el conocimiento del territorio en actuaciones concretas, haciendo un llamamiento a empresas y grandes usuarios del recurso a implicarse de forma preventiva y no únicamente cuando la escasez o el riesgo hídrico afectan a su actividad. A su juicio, la gobernanza colaborativa debe traducirse en responsabilidad compartida y en soluciones implementadas sobre el terreno.
Finalmente, Paloma Maturana, directora de Relaciones Internacionales de Aquafondo, explicó cómo Perú ya trabaja para anticipar el impacto del fenómeno de El Niño sobre la disponibilidad de recursos hídricos en Lima, una de las grandes capitales asentadas en un entorno desértico. Maturana destacó el papel de las comunidades como principales guardianas del agua y puso en valor la creciente implicación del sector privado para impulsar actuaciones capaces de reducir el impacto del cambio climático sobre las cuencas.
En conjunto, los representantes de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua coincidieron en defender la gobernanza colaborativa, la implicación de las comunidades y la cooperación público-privada como herramientas para fortalecer la seguridad hídrica en la región. Pusieron de relieve que, aunque los desafíos derivados del cambio climático son compartidos, las soluciones no pueden ser universales, sino que deben diseñarse desde cada territorio y cada cuenca, adaptándose a las realidades locales para lograr un impacto efectivo y duradero.
Agricultura resiliente: producir más con menos agua
El cuarto panel del Foro abordó el binomio agua-alimentos y el desafío de incrementar la producción agrícola utilizando menos recursos hídricos. Los expertos coincidieron en que garantizar la seguridad alimentaria exigirá combinar innovación, infraestructuras, digitalización y una gestión más eficiente del agua para adaptarse a un escenario de creciente estrés climático.
El presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, defendió que la seguridad hídrica debe garantizar tanto el abastecimiento para el consumo humano como el desarrollo de la actividad agraria, recordando que “el agua mata la sed, pero también mata el hambre”. En un país que cuenta con cerca de 900.000 hectáreas de regadío, apostó por una agricultura cada vez más profesional y eficiente mediante la monitorización de acuíferos, la recarga artificial con aguas regeneradas y desaladas, la construcción de nuevas infraestructuras de regulación —con un plan para impulsar 26 nuevos embalses— y la modernización del regadío inteligente. Walker defendió además que aprovechando una parte del agua que actualmente desemboca en el mar sería posible ampliar significativamente la superficie de regadío y reforzar la capacidad productiva del país.
Andrea Ramos, vicepresidenta de Water & Climate Partnerships de Kilimo, puso el foco en la agricultura de precisión y en la necesidad de generar incentivos para que los agricultores incorporen tecnologías capaces de optimizar el uso del agua. Como ejemplo, destacó la situación de la cuenca del Maipo, la más estresada de Chile y responsable de una parte muy relevante de la actividad económica del país, defendiendo la implantación de mecanismos de pago por servicios ecosistémicos para acelerar la transición hacia una gestión más sostenible.
Por su parte, el profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cedric Little, introdujo el concepto de productividad hídrica como eje del futuro del sector agrícola, defendiendo que el desarrollo debe desvincularse del incremento del consumo de agua. Para ello apostó por la automatización del riego, la agricultura de precisión, el uso de sensores, la reutilización de aguas regeneradas, la economía circular y la adaptación de los cultivos al estrés hídrico como herramientas para producir más alimentos utilizando una fracción significativamente menor de agua.
Los participantes coincidieron en que garantizar la seguridad alimentaria pasa por incrementar la productividad hídrica, combinando nuevas infraestructuras, innovación tecnológica, digitalización y políticas públicas que incentiven una gestión más eficiente del agua. En un contexto de creciente presión sobre los recursos hídricos, defendieron que el futuro de la agricultura dependerá de la capacidad de producir más alimentos con menos agua, adaptando tanto las tecnologías como los modelos de gestión a la nueva realidad climática.
El XIX Foro de la Economía del Agua cerró así dos jornadas de debate en las que administraciones públicas, empresas, expertos y organizaciones internacionales coincidieron en que la seguridad hídrica constituye uno de los grandes desafíos estratégicos del presente. Frente a un escenario marcado por el cambio climático, el consenso alcanzado apunta a reforzar la cooperación entre todos los actores, impulsar una gobernanza compartida y desarrollar soluciones adaptadas a las características de cada territorio y cada cuenca como única vía para garantizar un uso sostenible del agua en beneficio de las personas, la economía y los ecosistemas.
