IEB Chile
¿Cómo puede la ciencia trabajar junto a las comunidades para responder a la crisis de biodiversidad? ¿Qué conocimientos, metodologías y principios éticos son necesarios para construir soluciones desde los territorios? ¿Y cómo convertir la cooperación entre países latinoamericanos en un motor de transformación socioecológica con impacto global?
Estas fueron las preguntas que reunieron al Instituto de Ecología y Biodiversidad -IEB- de Chile, y al Instituto Humboldt de Colombia, dos de las principales instituciones científicas de América Latina dedicadas a la investigación sobre biodiversidad y sostenibilidad. En un momento en que la comunidad internacional busca nuevas respuestas frente a las crisis climática y ecológica, ambas instituciones impulsan una alianza que posiciona a la cooperación Sur-Sur como un espacio estratégico para coproducir conocimiento, fortalecer capacidades y desarrollar soluciones innovadoras desde los territorios. A partir de sus experiencias de trabajo con comunidades, pueblos indígenas, gobiernos locales y organizaciones sociales, esta colaboración busca construir un modelo latinoamericano de investigación socioecológica que integre ciencia, saberes locales y acción colectiva para enfrentar los desafíos ambientales del siglo XXI.
Durante la última semana de julio, 17 personas, entre ellas integrantes del IEB, vinculados al Programa de Integración de Investigaciones Socioecológica de Largo Plazo, otras del Instituto Humboldt de Colombia, particularmente de su Centro de Apropiación Social y del Centro de Estudios SocioEcológicos y Cambio Global, más actores locales territoriales, participaron de jornadas de trabajo en la Estación Biológica Senda Darwin, ubicada en Chiloé, al sur de Chile. El encuentro tuvo como propósito avanzar en el diseño de un modelo de colaboración en investigación socioecológica entre Chile y Colombia, orientado a fortalecer la cooperación científica regional y facilitar su implementación en distintos territorios latinoamericanos mediante procesos de coproducción de conocimiento, intercambio de experiencias y trabajo conjunto con actores locales.
Durante tres días, investigadores, comunidades y actores territoriales dialogaron y reflexionaron a partir de una matriz de intercambio diseñada para orientar la discusión entre ambos institutos mediante preguntas estratégicas sobre los conocimientos y metodologías a compartir, las modalidades de colaboración, los resultados esperados y los aprendizajes mutuos. Este proceso otorgó un especial énfasis en temáticas como la restauración socioecológica, la investigación inter y transdisciplinaria, la integración de saberes locales e indígenas, la gobernanza territorial, la coproducción de conocimiento, el patrimonio biocultural y la construcción de una agenda de cooperación Sur-Sur, orientada a generar soluciones compartidas frente a los desafíos socioambientales que enfrentan hoy Chile y Colombia.
A través de presentaciones, conversatorios, una visita a la experiencia territorial de la comunidad de Catruman y su modelo de gestión sostenible de cuencas hidrográficas, así como de talleres participativos, los participantes identificaron principios compartidos, enfoques metodológicos y desafíos para fortalecer la investigación socioecológica colaborativa. Este trabajo permitió avanzar desde el intercambio de experiencias hacia la definición de lineamientos y acuerdos para impulsar iniciativas piloto de investigación conjunta y consolidar un modelo de colaboración entre ambos países.
El encuentro se enmarca en el Convenio Marco de Colaboración entre el IEB y el Instituto Humboldt firmado en octubre de 2025, cuyo propósito es fortalecer la investigación, la conservación y la gestión del conocimiento sobre la biodiversidad en América Latina. Cabe señalar que desde el IEB participaron tres investigadores, Mónica Ortíz y Cristóbal Pizarro desde la Universidad de Concepción, y Milen Duarte desde la Universidad Austral.
Compromisos adquiridos

Como resultado del encuentro, las instituciones participantes y las organizaciones territoriales acordaron consolidar una alianza basada en los principios de diversidad biocultural, reciprocidad con la naturaleza y el reconocimiento de los territorios como espacios vivos de aprendizaje y colaboración. En este marco, se comprometieron a fortalecer y sistematizar las experiencias de trabajo conjunto entre la ciencia, las comunidades y los gobiernos locales; crear la comunidad de práctica Minga Biocultural para promover el intercambio de metodologías, la formación de capacidades y la formulación de proyectos colaborativos; desarrollar una ruta de incidencia que contribuya a incorporar estas experiencias en instrumentos de planificación y políticas públicas; impulsar, a largo plazo, una escuela latinoamericana de intercambio sobre diversidad biocultural y restauración socioecológica; y un Manifiesto de Chiloé, como expresión del compromiso ético y estratégico con la investigación colaborativa y el fortalecimiento de los vínculos entre las personas y la naturaleza.
IEB posiciona la innovación social como eje de transferencia
Las jornadas de trabajo fueron organizadas por el programa integrativo del IEB “Investigaciones socioecológicas de largo plazo”. En este contexto, el gerente del IEB, Fernando Valenzuela, destacó el valor de reunir a investigadores, profesionales del Instituto Humboldt y representantes de los territorios donde trabaja el IEB para fortalecer una mirada compartida sobre la investigación socioecológica. “Todas las miradas que se reunieron nos han ayudado a comprender la importancia de consolidar el trabajo que se ha venido realizando en las estaciones biológicas a través del Programa de Integración de Investigación Socioecológica de Largo Plazo. En ambas estaciones existen actividades y procesos de investigación muy relevantes, con más de 20 e incluso 30 años de trayectoria, generando información y datos sobre distintos ecosistemas y sus dinámicas. Sin embargo, tenemos que avanzar mucho más en la incorporación de la dimensión social y en cómo las personas que interactúan con estos territorios pueden, por una parte, apropiarse del conocimiento científico y, al mismo tiempo, transmitir y compartir con los científicos que realizan estos monitoreos el conocimiento local y tradicional”, destacó.

Paula Gatica, coordinadora del Programa Integrativo de Investigaciones Socioecológicas de Largo Plazo y organizadora del evento argumentó que este encuentro demuestra el valor del trabajo colaborativo entre instituciones. “Compartir experiencias, aprendizajes y desafíos permite adaptar y fortalecer buenas prácticas, potenciando el enfoque socioecológico de las investigaciones de largo plazo. A su vez, estos conocimientos pueden ser transferidos e implementados en los distintos sitios que integran la Red Chilena de Investigación Socioecológica a Largo Plazo (LTSER-Chile), fortaleciendo la red y promoviendo una investigación cada vez más conectada con las necesidades de los territorios”. Además, destaca que uno de los principales aprendizajes que rescatan de los colegas colombianos, es su experiencia en la apropiación social del conocimiento y construcción de procesos participativos con actores del territorio, “los mapeos realizados en Fray Jorge y Senda Darwin nos permitieron identificar esos actores claves y comprender sus intereses y necesidades. La experiencia colombiana puede ayudarnos a avanzar desde ese diagnóstico hacia acciones concretas y colaboraciones más permanentes fortaleciendo la gobernanza territorial e integrando el conocimiento científico con los saberes locales”.
Complementando ese punto, Valenzuela destacó que uno de los objetivos del IEB es consolidar los esfuerzos y enfoques socioecológicos pero también incorporar esos criterios para construir ciencia desde una perspectiva socioecológica, “esto nos permitirá mejorar el impacto que la ciencia puede tener, no solo en políticas públicas, sino también en los sectores productivos y en los territorios donde se toman las decisiones”. En este mismo sentido, Marcela Verdugo, directora de la Unidad de Desarrollo y Transferencia Tecnológica y de Conocimientos -UDTT- del IEB enfatiza que este encuentro invita a avanzar hacia modelos más colaborativos, donde la ciencia no solo llega a los territorios, sino que dialoga con los saberes, experiencias y capacidades de quienes los habitan. “La coproducción de conocimiento abre oportunidades para impulsar procesos de innovación social, generar soluciones pertinentes a cada contexto y fortalecer capacidades que permanezcan en los territorios. El desafío ahora es dar continuidad a estas alianzas y lograr que los aprendizajes construidos conjuntamente se traduzcan en acciones e impactos concretos”, destacó.
Reflexionar juntos para potenciar el alcance socioecológico

Desde el Instituto Humboldt, Marcela Lozano, gerente del Centro de Apropiación Social, destaca el ejercicio de colaboración y reflexión colectiva, “para nosotros ha sido muy inspirador poder intercambiar las experiencias que vivimos como institutos, porque muchas veces reflexionamos poco sobre estas dinámicas que nos permiten fortalecer nuestros procesos, especialmente aquellos que buscan articular los procesos sociales con la investigación científica y biológica que desarrollan nuestras instituciones”. Sobre los desafíos de la investigación inter y transdisciplinaria, que implica participación activa de comunidades y diálogo entre distintos sistemas de conocimiento, afirma que es importante “reconocer otras formas de ver el mundo y de comprender la biodiversidad, y entender que esos saberes locales también enriquecen el conocimiento científico que se produce en los territorios”.
La especialista, señala que actuamos como un espejo reflejando las realidades de ambos países, y ante ello es necesario afrontar las situaciones de manera ética y responsable promoviendo la equidad. Este espacio no solo nos permite compartir las tensiones que surgen entre distintas disciplinas, sino también construir juntos nuevas ideas, propuestas y sueños. “Ha sido muy valioso descubrir que, desde contextos distintos, compartimos preocupaciones y apuestas comunes en torno a la gobernanza, los conflictos socioambientales y la restauración socioecológica participativa. Aunque nuestras trayectorias institucionales son distintas, nos moviliza el bienestar de las personas y construir caminos hacia la sostenibilidad”, afirmó.
Por otro lado, Omar Ruiz Nieto, investigador del Instituto Humboldt y líder de la línea de Gobernanza y Transformación de Conflictos del Centro de Apropiación Social, destacó la oportunidad de conocer la experiencia de gestión de agua de la localidad de Catrumán y de su ejemplo de gobernanza impulsado por las comunidades y apoyo del IEB, pues tuvieron una guía de elementos claves para interactuar, compartir e intercambiar conocimientos. “Destaco el diálogo constructivo que venimos desarrollando para pensar y conceptualizar la restauración socioecológica, es decir, comprender cómo los aspectos sociales se incorporan dentro de los procesos de restauración. Esa mirada integrada entre lo social y lo ecológico nos permite abrir nuevas perspectivas de análisis y de trabajo, incluso junto a las comunidades”, afirmó. Asimismo, señala que cada proceso de investigación que se desarrolla en los sitios de estudio de largo plazo del IEB -Fray Jorge y Senda Darwin- les permite repensar sus propios procesos de monitoreo de biodiversidad y cómo podrían avanzar hacia una propuesta de monitoreo de largo plazo con un componente social relevante. “Creo que ahí existen importantes oportunidades de aprendizaje y de construcción conjunta que podríamos desarrollar”, manifestó.

La reciente investigadora del IEB y académica de la U. de Concepción, Mónica Ortiz, quien facilitó la conversación y la matriz de trabajo entre ambos institutos, destacó el proceso de investigación-acción y la sinergia entre ambos países, “tuvimos la oportunidad de intercambiar experiencias desde el reconocimiento de que los ecosistemas están profundamente acoplados a los sistemas sociales, que las comunidades son parte de la naturaleza y que ese vínculo debe reflejarse también en la gobernanza, en el manejo de los conflictos socioambientales y en la manera en que hacemos investigación”. Bajo su mirada, rescata la inspiración de estar en Chiloé y la noción de minga donde todas y todos aportan para construir algo en común, “tenemos la oportunidad de compartir, co-crear y construir un camino conjunto, esto es muy importante en el contexto de la cooperación regional y desde la perspectiva de que somos parte del Sur Global, en la frontera de la ciencia”, enfatizó. Asimismo, valora la colaboración a corto, mediano y largo plazo con raíces profundas en las comunidades.
El desafío es pensar cómo este modelo de colaboración puede convertirse también en un modelo de restauración socioecológica, de vinculación con los territorios y, eventualmente, de incidencia en las políticas públicas, tanto a nivel local como internacional. “Me entusiasma mucho todo lo que hemos proyectado a partir de este encuentro, nuevas reuniones, actividades conjuntas, la posibilidad de publicar un libro y de participar en espacios internacionales sobre biodiversidad, reconociendo además el liderazgo del Instituto Humboldt en estos procesos”, afirmó.
Voces comprometidas y líderes de Chiloé y Monkul

Más que un intercambio académico, este encuentro evidencia que en América Latina se están gestando nuevas formas de cooperación Sur-Sur para enfrentar de manera conjunta la crisis socioambiental global. En un contexto marcado por profundas fragmentaciones -entre naturaleza y cultura, ciencias naturales y ciencias sociales, y entre distintos sistemas de conocimiento-, la experiencia desarrollada en Chiloé demuestra que es posible construir puentes entre la investigación científica, los saberes locales y la acción territorial. Estas alianzas no solo fortalecen la generación de conocimiento, sino que también abren oportunidades para impulsar transiciones socioecológicas orientadas a la paz, la sostenibilidad y la conservación de la biodiversidad.
Entre los sitios donde el IEB ha colaborado y establecido vínculos con comunidades territoriales por la conservación biocultural, se encuentran la comuna de Ancud, cercana a la Estación Biológica Senda Darwin, y Monkul, a la costa de la Región de la Araucanía; en ambos sitios, se ha trabajado por el bienestar de las comunidades desde lo socioecológico.
Juan Corrales, desde la Municipalidad de Ancud, reflexionó sobre la inclusión de los actores locales en el diseño de las políticas de investigación y en la definición de los objetivos de estos centros, tanto a corto como a mediano y largo plazo, pues le da mucho sentido al quehacer científico. “Hoy estamos viviendo un momento crítico de la historia humana, en el que es fundamental preguntarnos para qué investigamos, por qué lo hacemos, hacia dónde queremos avanzar y cuál es el sentido de nuestras acciones. Y esas respuestas solo pueden construirse uniendo a la academia con las instituciones y con los actores locales que viven esta realidad día a día, una realidad dinámica, cambiante y en permanente tensión” destacó. Así mismo expuso que es interesante ver cómo investigadoras e investigadores han podido reconocer el valor de su propio trabajo y la experiencia fraterna de encuentro, aprendizaje y creación, “existe una autoestima que no solo pertenece a los territorios, sino también a quienes producen conocimiento, y eso es algo que debemos valorar. Es importante reconocer a las personas que protagonizan estas historias, con sus fortalezas, inquietudes y desafíos. Socializar esas experiencias, compartirlas y acompañarlas es fundamental, porque enfrentar las múltiples crisis que vivimos requiere un esfuerzo conjunto y alineado”.
Por otro lado, la dirigente de la comunidad lafkenche Mateo Nahuelpán, de la costa de la comuna de Carahue, y de Ekos de Monkul, también fue partícipe de este encuentro y conoció las dinámicas que se desarrollan en ambos países en torno a la restauración socioambiental. “Creo que ambos equipos han venido construyendo muchas fortalezas, lo que entrega un enorme potencial para proyectar un trabajo conjunto. Me parece muy importante relevar la participación de las comunidades locales, de los distintos actores y, por sobre todo, del mundo indígena presente en los territorios de ambos países. Sus miradas y su forma de percibir el mundo pueden contribuir a enriquecer los proyectos de investigación, así como estos también pueden convertirse en un aporte muy valioso para los territorios y para las personas”, afirmó.
Para finalizar, esta colaboración institucional adquiere una relevancia estratégica considerando que el Instituto Humboldt fue designado como Centro Subregional para América Latina y el Caribe de la Convención sobre la Diversidad Biológica -CDB- para apoyar la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (KMGBF). En conjunto con el IEB -el cual el cual cuenta con el financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID-, ambas instituciones han consolidado una agenda de cooperación orientada a promover la generación y aplicación de conocimiento científico, el intercambio de experiencias y el fortalecimiento de capacidades para responder a los desafíos de conservación de la biodiversidad en la región. Con una amplia trayectoria científica y una activa participación en procesos internacionales de asesoría, ambos institutos contribuyen a las evaluaciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático -IPCC-, de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas -IPBES- y a las Conferencias de las Partes -COP- de las principales convenciones ambientales. Por lo tanto, esta alianza refleja cómo la cooperación científica entre países del Sur Global puede transformarse en un motor de innovación, incidencia y acción colectiva, proyectando desde América Latina soluciones colaborativas para los desafíos globales de la biodiversidad y el cambio climático.
