Pese a que el agua, el saneamiento y la higiene son servicios básicos para la seguridad de los trabajadores y los pacientes de centros médicos muchos no cuentan con ellos. Esta situación ya se producía antes de la pandemia de COVID-19, pero este año ha puesto las disparidades al descubierto haciéndolas imposibles de ignorar.
Unos 1800 millones de personas tienen más posibilidades de contraer la COVID-19 u otras enfermedades ya que trabajan o son usuarios de centros de atención sanitaria que carecen de servicios básicos. Una de cada cuatro instalaciones de atención de salud no tiene servicios de agua, advirtieron este lunes las agencias de la ONU dedicadas a la salud y a la infancia.
La mejor descripción para hacerse una idea sobre la magnitud de esta situación la explicó el director general de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, cuando manifestó que “”trabajar en un centro de atención de salud sin agua, saneamiento e higienees como enviar a enfermeras y médicos a trabajar sin equipo de protección personal“.
Tedros destacó que esas tres condiciones sanitarias son “fundamentales para detener la COVID-19, pero que todavía quedan “importantes carencias” por superar, principalmente en los países menos adelantados.
El lanzamiento del informe coincide en un momento en que la COVID-19 pone de manifiesto las principales carencias de los sistemas de salud, incluida la prevención y el control inadecuados de las infecciones.
Pese a que el agua, el saneamiento y la higiene son elementos básicos para la seguridad de los trabajadores y los pacientes de centros médicos su prestación no es una prioridad a nivel global.
De este modo, una de cada cuatro instalaciones de atención de la salud no tiene servicios de agua, en una de cada tres no se pueden lavar las manos cuando prestan atención sanitaria, en una de cada diez carece servicios de saneamiento y una de cada tres no recicla los desechos de manera segura.
Una situación que, como indica la directora ejecutiva de UNICEF Henrietta Fore, pone en riesgo la vida de los trabajadores sanitarios y a las personas que precisan atención médica.
“Esta situación ya se producía antes de la pandemia de COVID-19, pero este año ha evidenciado las disparidades haciéndolas imposibles de ignorar. A medida que volvemos a imaginar y moldeamos un mundo post-COVID, podemos y debemos asegurarnos de enviar a los niños, niñas y madres a lugares de atención equipados con servicios adecuados de agua, saneamiento e higiene. Es un requisito primordial”, afirmó categóricamente.
Los países más afectados son los menos adelantados
Pero estas carencias todavía se agravan más cuando hablamos de los 47 países menos adelantados del mundo. En estas naciones la mitad de los centros de atención sanitaria no tiene servicio de agua potable, uno de cada cuatro carece de instalaciones para el lavado de manos y tres de cada cinco precisan servicios básicos de saneamiento.
Según las estimaciones preliminares del estudio, arreglar este problema costaría aproximadamente 1 dólar per cápita. De media, se necesitan 0,20 dólares per cápita cada año para operar y mantener los servicios.
Recomendaciones principales
El estudio propone cuatro recomendaciones fundamentales:
Implementar planes de trabajo nacionales con costes cuantificados y una financiación adecuada
Supervisar y examinar periódicamente los progresos en la mejora de los servicios, las prácticas y el entorno propicio en materia de abastecimiento de agua y saneamiento
Ampliar las competencias del personal sanitario en respaldo a los servicios de agua, saneamiento e higiene y promover y practicar una buena higiene
Integrar los servicios agua, saneamiento e higiene en la planificación, el presupuesto y la programación del sector de la salud, incluidas las actividades de respuesta y recuperación a la COVID-19 a fin de ofrecer servicios de calidad
La agencia para la infancia urge a equilibrar el gasto público asignando una mayor partida a los apoyos directos para los niños toda vez que los estímulos fiscales les destinaron apenas el 2% de los estímulos desembolsados para afrontar la crisis durante la primera ola de la pandemia.
Un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) advierte que los niveles de pobreza infantil se mantendrán por encima de los observados antes de la pandemia del coronavirus durante al menos cinco años en los países de renta alta.
El nuevo informe, divulgado este viernes, insta a los gobiernos a otorgar más recursos de su gasto público a los apoyos directos a la niñez y destaca que los paquetes de emergencia aprobados con motivo de la crisis económica generada por el COVID-19 asignaron sólo el 2% a las familias con niños.
Según la directora de la Oficina de Investigación de UNICEF Innocenti, es imperativo que se tengan en cuenta las necesidades de la infancia cuando se diseñen los presupuestos de los países.
“La cantidad de ayuda financiera asignada directamente a los niños y las familias no es proporcional a las graves consecuencias de la pandemia ni al tiempo que se prevé que esta crisis afectará a los países”, dijo Gunilla Olsson.
De febrero a finales de julio de este año, los países de ingresos altos desembolsaron 10,8 billones de dólares en sus respuestas al COVID-19. De ese total, cerca del 90% se gastó en paquetes de estímulo fiscal dirigidos a empresas, señala el informe.Banco Mundial/Jamie MartinLuchar contra la pobreza y la desigualdad es, según la CEPAL, clave para un desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe.
Presupuestos excluyentes
Olsson indicó que si bien esa es una parte esencial de la respuesta a la crisis, el apoyo al sector empresarial excluirá inevitablemente a los niños más marginados y a sus familias, es decir, los más desfavorecidos serán los más afectados por esas decisiones.
“A medida que la segunda ola de COVID-19 avanza, se debe buscar un mejor equilibrio”, dijo.
UNICEF apuntó que un tercio de los países de la OCDE y de la Unión Europea que se tomaron en cuenta para el estudio no implementó ninguna política dirigida específicamente a apoyar a los niños en su respuesta a la primera ola de la pandemia.
Entre los países que invirtieron en protección social para los niños y las familias, lo que incluye cuidado, alimentación escolar y asignaciones familiares, la asistencia se mantuvo sólo un promedio de tres meses. UNICEF afirmó que esta ayuda de corto plazo es inadecuada para abordar la duración que se proyecta para la crisis y los riesgos de pobreza infantil a largo plazo.
“Instamos a los gobiernos a incrementar la protección social para los niños, junto con el apoyo empresarial”, insistió Olsson.
UNICEF detalló que las políticas centradas en las familias deben combinar un apoyo incondicional a los ingresos para las más pobres, asignaciones para alimentos, cuidado de niños y servicios públicos, así como exenciones de alquiler o hipotecas a largo plazo.Para erradicar el hambre hace falta combatir la pobreza. Foto de archivo: FAO
Recomendaciones
El informe incluye una serie de recomendaciones para buscar un equilibrio entre la asistencia que precisan los sectores productivos y las familias con niños durante la segunda ola de COVID-19:
Permitir aumentos en el gasto en protección social basados en la evidencia de las medidas eficaces para proteger a los niños durante las crisis.
Relajar los criterios de otorgamiento de ayudas, independientemente de las condiciones del empleo, las contribuciones sociales y la condición migratoria para permitir que todas las familias vulnerables con niños tengan acceso a los beneficios.
Diversificar las respuestas de protección social para cubrir las distintas necesidades de los niños y sus familias durante la pandemia, lo que abarca el apoyo a los ingresos, la alimentación escolar, el cuidado infantil, la atención médica y las exenciones de servicios públicos y alquiler o hipoteca.
Garantizar que los planes de recuperación de la crisis del COVID-19 integren políticas diseñadas específicamente para proteger a los niños de la pobreza y mejorar el bienestar de toda la infancia.
Incluir en los apoyos a las empresas cláusulas que promuevan medidas favorables a las familias, por ejemplo, regulando las licencias y las condiciones laborales para los padres.
No aplicar criterios de austeridad a los servicios y beneficios que ya existen para niños y familias, ya que esto da lugar a mayor marginación y vulnerabilidad.
Son las 7.00 en Conakry, la capital de Guinea. La Dra. Haba Eveline llega al Centro de Tratamiento de la COVID-19. Apenas entra, se lava las manos antes de comenzar su turno diario. Esta madre de cinco niños dirige la Unidad de Gestión de Riesgos, que ahora está abierta 24 horas todos los días de la semana.
Ella forma parte de los trabajadores de la primera línea que ayudan a su país a luchar contra la pandemia de COVID-19 (coronavirus). “Como médica, soy una luchadora y estoy orgullosa de aportar mi experiencia a la respuesta contra esta pandemia” (en francés), dijo.
Mucho antes de que surgieran los primeros casos del virus en Guinea, el país había ideado una estrategia de respuesta con el apoyo del Banco Mundial y la comunidad internacional. Por lo tanto, contaba con los conocimientos adquiridos durante la lucha contra la epidemia de ébola de 2014-16.
Sin embargo, para otros países, la COVID-19 generó interrupciones en los sistemas de salud e incertidumbre sobre lo que podía pasar.
Para describir las medidas de precaución recomendadas por los trabajadores de la salud, Qamara, una habitante de una aldea ubicada al oeste de la ciudad de Jalalabad, en Afganistán, dijo: “Nos aconsejaron usar mascarillas y guantes y lavarnos las manos frecuentemente con agua y jabón”.
Los Gobiernos lucharon por contener la propagación del virus y buscaron soluciones de emergencia. El Grupo Banco Mundial respondió inmediatamente.https://www.youtube.com/embed/wWS5yp9TdmQ?enablejsapi=1
Una respuesta de emergencia para salvar vidas
En pocas semanas, preparó una respuesta sanitaria de emergencia contra la COVID-19 a nivel mundial, en estrecha colaboración con equipos de los países, la Organización Mundial de la Salud (OMS [i]), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y otros asociados internacionales.
A partir de la experiencia acumulada sobre crisis de salud de los últimos 20 años, organizó la respuesta más rápida y grande de su historia.
Las primeras operaciones se centraron en el fortalecimiento de los sistemas de salud para hacer frente a los desafíos inmediatos de la COVID-19. En países tan diversos como Afganistán, Haití, India, Mongolia y Tayikistán, el financiamiento del Grupo Banco Mundial ayudó a incorporar más personal médico y garantizar que estos profesionales estuvieran bien entrenados y capacitados para prestar atención de emergencia. En países como Ecuador y la República Kirguisa, ayudó a garantizar que los mensajes de divulgación pública sobre prevención y protección se difundieran rápidamente entre los ciudadanos. En Djibouti y Etiopía, proporcionó más recursos para luchar contra la pandemia a largo plazo, por medio de la generación y el fortalecimiento de la capacidad de los sistemas de salud nacionales.
A través de una combinación de proyectos nuevos, la reestructuración de los proyectos existentes con componentes de emergencia y la utilización de los instrumentos de financiamiento para casos de desastres, la respuesta del Grupo Banco Mundial se orienta a cuatro esferas clave: salvar vidas, proteger a los pobres y vulnerables, garantizar el crecimiento sostenible de las empresas y trabajar para contribuir a una recuperación más resiliente.
Hoy se está avanzando hacia el logro del objetivo de proporcionar hasta USD 160 000 millones en financiamiento en un período de 15 meses para ayudar a abordar los impactos económicos y sanitarios de la pandemia; esto incluye USD 50 000 millones en nuevos recursos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF)para los países más pobres. El apoyo sanitario de emergencia ha llegado hasta ahora a 111 operaciones. El 30 % de ellas protege a 900 millones de personas que viven en países afectados por conflictos, fragilidad y violencia, es decir, donde se encuentran las poblaciones más vulnerables.
Alterar el curso de la pandemia con la administración de vacunas
En marzo de 2020, el Grupo Banco Mundial ya era una de las primeras organizaciones (i) que comenzaban a pensar en un desarrollo rápido de vacunas contra la COVID-19 y su distribución a gran escala; por eso reunió a asociados clave para debatir el acceso justo y equitativo de los países en desarrollo a las vacunas, una vez que estén disponibles.
Proporcionó un paquete de financiamiento de hasta USD 12 000 millones para ayudar a los países de ingreso bajo y mediano a financiar la adquisición y distribución de vacunas, pruebas y tratamientos relativos a la COVID-19.
En todo el mundo, puso de relieve la urgente necesidad de reforzar los sistemas de salud, que mostraron una insuficiencia de personal sanitario competente, una capacidad de almacenamiento y transporte de vacunas limitada que no alcanza para almacenar y garantizar la cadena de frío en zonas remotas y, en algunos países, una cantidad inadecuada de centros de salud equipados para la vacunación.
En colaboración con el sector privado, la Corporación Financiera Internacional (IFC), la entidad del Grupo Banco Mundial dedicada al sector privado, puso en marcha la Plataforma Mundial para la Salud (i), a través de la cual se apoyará a las empresas en el suministro de productos y servicios de salud —incluidas las vacunas— a los países en desarrollo.https://www.youtube.com/embed/MHbeaWxLBso?enablejsapi=1
“La comunidad internacional debe responder rápida y decididamente para salvar vidas y proteger la prestación de estos servicios esenciales, como parte de una labor sólida de recuperación de la pandemia”
Muhammad PateDirector mundial del Departamento de Prácticas Mundiales de Salud, Nutrición y Población del Grupo Banco Mundial
Fortalecer los sistemas nacionales de salud
Mucho antes de esta crisis sin precedentes, las consecuencias de los sistemas sanitarios deficientes se podían observar en los resultados de salud de los países. La pandemia puso de manifiesto lo que sucede cuando no se ofrece una atención médica primaria resilientey de alta calidad.
Muchos países se dieron cuenta de que sus hospitales no estaban preparados y estaban mal equipados cuando se desató la pandemia de COVID-19. En las comunidades, las redes de vigilancia, que no contaban con recursos suficientes, no lograron detectar rápidamente la propagación del virus. La escasez de suministros y equipos dejó a los trabajadores sanitarios sin elementos de protección. La fragmentación del sistema obstaculizó el flujo eficiente de pacientes, personal y suministros.https://www.youtube.com/embed/c4K2b9x-_sw?cc_load_policy=1&cc_lang_pref=es&enablejsapi=1
Dada la confluencia de los desafíos y el carácter acelerado de la crisis, el apoyo de emergencia del Banco Mundial se centró en la adquisición de nuevas camas y respiradores para terapia intensiva, el refuerzo de los laboratorios de pruebas y la obtención de otros equipos y materiales médicos para salvar vidas.
En Georgia (i), el Banco ayudó al Ministerio de Salud a comprar 1 185 000 pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) y 1 247 000 kits de pruebas rápidas de COVID-19 para reforzar la capacidad de los laboratorios de salud pública y la respuesta epidemiológica. A fines de septiembre de 2020, se realizaba un promedio diario de 9000 pruebas de PCR y 1700 pruebas rápidas.
En Yemen, se han abierto seis laboratorios centrales de salud pública y se ha capacitado a 930 profesionales sanitarios en manejo de casos de COVID-19.
Al fortalecer los sistemas de salud de los países, las operaciones también están abordando la crisis de salud secundaria provocada por las considerables alteraciones en los servicios esenciales que sirven para salvar vidas, en particular para las mujeres, los adolescentes y los niños.
La COVID-19, que es una crisis dentro de otra crisis, está poniendo en evidencia una desigualdad estructural subyacente que ya ha dejado a muchas personas desplazadas.https://flo.uri.sh/visualisation/4544036/embed?auto=1
Como dijo el Dr. Muhammad Pate, director mundial del Departamento de Prácticas Mundiales de Salud, Nutrición y Población del Banco Mundial, “estas alteraciones confirman nuestras primeras advertencias de que los impactos de salud secundarios causados por la COVID-19 (i) están poniendo en riesgo muchos años de avances difíciles de lograr en materia de salud y nutrición de mujeres y niños. La comunidad internacional debe responder rápida y decididamente para salvar vidas y proteger la prestación de estos servicios esenciales, como parte de una labor sólida de recuperación de la pandemia”.
El Mecanismo Mundial de Financiamiento para respaldar la iniciativa Todas las mujeres, todos los niños (GFF) (i) ha desempeñado un papel clave complementando la respuesta del Grupo Banco Mundial para apoyar a sus 36 países asociados; hasta el momento, ha proporcionado asistencia técnica y financiera para proteger y respaldar la continuación de servicios esenciales para la salud de mujeres, niños y adolescentes, al tiempo que se responde a la pandemia.
Según estimaciones del Banco Mundial , se calcula que la pobreza extrema aumentará a nivel mundial (i) este año por primera vez en una generación. La COVID-19 podría causar que hasta 150 millones de personas caigan en la pobreza extrema (lo que equivale a vivir con menos de USD 1,90 al día) para fines de 2021.
Preparar a los países para luchar contra la pandemia y establecer mejores servicios
La pandemia está destacando la necesidad de invertir en medidas integrales de preparación y prevención dentro de los países y más allá de sus fronteras.
Con su experiencia de alcance global, el Grupo Banco Mundial ayuda a los países de África al sur del Sahara a hacer frente a la enfermedad aprovechando las lecciones y los sistemas puestos en marcha durante los brotes de ébola. Por ejemplo, Guinea estaba preparada (i) cuando se registró el primer caso porque tenía una estrategia, infraestructura y conocimientos adquiridos en la lucha contra el ébola
Apoya a los países en sus esfuerzos por prevenir, detectar y abordar la COVID-19, al tiempo que fortalece los sistemas nacionales de preparación para cuestiones de salud pública. También reestructura, redistribuye y reasigna algunos recursos de los proyectos financiados actualmente.
En India (i), el proyecto de emergencia del sector de salud contribuye a actualizar el sistema de vigilancia sanitaria, fortalecer la preparación para hacer frente a brotes de enfermedades y renovar los hospitales dedicados a las afecciones infecciosas.
Gracias a que las operaciones de emergencia se adaptaron al contexto y la situación epidémica de cada país, el apoyo a la región de Asia oriental y el Pacífico (i) se ajustó para satisfacer necesidades específicas. En Mongolia (i), por ejemplo, el Banco está fortaleciendo las capacidades para lograr una respuesta multisectorial, en particular una interfaz entre los servicios ambientales, veterinarios y de salud pública para contener la propagación de nuevos virus de origen animal en el lugar donde se producen.
Además del creciente daño humano y económico, la pandemia trajo consigo aislamiento social, duelo, dificultades financieras e interrupción de los servicios de atención de la salud, lo que está incidiendo negativamente en el bienestar mental de las personas.
En muchos países, incluidos Bosnia y Herzegovina, Camboya, Guatemala, Islas Marshall, Lesotho, Liberia, Malí, Marruecos, Níger, Nigeria, República del Congo y Sri Lanka, los proyectos del Banco están respaldando intervenciones psicosociales (i) para ayudar a las personas a hacer frente a los efectos psicológicos negativos de factores de estrés como los confinamientos, el autoaislamiento y las cuarentenas, el temor al contagio, la información inadecuada, las pérdidas laborales y financieras, y el estigma y la discriminación.
Lograr la participación de las comunidades locales
Con el aumento de la pobreza, el cambio climático y la escasez de alimentos, la COVID-19 está causando los impactos más devastadores en los grupos pobres y marginados. El Banco Mundial está abordando esta cuestión mediante todas las plataformas existentes para poder llegar a los más vulnerables.
A través de los programas de desarrollo impulsados por la comunidad destinados a proporcionar efectivo y otros recursos rápidamente a las comunidades, el apoyo del Banco Mundial se orienta a los migrantes, las personas con discapacidad, las mujeres, los jóvenes desempleados, los ancianos y los pueblos indígenas.
Al llevar adelante estas operaciones, utiliza tecnologías e innovaciones para garantizar que las personas tengan la información que necesitan sobre el coronavirus.
En Afganistán, por ejemplo, trabaja con las comunidades para compartir mensajes de prevención de la COVID-19 a través de WhatsApp y telegramas, de modo de llegar a las personas a las que la crisis impacta más desproporcionadamente, como los desplazados, las personas con discapacidad, las mujeres pobres y los nómades.
Para luchar contra la pandemia, la labor de acercamiento a las comunidades está teniendo un papel crucial en el caso de los trabajadores sanitarios de la primera línea. Las comunidades locales y los líderes tradicionales actúan como enlaces clave con toda la comunidad. Ayudan a mejorar la comprensión pública sobre los tratamientos, descartar la información errónea y evitar el incumplimiento de las instrucciones sanitarias y las orientaciones médicas.
Mientras reflexionaba sobre su experiencia en la lucha contra el virus del Ébola en la República Democrática del Congo, el profesor Muyembe (i), un reconocido virólogo congoleño que descubrió dicho virus en 1976 y actual coordinador de la respuesta al ébola y la COVID-19 en su país, dijo: “Hemos observado la importancia de la participación de la comunidad y las campañas de sensibilización para lograr que la gente entienda la gravedad de la situación y se involucre”.
Si bien estos ejemplos ofrecen un poco de esperanza, se necesita mucho más. La pandemia sigue teniendo impacto en la mayor parte del mundo, y muchos países ya están luchando contra una segunda ola.
Mientras avanzan los ensayos de las vacunas, el Grupo Banco Mundial seguirá siendo flexible y ágil en su respuesta sanitaria, salvando vidas y respaldando la próxima fase de respuesta en sus países clientes.
Los profundos impactos de la crisis de salud subrayan la necesidad de lograr una cobertura sanitaria universal que permita a los países proteger a su población e invertir en ella, además de construir un futuro resiliente.
De aquí en más, la labor del Banco Mundial se centrará en el fortalecimiento de los sistemas de salud. El Banco pronto dará a conocer un nuevo informe que aporta datos empíricos y análisis al consenso creciente de que los líderes del sector de la salud lograrán mejores resultados si generan reformas del sistema en torno a la atención primaria de salud.
En el futuro, la preparación, la prevención y las respuestas en relación con las crisis deberán tener carácter mundial y colaborativo. Ningún país puede, actuando solo, lograr esto con un control adecuado, ni menos aún prevenir el tipo de emergencias que el mundo está experimentando en la actualidad.
Para ayudar a abordar un desafío de alcance mundial como las pandemias, se debe trabajar de manera conjunta. Durante los próximos 100 días, el Grupo Banco Mundial espera ayudar a por lo menos 100 países a prepararse para administrar pruebas de detección, tratamientos y vacunas relacionados con la COVID-19.
Como parte del Acelerador del Acceso a las Herramientas contra la COVID-19 (ACT-A), se asoció con la Alianza Mundial para el Fomento de la Vacunación y la Inmunización (GAVI[i]), la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI [i]), el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria (i) y la OMS (i) para garantizar que los países más pobres y vulnerables tengan un acceso general y equitativo a las vacunas, las pruebas y los tratamientos de la COVID-19. El financiamiento de USD 12 000 millones está totalmente alineado con los principios y las metas del ACT-A.
Los Gobiernos pueden utilizar los fondos proporcionados por el Grupo Banco Mundial para adquirir vacunas y tratamientos a través del mecanismo de compromiso anticipado de mercado para la vacuna contra la COVID-19 (CAM COVAX). En última instancia, serán los países los que decidan en qué utilizar estos recursos y a través de qué canales.
Si bien se avecinan muchos desafíos e incertidumbres, es necesario avanzar y ayudar a los países a fortalecer los sistemas de salud, reconociendo al mismo tiempo la necesidad de ser flexibles para adaptar los enfoques y corregir el curso cuando sea necesario. Esto es lo correcto y es lo que se está haciendo en el Banco Mundial.
Las regiones con situaciones más preocupantes son Coquimbo, Biobío y La Araucanía, que mantienen altos sus indicadores de transmisión y muestran aumentos en el porcentaje de nuevos casos de COVID-19. La Región Metropolitana presenta un aumento leve en su carga, con 4,8 casos por cada 100 mil habitantes.
El equipo ICOVID Chile, iniciativa liderada por la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Concepción, presentó su informe número 18 con análisis y datos de las dimensiones propuestas para monitorear la pandemia en el país, con información obtenida hasta el domingo 6 de diciembre, proporcionada a través de un convenio con el Ministerio de Salud y el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.
Según el informe, a nivel nacional se observa un aumento de casos nuevos en torno a 8 por ciento, mientras que las regiones que presentan un mayor incremento en este indicador son La Araucanía, Biobío y Coquimbo. En la Región Metropolitana, se observa un crecimiento de 22,5 casos promedio diarios con respecto a la semana anterior, equivalente a 7,4 por ciento de aumento en los nuevos casos. Este efecto se ve explicado, particularmente, por la dinámica de contagios en la Provincia de Santiago.
Cristóbal Cuadrado, médico y académico de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile detalla que se observan “signos de re-aceleración de la pandemia con indicadores de contagio al alza o consistentemente altos en la mayor parte de las regiones del país, afectando particularmente la zona centro-sur y sur del país. En el caso de la Región Metropolitana, que recientemente ha sufrido un retroceso en el plan Paso a Paso, se observa una tendencia al alza, empujado particularmente por la situación en el Gran Santiago y algunos Servicios de Salud como el Metropolitano Central”.
El indicador de transmisión (R efectivo) se mantiene con valores sobre 1, con un incremento de 1,04 a 1,05 en la última semana a nivel país, mientras que a nivel regional las medianas más altas se observan en Coquimbo (1,45), Aysén (1,24), Tarapacá (1,19), Valparaíso (1,19) y Antofagasta (1,16). En la RM, el indicador R es 1,11 manteniendo prácticamente su valor con respecto a la semana pasada.
A su vez, el indicador de carga, que corresponde al número de casos por cada 100 mil habitantes, se mantiene en color naranjo, pero subiendo a 8,6 a nivel nacional luego de cuatro semanas en un rango en torno a 7,6 por 100 mil habitantes. Magallanes se mantiene como la región con mayor carga (63,6), subiendo con respecto a la semana previa. Le siguen la Región Los Ríos (27,0), La Araucanía (25,7) y Biobío (22,5). Ninguna región alcanza un valor verde para este indicador, umbral más bajo de riesgo cuando se registra menos de 1 caso por cada 100 mil habitantes. La Región Metropolitana se encuentra en color amarillo con carga subiendo levemente (4,8 casos por cada 100 mil habitantes).
Ante este panorama, Alejandro Jofré, prorrector de la Universidad de Chile explica que “el indicador R se mantiene en torno a sus valores anteriores, prolongando el estado latente en que se encuentra la pandemia. Sigue preocupando las regiones de Ñuble, Los Ríos, Los Lagos y Magallanes por sus altos indicadores de carga y R efectivo. La trazabilidad ha ido mejorando, aunque aún levemente”.
En tanto, Guillermo Marshall, prorrector de la Pontificia Universidad Católica de Chile, destacó que hay preocupación ante los incrementos en los contagios que han mostrado varias regiones.“Coquimbo, Biobío y La Araucanía son las regiones con indicadores de contagio más preocupantes y a ellas se suman Ñuble, Los Ríos, Los Lagos y Magallanes por sus altas cargas de nuevos casos”, indica.
La positividad a nivel nacional se ha mantenido estable en torno al 4,5 por ciento (color amarillo), sin embargo, las realidades regionales son heterogéneas. Desde la región del Maule al norte, todas las regiones están en color amarillo o verde (menor a 5 por ciento), y de Ñuble al sur se observan positividades mucho mayores. Preocupan especialmente las cifras en La Araucanía (9,5 por ciento), Los Ríos (10,1 por ciento) y Magallanes (11,2 por ciento).
El indicador que muestra la cantidad total de test realizados se ha mantenido estable en torno a 12 test semanales por mil habitantes en las últimas tres semanas. Para las muestras provenientes de Búsqueda Activa de Casos (BAC), la positividad a nivel nacional en la última semana está en torno a 2 por ciento. Por el contrario, la positividad para casos que no provienen de BAC es bastante más alta y cercana a 9 por ciento. La positividad en sintomáticos a nivel nacional fue de 13,7 por ciento, mientras que en pacientes asintomáticos fue de 1,9 por ciento en la última semana.
Trazabilidad aún lejos del umbral de 80 por ciento
En cuanto a la trazabilidad, se observa que el indicador de confirmación temprana (porcentaje de casos en que el tiempo entre inicio de síntomas y confirmación de laboratorio es a lo más tres días) se mantuvo estable a nivel nacional con un 46,2 por ciento (color naranjo) durante las primeras semanas de noviembre. Esta cifra es una mejora comparado con los valores de finales de septiembre cuando estaba en torno al 30 por ciento, pero sigue lejos del umbral de 80 por ciento necesario para asegurar una buena capacidad de aislamiento de casos y cuarentena de contactos, objetivo final de la trazabilidad. Al desglosar este indicador a nivel regional, las peores situaciones están en La Araucanía y Los Lagos, que se mantienen bajo 40 por ciento (color rojo).
En el indicador de consulta temprana destacan las regiones de Arica y Valparaíso, donde más de 70 por ciento de los casos que consultaron en 48 horas o menos desde el inicio de síntomas. Respecto al tiempo de respuesta de los laboratorios, preocupan los valores de Atacama y Los Lagos (ambas en color rojo) con menos de 40 por ciento de muestras procesadas e informadas en 24 horas a la autoridad sanitaria.
En este último informe existe un 86,2 por ciento de ocupación de camas UCI a nivel nacional, “levemente sobre el umbral de 85 por ciento, lo que la ubica en color rojo, con un ligero incremento respecto a las semanas previas, y marcando el crecimiento sostenido de las semanas anteriores”, se explica en el informe. A nivel local se reportan promedios de ocupación UCI por sobre 85 por ciento en 6 regiones.
“El porcentaje de uso de camas UCI por pacientes COVID a nivel nacional para la semana analizada es de 32,2 por ciento, muy parecido a las semanas precedentes. Sólo la región de la Araucanía presenta una proporción mayor al 50 por ciento para la semana analizada”, explican las y los expertos. Este número, como se señaló en el informe anterior, parece aceptable en un sistema de atención UCI integrado a nivel nacional. “Así, la alta ocupación UCI a nivel nacional y en algunas regiones parece consecuencia de retomar intervenciones electivas que habían sido postergadas en los períodos más álgidos de la pandemia”.
Miles de niños menores de 5 años están falleciendo por niveles de vacunación peligrosamente bajos contra el sarampión y grandes epidemias en varios países que han puesto en alarma a la Organización Mundial de la Salud. Un nuevo informe pide a los Estados que aumenten su cobertura de inmunización y combatan la desinformación.
Las muertes e infecciones por sarampión en 2019 están superando sustancialmente al número de víctimas del año pasado cuando más de 142.000 personas murieron por la enfermedad prevenible, aseguró este jueves la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En una advertencia sobre los niveles de vacunación peligrosamente bajos y los grandes brotes en varios países, impulsados por las “campañas de desinformación” de las redes sociales, la agencia de salud de la ONU insistió en que cualquier cobertura de menos del 95% corre el riesgo de provocar un brote.
En Samoa, por ejemplo, solo el 31% de las habitantes de la isla tienen inmunidad contra el sarampión, dijo la OMS, destacando el impacto que tienen los mensajes en las redes sociales de un solo grupo antivacunas.
La situación ha resultado en una gran crisis de salud, con hospitales y clínicas, según se informa, abrumados y con dificultades para tratar a los más vulnerables, niños menores de cinco años, y otros pacientes con enfermedades crónicas, incluida la diabetes.
“La información errónea que se transmite a través de los canales de las redes sociales realmente está afectando las decisiones de los padres sobre si van a vacunar a sus hijos y la consecuencia es que los niños están desarrollando sarampión y algunos están muriendo”, dijo la doctora Kate O’Brien, de la OMS.
Agregó que todo el mundo es consciente de que existe una vacuna segura, efectiva, asequible y ampliamente disponible para prevenir el sarampión, que existe desde hace 50 años: “Cientos de millones de personas han recibido la vacuna y es un fracaso realmente colectivo que estos brotes estén ocurriendo y que haya aumento en el número o casos y muertes, y la razón subyacente es que las personas no se están vacunando”.
Hoy en día, la cobertura mundial promedio de la vacuna contra el sarampión es de alrededor del 86%, en comparación con el 72% en el año 2000, una medida que ha salvado a más de 23 millones de vidas durante ese tiempo, según ha acreditado esta agencia de la ONU
Aunque este es un logro importante de salud pública, y la razón por la cual las muertes por sarampión desde el cambio de siglo disminuyeron de 535.000 a 142.300 el año pasado, se ha avanzado poco en mejorar la cobertura de la vacuna “en aproximadamente una década”, explicó O’Brien.UNICEFUn niño sonríe mientras recibe la vacuna contra el sarampión y la rubeola en Aden, Yemen, gracias a una campaña de UNICEF.
Los casos están en aumento
“Estamos en una trayectoria que va absolutamente en la dirección equivocada (…) no es solo un fenómeno de 2018. En realidad, estamos viendo un aumento en los casos reportados hasta la fecha en 2019 que excederá sustancialmente el número en 2018 “, agregó.
Según los últimos datos de sarampión, los 614,915 casos sospechosos y 413,308 confirmados en 2019 suponen un aumento frente a los 483.215 sospechosos y los 333.445 confirmados en 2018.
“Realmente tenemos que pasar de apagar incendios y responder a brotes todo el tiempo y fortalecer los programas esenciales de inmunización para que no enfrentemos estas situaciones país por país, mes tras mes, año tras año”, insistió O’Brien.
Añadió que la mejor manera para que los países se protejan es tener un programa de inmunización sólido, basado en una vacuna de dos dosis donde la primera se administra a los bebés “a la edad más temprana posible”.
Tras señalar que algunos países no cuentan con una política de segunda dosis, la funcionaria de la OMS instó a todos los Ministerios de Salud a incorporar esta medida en sus programas nacionales de inmunización como un estándar global.
La medida contribuiría a mejorar la resistencia de la comunidad al sarampión, que se considera ampliamente como una “prueba de fuego” para el sistema de salud de cualquier país, indicó.UNICEF / Aidroos AlaidroosUna niña recibe la vacuna contra el sarampión y la rubeola en un centro apoyado por UNICEF en Bani Alhareth, Yemen, en febrero de 2019
El sarampión está vinculado a la “amnesia inmune”
Subrayando el impacto más amplio de la enfermedad, la doctora también citó la evidencia publicada recientemente que muestra que contraer el sarampión también puede dañar la “memoria” del sistema inmune durante meses o incluso años después de la infección.
Esta “amnesia inmune” deja a los sobrevivientes vulnerables a otras enfermedades potencialmente mortales como la gripe o la diarrea severa”, explicó.
El sarampión, que es altamente contagioso, se transmite a través de fluidos de la nariz, la boca o la garganta de las personas infectadas. Es más probable que afecte a los jóvenes mal alimentados, especialmente aquellos que tienen una insuficiencia de vitamina A, o cuyos sistemas inmunes se han debilitado por el virus del VIH, el SIDA u otras enfermedades.
Los síntomas iniciales, que generalmente aparecen entre 10 y 12 días después de la infección, incluyen fiebre alta, secreción nasal, ojos inyectados en sangre y pequeñas manchas blancas en el interior de la boca. Varios días después, se desarrolla una erupción cutánea, que comienza en la cara y la parte superior del cuello y se extiende gradualmente hacia abajo.
Las complicaciones incluyen ceguera, hinchazón cerebral (encefalitis), diarrea severa e infecciones respiratorias como la neumonía.OMSMapa de la incidencia del sarampión por millones de habitantes en Europa de enero a diciembre de 2018.
El peor impacto recae sobre las naciones subsaharianas
Los más afectados, y donde se produce el mayor número de muertes, son los países “donde muchos niños no tienen la oportunidad de ser vacunados de manera persistente”, especialmente en los Estados del África subsahariana.
Por regiones, la OMS estima que África registró un total de 1.759.000 casos y 52.600 muertes el año pasado.
En la del Mediterráneo Oriental, hubo 2.852.700 casos y 49.000 muertes; en Europa, 861.800 casos y 200 muertes; en el sudeste asiático, 3.803.800 casos y 39.100 muertes; en el Pacífico occidental, 408.400 casos y 1300 muertes, y en las Américas, hubo 83.500 casos.
En 2018, los países con el mayor número de infecciones fueron la República Democrática del Congo, Liberia, Madagascar, Somalia y Ucrania, asegura la Organización Mundial de la Salud. Juntos, estos cinco países representaron casi la mitad de todos los casos de sarampión en todo el mundo.
En la República Democrática del Congo, que está luchando contra la inseguridad vinculada a grupos armados y un brote del virus del Ébola que se ha cobrado más de 2000 vidas, la epidemia de sarampión en curso es el mayor brote jamás visto a nivel mundial, con más de 5000 muertes desde enero de este año. Nueve de cada diez víctimas del brote de la República Democrática del Congo eran niños menores de cinco años.
Los países más ricos también han estado luchando contra los brotes
Estos incluyen a los Estados Unidos, que informó su mayor número de casos en 25 años, mientras que cuatro naciones europeas, Albania, Chequia, Grecia y el Reino Unido, perdieron su “estado de eliminación del sarampión” en 2018 después de brotes prolongados.
Esto sucede si el sarampión vuelve a ingresar a un país después de que se ha declarado eliminado, y si la transmisión se mantiene de forma continua en el país durante más de un año.
La Dra. Andrea Huidobro, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Maule celebró el éxito exhibido por las vacunas contra el Covid-19.
Con felicidad y optimismo se han tomado los profesionales de la salud, la excelente respuesta que han tenido las vacunas que se están desarrollando para detener el avance del virus Sars-CoV-2.
Sin ir más lejos, tal como fue destacado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que publica periódicamente un listado con el avance de la investigación en vacunas contra el virus, en su último reporte destacó que hay 52 vacunas que ya están realizando sus estudios clínicos en humanos y de ellas, 12 en fase 3, la última fase previa a presentar los documentos para solicitar su aprobación.
“Son buenas las noticias que recibimos, el que haya al menos dos vacunas que han demostrado entre un 90 y 95% contra el Covid-19”, destacó la doctora Andrea Huidobro, académica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica del Maule.
En este contexto y sabiendo que mucho se anhela su llegada, la médica, explicó en términos sencillos, qué es una vacuna. “En general son virus que están atenuados, es decir, sin la capacidad de invadir y generar síntomas o bien partículas del virus, que pueden ser material genético como el ADN del Coronavirus o partículas de la cápside que los recubre -conjunto de proteínas que envuelven el material genético (ADN y ARN) de un virus-”.
“Partículas que nuestro cuerpo las reconoce como extrañas y genera anticuerpos contra ellas de manera que cuando recibe el virus real, ya estamos preparados con niveles altos de anticuerpos y se ataca el virus antes de que generemos síntomas y no permite que se siga replicando y pasando a otras personas”, recalcó luego la Dra. Huidobro, quien explicó que la vacuna también provoca células de memoria, las que sin importan que se acaben los anticuerpos, estas células, cuando están en contacto con el antígeno del virus que entra, son capaces de volver a generar el anticuerpo que nos va a proteger.
A seguir cuidándose
Sin embargo, pese al optimismo reinante y a que este proceso de vacunación de la población ya comenzó en algunos países, la Dra. Andrea Huidobro, hizo un llamado a no relajarnos con las medidas de cuidado, más todavía que nuestro país, está sufriendo los embates de la segunda ola.
“Primero quiero darle un mensaje de ánimo y les extiendo la invitación de que cuando llegue la vacuna, todos la recibamos o al menos el 60% de la población, para que seamos capaces de tener una inmunidad tal que el virus no tenga posibilidad de pasar al siguiente huésped y además no nos genere problemas de síntomas personales”, dijo.
“La buena noticia –continuó-, es que ya estamos más cerca de terminar con la pandemia, por lo que mientras el llamado es a seguir cuidándonos, ya que el Covid-19 sigue dando vueltas, por lo que es importante continuar con el uso de la mascarilla, el lavado frecuente de manos y el distanciamiento social, además de mucha esperanza”, finalizó.
En su 75º aniversario, la Organización de las Naciones Unidas celebrará el debate de alto nivel de su Asamblea General de manera virtual, dadas las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19. Este evento sin precedentes es una muestra más de la fragilidad del mundo actual y destaca la urgencia de cambiar el rumbo en muchas esferas, empezando por el de la cooperación y la solidaridad internacionales.
En vísperas del inicio del nuevo periodo de sesiones de la Asamblea General, el Secretario General de la ONU habló en una entrevista con Noticias ONU sobre este y otros temas de interés mundial, como la acción contra el cambio climático.
Planteó también su esperanza en las jóvenes generaciones y reiteró la importancia de la igualdad de género, entre otras prioridades de la sociedad de hoy.
La pandemia de COVID-19 ha cimbrado al mundo y ha cambiado muchas cosas. Hemos visto muestras impresionantes de solidaridad, pero aún queda un largo camino por delante. ¿En qué punto diría que estamos ahora mismo?
SG: Estoy muy preocupado. La pandemia ha mostrado la enorme fragilidad del mundo no sólo en relación con el COVID-19, sino con el cambio climático, la falta de regulación del internet y los riesgos de proliferación nuclear, el impacto de la desigualdad y la falta de cohesión de las sociedades.
Lo revelador es cómo un virus microscópico nos ha puesto de rodillas. Esto debería generar mucha humildad y solidaridad en los líderes mundiales para combatir al coronavirus, pero sabemos que no ha habido unidad. Cada país ha adoptado su propia estrategia y estamos viendo el resultado: el virus ha avanzado en todas partes.
En los países en desarrollo la gente está sufriendo mucho por esta falta de solidaridad, lo que tienen un efecto negativo para todos porque si no podemos enfrentar adecuadamente el COVID-19 en esos países, el virus seguirá yendo y viniendo y todos pagaremos un precio muy alto, incluyendo las naciones más ricas del mundo.
¿Qué esperaría que los gobiernos y las sociedades hicieran para superar la emergencia y salir más fortalecidos?
SG: Necesitamos trabajar todos juntos, en cooperación. Es esencial que la vacuna se considere un bien público global, una vacuna de la gente, y que no haya una competencia entre los países tratando de conseguir todas las vacunas que sea posible, olvidándose de los que tienen menos recursos.
Necesitamos una vacuna asequible para todos en todas partes porque sólo estaremos a salvo si todos están a salvo. Pensar que podemos proteger a la gente rica y dejar sufrir a la pobre es un error estúpido.
El COVID-19 puede haber desviado la atención y los recursos de la necesidad urgente de la acción climática. ¿Cuáles son las tres cosas que habría que hacer de inmediato para que el mundo cambiara la dirección en este terreno?
SG: Nuestro objetivo ha sido definido por la comunidad científica. Es imperativo que limitemos el aumento de la temperatura a 1,5º para fin de siglo. Y para ello necesitamos la neutralidad de carbón en el 2050, lo que requiere una reducción del 45% de las emisiones en la próxima década.
Es decir, los objetivos son claros. ¿Cómo podemos alcanzarlos? Con un compromiso sólido, sobre todo de parte de los grandes emisores, con todas las medidas en materia de energía, agricultura, industria, transporte, en todas las áreas de la vida. Necesitamos medidas transformadoras que nos permitan lograr esos objetivos.
Y es muy simple: deberíamos dejar de gastar el dinero de los contribuyentes en subsidios a los combustibles fósiles e invertir masivamente en energía renovable porque es más barata, es más rentable. No sólo es lo correcto, es lo mejor en términos económicos.
Precisamos detener la construcción de centrales eléctricas de carbón. Necesitamos invertir en nuevas formas de transporte, como los coches eléctricos; tenemos que invertir en hidrógeno. Ese es el combustible del futuro.
Al mismo tiempo, tenemos que proteger la biodiversidad, proteger los bosques, transformar nuestra agricultura. Hace falta trabajar juntos en todos estos aspectos con una estrategia común y con un objetivo claro: necesitamos llegar a la neutralidad del carbón en 2050.
El 2030, año fijado alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible no está muy lejos. ¿Cómo deberían los líderes mundiales reorientar sus esfuerzos para conseguirlos? Los ODS son nuestra hoja de ruta para lograr un planeta más sostenible y equitativo.
SG: Debido al COVID-19 y a la necesidad de recuperar nuestras economías, estamos gastando billones de dólares en este momento. Si estamos gastando ese dinero, hagámoslo de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Hagámoslo en línea con la Agenda 2030. Reconstruyamos mejor nuestras economías, con más equidad, luchando contra la desigualdad; con más sostenibilidad, luchando contra el cambio climático; y abordando todos los demás aspectos relevantes en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya sea la reducción de la pobreza, la protección de los océanos, los aspectos relacionados con la educación, la salud, la gobernanza.
El COVID-19 es una amenaza, es un problema, pero también es una oportunidad porque tenemos que cambiar y podemos hacerlo en la dirección correcta. Cuando movilicemos recursos masivos para reconstruir, reconstruyamos en la dirección correcta, nuestra guía debe ser la Agenda 2030 y sus objetivos.
La ONU ha existido durante 75 años y ha llamado a todos a que participen activamente en las conversaciones con motivo del aniversario de las Naciones Unidas, especialmente a aquellos que no son escuchados con frecuencia, incluidos los jóvenes. Usted ha hablado con jóvenes, pero también los ha escuchado. ¿Qué le alentó de esas conversaciones con los jóvenes?
SG: Un compromiso muy fuerte de la juventud con la comunidad internacional. Las generaciones jóvenes son mucho más cosmopolitas que la mía. Tienen un enfoque universalista de los problemas. Entienden que necesitamos estar juntos.
Así que entienden que necesitamos un multilateralismo más fuerte, pero un multilateralismo que también sea de las personas, en el que puedan participar en la toma de decisiones. Me animó el sólido compromiso de los jóvenes con ideas como la Cobertura Universal de Salud; ideas como las referentes a la acción climática, a una mayor justicia e igualdad en nuestras sociedades, a la igualdad de género, a la lucha contra el racismo. Todos estos aspectos muestran a jóvenes muy comprometidos. Esa es la mayor esperanza que tengo en relación con nuestro futuro común.
Hace 25 años, la declaración de Beijing fue un punto de inflexión histórico para promover los derechos de la mujer. Pero milenios de patriarcado han dado como resultado un mundo dominado por hombres. ¿Qué le gustaría que hicieran los hombres para garantizar que tengamos paridad e igualdad en las políticas de género?
SG: Los hombres deben entender que tener una igualdad y paridad de género nos beneficia a todos, no solo de las mujeres, porque el mundo será mejor.
Es cierto que vivimos en un mundo dominado por hombres con una cultura dominada por hombres. Por eso es tan importante en la ONU alcanzar la paridad. Y lo hemos hecho al más alto nivel, pero ahora tenemos que hacerlo en todas partes.
Es una cuestión de poder esencialmente, y necesitamos… no me gusta usar, “empoderar a las mujeres” porque parece que le estamos dando poder a las mujeres. El poder no se da, se toma, pero necesitamos que las mujeres avancen para hacer valer su papel en la sociedad. Y necesitamos que los hombres comprendan que eso es algo positivo.
Usted ha hablado con pasión sobre las desigualdades y la injusticia, la causa de muchos problemas en el mundo actual. ¿Cuáles son algunos de los ejemplos más dañinos de éstos y cómo puede el multilateralismo ser la respuesta para que toda la humanidad se beneficie?
SG: Es muy impactante desde el punto de vista de la riqueza y los ingresos saber que el 1% de la humanidad tiene más recursos que la mitad de la población mundial. Pero yo diría que los aspectos más impactantes de la desigualdad no están necesariamente relacionados con el dinero.
Es la desigualdad ligada a las discriminaciones de género, al racismo, a la religión, a las personas con discapacidad, a la comunidad LGBTQI. Es decir, necesitamos tener una sociedad en la que la cohesión sea nuestro objetivo. Necesitamos invertir en cohesión para hacer que cada comunidad – comunidades indígenas, minorías en las sociedades, cada comunidad – sienta que se respeta su identidad, pero también que es parte del conjunto de la sociedad.
Esta es una Asamblea General virtual, desprovista de la fanfarria habitual, pero llena de urgencias, seriedad y esperanza. ¿Qué le gustaría que los líderes mundiales y el público se llevaran de ésta, la 75ª Asamblea General de la ONU?
SG: Bueno, por supuesto muchas cosas, pero si tuviera que elegir prioridades, llamaría a un alto el fuego global; a conseguir una vacuna que sea un bien público mundial, una vacuna de la gente. Y exhortaría a que cuando reconstruyamos nuestras economías, lo hagamos para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050.
COVID-19 se ha cebado en las fragilidades de nuestras sociedades, exponiendo todos nuestros fracasos a la hora de construir sociedades justas, asegura la responsable de la ONU para los derechos humanos, que ha reprochado a los líderes mundiales haber politizado la pandemia, creado la división y alentado teorías conspirativas. Para ella, un futuro mejor es posible, pero solo si existe la voluntad política de poner nuestro dinero donde más se necesita, no donde se quiere.
La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha hecho este miércoles un duro balance de una pandemia que ha expuesto todas nuestras debilidades como sociedad. Al acabar de mostrar las fisuras de nuestros sistemas, Michelle Bachelet ha advertido a la humanidad de que volver a lo que se tenía antes de que el coronavirus hiciera irrupción en nuestras vidas, será un fracaso.
Las vacunas por sí solas no pueden curar el daño que ha causado la pandemia.
“El 2020 es un año que ninguno de nosotros olvidará jamás. Un año terrible y devastador que ha marcado a muchos de nosotros de muchas maneras”, aseguró Michelle Bachelet antes de recordar que al menos 67 millones de personas han sido infectadas, y 1,6 millones han muerto por una pandemia que está lejos de haber terminado.
También indicó que la COVID-19 ha tenido un impacto devastador en la economía de los países y en el empleo, en los ingresos, la educación, la salud y el suministro de alimentos para cientos de millones de personas, lo que ha supuesto un enorme retroceso en el desarrollo, en los esfuerzos por aliviar la pobreza y en la mejora de la situación de las mujeres.
Para la Alta Comisionada, el año 2020 ha pasado factura no sólo a todas las regiones y prácticamente a todos los países, sino también a todos los derechos humanos, ya sean económicos, sociales, culturales, civiles o políticos.
“La COVID-19 se ha cebado en las fisuras y fragilidades de nuestras sociedades, exponiendo todos nuestros fracasos a la hora de invertir en la construcción de sociedades justas y equitativas. Ha mostrado la debilidad de sistemas que no han logrado dar centralidad a la defensa de los derechos humanos”, dijo.
Según la Alta Comisionada, nos enfrentamos a tres futuros posibles muy diferentes:
Se puede salir de esta crisis en un estado aún peor que cuando comenzó, y estar aún menos preparados para la próxima conmoción de nuestras sociedades
Se puede luchar poderosamente para volver a la normalidad, pero la normalidad es lo que nos ha llevado a donde estamos hoy
O se puede salir mejor
Las vacunas no previenen los estragos económicos
“En las últimas semanas se han producido avances extraordinarios en el desarrollo de la vacuna. Esto es fruto del ingenio y la determinación de las personas en un momento de crisis. Perolas vacunas por sí solas no pueden resolver la pandemia, o curar el daño que ha causado”, declaró.
Bachelet hizo un llamado para que los Estados no sólo distribuyan estas vacunas equitativamente, sino que también reconstruyan la economía, reparen el daño causado por la pandemia y aborden las lagunas que ésta ha expuesto.
Muchos gobiernos no actuaron con la rapidez o la decisión suficientes para detener la propagación de la COVID-19. Otros se negaron a tomarla en serio.
La Alta Comisionada también reflexionó sobre el hecho de que las vacunas “no prevendrán ni curarán los estragos socioeconómicos resultado de la pandemia y que han ayudado a su propagación”.
“Pero hay una vacuna para el hambre, la pobreza, la desigualdad y posiblemente – si se toma en serio – para el cambio climático, así como para muchos de los otros males que enfrenta la humanidad. Es una vacuna que desarrollamos a raíz de anteriores crisis mundiales masivas, incluidas las pandemias, las crisis financieras y las dos guerras mundiales. El nombre de esa vacuna es ‘derechos humanos’”, recalcó.
Para Bachelet, la COVID-19 ha puesto de relieve nuestra incapacidad de defender esos derechos: “no sólo porque no pudimos, sino porque no lo hicimos o decidimos no hacerlo”.
Agregó que la incapacidad de muchos países para invertir suficientemente en la atención sanitaria universal y primaria, de conformidad con el derecho a la salud, ha quedado expuesta como “algo extremadamente miope” y, aunque reconoció que estas medidas preventivas vitales son costosas, razonó que no hay nada tan costoso como no invertir en ellas.University of Oxford/John CairnsLas vacunas no repararán los daños causados por la pandemia.
Politización de la pandemia
Bachelet reservó duras palabras para quienes han politizado la pandemia.
“Muchos gobiernos no actuaron con la rapidez o la decisión suficientes para detener la propagación de la COVID-19. Otros se negaron a tomarla en serio, o no fueron totalmente transparentes sobre su propagación.
En lugar de unirnos, la respuesta a la pandemia ha llevado en algunos lugares a una mayor división.
Sorprendentemente, incluso hoy en día, algunos líderes políticos siguen restando importancia a su impacto, menospreciando el uso de medidas simples como el uso de mascarillas y evitando las grandes reuniones. Incluso algunas figuras políticas siguen hablando casualmente de ‘inmunidad de la manada’, como si la pérdida de cientos de miles de vidas fuera un costo que se puede soportar fácilmente en aras del bien común. Politizar una pandemia de esta manera va más allá de la irresponsabilidad, es algo totalmente reprochable.
Peor aún, en lugar de unirnos, la respuesta a la pandemia ha llevado en algunos lugares a una mayor división. Se han descartado las pruebas y procesos científicos, y se han sembrado teorías de la conspiración y de desinformación y se ha permitido o alentado que prosperen”, dijo.
Otro efecto del COVID-19: la desconfianza
Todo ello ha tenido unas consecuencias que van más allá de las cuestiones materiales: “Estas acciones han clavado un cuchillo en el corazón del bien más preciado, la confianza. Confianza entre naciones, y confianza dentro de las naciones. Confianza en el gobierno, confianza en los datos científicos, confianza en las vacunas, confianza en el futuro”.
Por ese motivo, declaró que si queremos lograr un mundo mejor tras esta calamidad, como se hizo tras la Segunda Guerra Mundial, hay que “reconstruir esa confianza entre nosotros”.
Para la Alta Comisionada “ha sido chocante, pero lamentablemente no sorprendente”, ver el desproporcionado número de víctimas de la COVID-19 entre los individuos y grupos marginados y discriminados, en particular las personas de ascendencia africana, las que pertenecen a minorías étnicas, nacionales o religiosas, y los pueblos indígenas.
La pandemia está teniendo un impacto negativo tan vasto y de tan amplio alcance que nos resulta casi imposible comprender su enormidad.
“Así ha ocurrido en algunos de los países más ricos del mundo, donde la tasa de mortalidad de algunas minorías raciales y étnicas ha sido hasta tres veces superior a la de la población en general”, señaló antes de destacar que “muchas de las personas que de repente empezamos a reconocer y a referirnos como esenciales – trabajadores de la salud, limpiadores, trabajadores del transporte, empleados de tiendas – provienen de tales minorías”.ONU/Evan SchneiderAgentes de policía de Nueva York durante las protestas contra el racismo tras la muerte del ciudadano de origen afroamericano George Floyd.
Los pobres más pobres
Además, destacó que, en los últimos 11 meses, los pobres se han empobrecido, los niños de hogares sin acceso o con restringida conectividad a internet o con equipos informáticos limitados o inexistentes se han retrasado en su educación, o la han abandonado por completo, y las niñas se han visto especialmente afectadas.
Con respecto a la seguridad económica básica, el empleo, la educación, la vivienda y la alimentación, “la pandemia está teniendo un impacto negativo tan vasto y de tan amplio alcance que nos resulta casi imposible comprender su enormidad”, continuó.
Todo esto no habría sucedido si se hubieran establecido protecciones sociales y económicas adecuadas para una proporción mucho mayor de la población mundial, en los países pobres y en los ricos.
En definitiva, “si hubiéramos aplicado la vacuna de los derechos humanos” no estaríamos en tan mala situación como lo estamos hoy.
La mujer entre las más golpeadas por la pandemia
También resaltó que las repercusiones en las mujeres han sido particularmente devastadoras y alertó de que, en algunas zonas, los derechos de la mujer corren el riesgo de sufrir un retroceso de decenios, incluso con respecto a un acceso más limitado a los derechos sexuales y reproductivos.
Por ello, indicó que, para crear un futuro mejor, las mujeres tendrán que desempeñar un papel mucho más importante en la toma de decisiones y el establecimiento de prioridades. A este respecto, subrayó: “No es una coincidencia que en un mundo en el que tan pocos países tienen mujeres líderes, varios de los países que se considera que han manejado la pandemia de manera más efectiva sean liderados por mujeres”.
Las acciones de algunos gobiernos que se han aprovechado de la situación para acabar con la disidencia política y las críticas.
Otro aspecto que ha marcado 2020, según Bachelet, ha sido la discriminación, debido a la injusticia racial y la brutalidad policial que se pusieron claramente de manifiesto con el asesinato de George Floyd y las protestas mundiales que generó.
A juicio de Bachelet, otros derechos como el de la libre expresión o el de reunirse y a participar en la vida pública se han visto afectados durante la pandemia no por las restricciones de movimiento justificadas para limitar la propagación de la COVID-19, sino por las acciones de algunos gobiernos que se han aprovechado de la situación para acabar con la disidencia política y las críticas, incluso deteniendo a actores de la sociedad civil y a periodistas.
“Algunos también parecen haber utilizado los temores y restricciones de la COVID-19 como una forma de inclinar las elecciones a favor del partido gobernante”, añadió.ONU MujeresFestival en las Islas Salomón para difundir un mensaje: “No más violencia conta las mujeres y las niñas”
La esperanza es una verdadera voluntad política
Para Bachelet, la pandemia nos ha dejado expuestos, vulnerables y debilitados. Sin embargo, en su devastación, también ha proporcionado una clara visión de cómo podemos convertir el desastre en una oportunidad para reajustar nuestras prioridades y mejorar nuestras perspectivas de un futuro mejor.
“El principal ingrediente que necesitamos para construir ese futuro es la voluntad política. La voluntad de poner nuestro dinero donde más se necesita, no donde se quiere, sino donde se necesita. La voluntad de luchar contra la corrupción, porque en muchos países, incluso en los más pobres, hay más dinero disponible, pero se pierde cuando va directamente a los bolsillos de unos pocos. Tenemos que abordar la desigualdad, incluso con reformas fiscales que podrían ayudar a financiar importantes mejoras socioeconómicas”, afirmó.
Del mismo modo, consideró que los países más ricos deben ayudar a los más pobres a superar esta crisis y a recuperarse mejor, y que se debe reparar el sistema deshilachado del multilateralismo para gestionar la recuperación.
Las respuestas nacionalistas simplistas simplemente socavarán la recuperación colectiva.
“La labor debe comenzar en casa, pero los dirigentes de los países poderosos deben reconocer una vez más que, más que nunca, nuestro mundo sólo puede hacer frente a los desafíos mundiales mediante la cooperación mundial. Las respuestas nacionalistas simplistas simplemente socavarán la recuperación colectiva. La primera prueba de esto será nuestra capacidad de asegurar que las nuevas vacunas y herramientas de la COVID-19 lleguen a todos los que las necesitan. La pandemia ha puesto de manifiesto una y otra vez que nadie está seguro hasta que todos lo estén”, afirmó.GenieEl dibujo de niño italiano expresando su esperanza de que el futuro será mejor.
Una advertencia final
Bachelet se preguntó a continuación si ¿aprovecharemos este momento para idear maneras de recuperar mejor?, si ¿aplicaremos adecuadamente la vacuna de los derechos humanos que puede ayudarnos a construir sociedades más resistentes, prósperas e inclusivas?, y si ¿tomaremos las medidas necesarias inmediatas para combatir la mayor amenaza existencial de todas, el cambio climático?
“Esperemos que así sea. Porque si no lo hacemos, especialmente en lo que respecta al cambio climático, el año 2020 será simplemente el primer paso en el camino hacia una mayor calamidad”, auguró antes de sentenciar: “Hemos sido advertidos”.
Bachelet hizo todas esas reflexiones en una rueda de prensa celebrada con motivo de la celebración mañana, 10 de diciembre, del Día de los Derechos Humanos.
La agencia de la ONU encargada de velar por la salud en el continente americano pide además paciencia con la fase de vacunación y advierte que no es bueno no hacer proyecciones de tiempo ni desesperarnos. Al mismo tiempo, destaca que los dos próximos años “van a ser críticos” y que la ‘inmunidad de rebaño’ necesaria, entre un 60 y un 80% de la población, no se producirá de inmediato.
La Organización Panamericana de la Salud informó este miércoles que las Américas están experimentando “los niveles más altos de casos de COVID-19 desde el inicio de la pandemia”, por lo que pidió que las autoridades de salud emitan “una guía clara para proteger a las comunidades”.
También pidió, a través de su directora, que los Gobiernos que actúen para aumentar la capacidad hospitalaria en las áreas afectadas.
Con más de 753.000 muertes y más de 28,5 millones de casos reportados en las Américas, “las cifras y tendencias hacen claro que nuestra región debe redoblar las medidas preventivas, especialmente en preparación para las vacaciones de fin de año. Ahora no es el momento de relajarse”, sostuvo Etienne en una rueda de prensa.
En algunos países, “una vez más necesitamos esfuerzos coordinados para aumentar la capacidad hospitalaria en las zonas más afectadas porque cuando los hospitales no pueden acomodar a todos los enfermos, muchos morirán esperando atención“, afirmó.
El aumento de infecciones en América del Norte sigue desbocado
La directora general de la Organización expresó su preocupación por el continuo aumento de infecciones en Norteamérica con la llegada del invierno en el hemisferio norte.
Explicó que en Canadá siguen aumentando las infecciones y que en algunas provincias se reportó un número de muertes récord, mientras que en Estados Unidos los recuentos diarios de casos llegan a los 200.000 y el número de hospitalizaciones ya es superior a las 100.000. En México se informó de una reaparición de casos en el estado de Baja California, cerca de la frontera con Estados Unidos.
“En Centroamérica, Panamá continúa reportando una alta incidencia de casos de COVID-19, y Honduras y Guatemala están experimentando un aumento particular de casos en las áreas más afectadas por los huracanes Iota y Eta”, destacó.
Igualmente definió como “preocupante” la situación en algunos países de América del Sur, con Brasil informando de la mayor incidencia de nuevos casos de coronavirus en América del Sur. Añadió que el sistema de salud del país carioca se encuentra “bajo presión” y que en algunas áreas los hospitales “están al máximo”.
También informó de un aumento de casos y muertes en las áreas limítrofes de Colombia con Venezuela y Ecuador.
“Más al sur, Paraguay experimenta un aumento en las infecciones y las autoridades de salud monitorean la situación de cerca para garantizar la capacidad de camas suficientes para atender a los pacientes críticos”, explicó.
Llegada de la vacuna a través del mecanismo COVAX
La OPS trabaja con la perspectiva de que las vacunas fabricadas mediante el mecanismo COVAX* empezarán a distribuirse para su uso entre marzo y abril de 2021 y que los países de América Latina ya han invertido mediante anticipos y avales más de 1000 millones de dólares para participar en el mecanismo.
“Puede ser que llegue una pequeña cantidad antes o puede ser que llegue después, pero esa es la fecha que seguimos trabajando porque es la que nos parece más factible”, explicó el subdirector de la Organización.
Jarbas Barbosa diferenció este envío del que puedan tener ciertos países mediante acuerdos bilaterales con los productores de vacunas. En este caso indicó que pueden recibir una pequeña cantidad de vacunas a finales de diciembre, pero que no dispone de toda la información al respecto.
Al mismo tiempo, destacó la importancia de que los países dispongan de un plan nacional de vacunación en el que cualquier vacuna que llegue sirva para proteger a los más vulnerables: las personas mayores, los trabajadores sanitarios y los adultos que sufran alguna condición previa como hipertensión, diabetes o cáncer, un grupo que cifró alrededor del 20% de la población de cada país.
“Las vacunas que lleguen primero no van a servir para interrumpir la transmisión. Esto va a tomar meses y durante estos meses nosotros confiamos en que ya sabemos lo que se necesita para reducir la transmisión (…): mantener todas las medidas individuales y colectivas”, entre ellas el uso de mascarillas y guardar la distancia de seguridad.
Respecto a la obligatoriedad de vacunarse, Barbosa señaló que es una decisión que depende de cada país, como la vacunación obligatoria para los niños en muchos países de la región, pero que lo más importante no es discutir este hecho sino discutir la obligatoriedad de tener la vacuna disponible.
“O sea tener los planes de vacunación y fortalecer todos los mecanismos, como COVAX a nivel global. COVAX todavía no tiene todos los fondos necesarios para apoyar a los países más pobres del mundo. Es muy importante llamar a los donantes, a los países ricos, que puedan participar de este mecanismo”, subrayó.
Los próximos dos años van a ser críticos
“No es bueno hacer proyecciones de tiempo. No podemos desesperarnos. Va a tomar tiempo” afirmó el doctor Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles. “Los dos próximos años van a ser críticos porque la vacunación no va a ser de la noche a la mañana y para llegar a tener inmunidad de rebaño hay que tener una gran parte de la población vacunada, 70%, 80%, 60% y eso no va a ser de inmediato”, destacó.
A este factor temporal hay que unirle que muchas de las vacunas todavía están en fase de pruebas, una circunstancia que imposibilita su pronta utilización, por lo que hay que continuar con las medidas de protección previamente explicadas como el uso de máscaras, el lavado de manos, evitar los espacios cerrados y las reuniones de personas solo en grupos pequeños.
Reacciones alérgicas a la vacuna de Pfizer
Ante la noticia publicada hoy de que las personas con historial alérgico grave eviten tomar la vacuna de la farmacéutica Pfizer, Barbosa explicó que las reacciones alérgicas a las vacunas son una circunstancia que puede ocurrir con cualquier medicamento, por lo que señaló que las personas que sufrieron reacciones alérgicas graves a otras vacunas no deben tomar la vacuna de la farmacéutica de Pfizer.
Durante la conferencia de prensa se confirmó la llegada desde hace dos semanas de las pruebas rápidas de detección de antígeno a Ecuador y que Perú está en riesgo de tener una segunda ola de coronavirus.
Etienne también manifestó su preocupación por el nivel de inseguridad alimentaria que la pandemia ha traído a la región ya que actualmente cientos de miles de personas en américa Latina y el Caribe no saben cuándo llegará su próxima comida.
Mejorar el suministro de los productos médicos
El pasado lunes la Organización Panamericana de la Salud y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe convocaron un diálogo entre los sectores de la salud, la industria, y la ciencia y tecnología de la región.
El encuentro destacó que la pandemia de COVID-19 ha puesto en evidencia las “debilidades estructurales de los sistemas de salud en la región y las bases para repensar su desarrollo, así como la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministros, con la restricción de importaciones y la insuficiente disponibilidad de productos médicos y tecnologías de salud para cubrir grandes aumentos en la demanda”.
A estos factores hay que añadirle el escaso desarrollo y el “bajo nivel de sofisticación tecnológica” de la industria manufacturera de la salud regional, una situación que provoca una alta dependencia externa para este tipo de productos.
La Comisión estima que solo un 4% de las importaciones de productos médicos relacionados con la respuesta a la COVID-19 en América Latina y el Caribe tuvo como origen la propia región.
Los representantes de la Organización y la Comisión coincidieron en la necesidad de disponer de una nueva visión de políticas integrales que tenga en cuenta los objetivos y necesidades del sector sanitario e incentive su desarrollo industrial.
“El desafío es avanzar hacia un mercado regional integrado de medicamentos y otras tecnologías sanitarias, que esté fundado en redes de producción e investigación compartida entre países. De alcanzar la escala necesaria, este mercado podría reducir la dependencia externa y asegurar el acceso a los productos médicos necesarios para satisfacer la demanda regional”, destacaron.
*COVAX es un mecanismo codirigido por la Alianza Gavi para las Vacunas, la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación ante Epidemias y la Organización Mundial de la Salud. Su objetivo es acelerar el desarrollo y la fabricación de vacunas contra la COVID-19 y garantizar un acceso justo y equitativo a ellas para todos los países del mundo.
Hasta el Cesfam “Las Mercedes”, en la comuna de Estación Central, llegó la subsecretaria de Salud Pública, Paula Daza, para hacer un llamado a las personas sobre la importancia de consultar oportunamente, idealmente dentro de las 24 horas al momento de presentar los primeros síntomas asociados a COVID-19.
De acuerdo a estudios realizados por el Ministerio de Salud, un 50% de las personas estarían consultando después de las 48 horas de presentar síntomas de coronavirus. “En ese tiempo que las personas demoran en consultar podrían haber estado con tos, fiebre y otras sintomatologías asociadas al coronavirus, contagiando a otras personas y retrasando el proceso de trazabilidad y aislamiento”, dijo la subsecretaria, quien estuvo acompañada por la seremi de Salud RM, Paula Labra; la directora del Servicio de Salud Metropolitano Central, Dra. Patricia Méndez y la directora del Cesfam “Las Mercedes” de Estación Central, Dra. Ivonne Sanhueza.
El llamado es a consultar precozmente apenas inicien los síntomas de covid y se realicen el examen de PCR. Añadió también que “la consulta precoz y aislarse inmediatamente es una medida esencial para contener la pandemia. Consultar precozmente nos ayuda a disminuir la capacidad de contagio y diseminación del virus, además de iniciar oportunamente la trazabilidad”, enfatizó Daza.
En tanto la seremi de Salud, Paula Labra, reforzó el llamado de la Subsecretaria Daza al indicar que las personas sintomáticas deben recurrir enseguida al médico, pero también recordó la opción de testearse para los casos asintomáticos y la estrategia de Búsqueda Activa de Casos, la cual busca a través de móviles de testeo dispuestos en todas las regiones, testear gratuitamente con la finalidad de encontrar casos asintomáticos, pero que pudiesen estar contagiando. “En el caso de personas asintomáticas, acudan a nuestros PCR móviles que están desplegados en toda la región Metropolitana. La información de lugares y horarios está disponible en nuestras redes sociales”, indicó.
El llamado a consulta precoz para los casos sintomáticos y el recordatorio de los PCR móviles para casos asintomáticos, se ha dado a conocer por los seremis de Salud en todas las regiones del país.
Llamado al autocuidado y responsabilidad
La Subsecretaria Daza insistió también en la importancia de que las personas tomen conciencia de que estamos viviendo en un contexto de pandemia por lo cual “si queremos seguir avanzando, en el Plan Paso a Paso, necesitamos la colaboración de toda la ciudadanía y para esto, entre otras medidas, el respeto al cumplimiento de las medidas sanitarias es fundamental. En cuanto a los brotes o focos sabemos que, en general, estos se producen en las reuniones sociales y encuentros familiares. Por lo tanto es ahí donde hacemos un llamado a que las personas limiten y eviten las aglomeraciones”, expresó la autoridad recordando además que, a contar de este jueves, toda la Región Metropolitana se encontrará en el paso 2 (Transición) a partir del próximo jueves, por lo cual es importante considerar los aforos máximos permitidos, tanto en interior como exterior, enfatizando además que sábados, domingos y festivos aplica la medida de cuarentena.
La autoridad de salud recordó además que aquellas personas que, por diversas razones, no puedan realizar el aislamiento en sus hogares cuentan con la disponibilidad de acudir a Residencias Sanitarias. Para ello las personas deben llamar al 800726666 con la finalidad de coordinar su traslado, o de sus contactos estrechos, para realizar un aislamiento oportuno y seguro, resguardando todas las medidas sanitarias.