La importancia de una alimentación sostenible para el cuidado de nuestro planeta

Este miércoles 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente, una fecha instaurada para generar consciencia sobre nuestra alimentación y su impacto en el entorno natural que nos rodea. Gabriela Lankin, académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, explica por qué la forma en que cultivamos, producimos y consumimos nuestros alimentos se ha convertido en un tema central en el debate sobre la sostenibilidad.

El mensaje número 10 de las Guías Alimentarias para Chile, elaborado por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile, destaca la necesidad de proteger el planeta, cuidar el agua, evitar el desperdicio de alimentos, separar los residuos y reciclar. Este mensaje aborda la complejidad del proceso alimentario, que involucra múltiples etapas desde la producción hasta el consumo final y la eliminación de los desechos.

La agricultura, como principal proveedora de nuestros alimentos, representa una de las actividades humanas con mayor impacto en el medioambiente. Esta consume aproximadamente el 70% del agua dulce disponible y ocupa un 43% de la superficie del planeta sin desiertos ni hielo. Emite, además, cerca de un tercio de los gases con efecto invernadero producidos por la actividad humana (Guías Alimentarias para Chile, 2022). Sumado a esto, el uso de plaguicidas no solo afecta a los organismos no deseados, sino que también contamina las napas subterráneas, perjudicando la salud de diversos animales y plantas. De igual manera, el excesivo uso de envases para alimentos frescos y procesados contribuye al problema global de la contaminación por plásticos.

Recomendaciones para retrasar el sobregiro ecológico de Chile

Actualmente, estamos utilizando los recursos de la Tierra a un ritmo insostenible. Nuestro país, por ejemplo, alcanzó su sobregiro ecológico el 23 de mayo de este año, lo que significa que necesitamos casi dos planetas al año para satisfacer nuestras necesidades. ¿Cómo podemos contribuir a disminuir nuestro impacto sobre la Tierra? Gabriela Lankin, profesora titular del Departamento de Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile, sugiere varias acciones que los ciudadanos pueden tomar: minimizar el uso de plásticos, reducir la generación de residuos, compostar y disminuir el consumo de alimentos ultraprocesados, que además de pasar por procesos industriales que implican generación de gases con efecto invernadero, utilizan muchos envases, así como privilegiar el consumo de proteínas de origen vegetal sin descuidar la nutrición, o consumir la cantidad justa de carne, puede reducir significativamente las emisiones de CO2.“Alimentarse con alimentos frescos, locales y estacionales también puede disminuir la huella ambiental de nuestra dieta”, plantea Gabriela Lankin.

Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los individuos. “Los desafíos del Estado incluyen promover políticas públicas que fomenten la producción local de alimentos, mejorar la trazabilidad de los productos para reducir la huella de carbono del transporte y apoyar la adopción de prácticas agrícolas más sostenibles, como el riego eficiente”, afirma la profesora Lankin.

En última instancia, la transición hacia una alimentación más sostenible requiere un esfuerzo colectivo y coordinado en todos los niveles de la sociedad. Por ello, es crucial invertir en un tipo de educación que concientice a las personas sobre la cadena de producción de alimentos y, junto con ello, promover la producción autónoma de alimentos a pequeña escala. De esta manera, podríamos asegurar un futuro sostenible tanto para nosotros como para el planeta que habitamos.

Viñateros del Biobío se incorporan a la Mesa Tri-regional del Vino 

  • La mesa apunta a la coordinación entre el mundo público y privado para potenciar el sector vitivinícola, generando políticas que promuevan la innovación, la calidad del producto y el acceso a mercados.   

Con la incorporación de viñateros de la región del Biobío, se llevó a cabo la primera reunión de la Mesa Tri-regional del Vino, instancia de coordinación que inicialmente solo abarcaba a productores de las regiones de Ñuble y Maule.

La jornada, realizada en Quillón, permitió abordar demandas y necesidades de los productores vitivinícolas de las tres regiones, como también presentaciones desde el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) sobre los apoyos e instrumentos que se han puesto a disposición de los viñateros.

En ese sentido, la seremi Pamela Gatti, enfatizó en que “este encuentro de trabajo abordó, principalmente, materia de producción, denominación de origen, fiscalización y comercialización. También definir cuáles son las líneas estratégicas para desarrollar un trabajo en conjunto, a fin de dar una respuesta a las necesidades de los pequeños viñateros de la región del Biobío”.

De la instancia, participaron pequeños productores vitivinícolas de las tres regiones, representantes y directores de servicios públicos y privados, entre ellos, el subdirector nacional de INDAP, César Rodríguez; seremi de Agricultura, Pamela Gatti; directora regional de INDAP, Fabiola Lara; director regional del SAG, Roberto Ferrada y director regional de INIA Quilamapu, Javier Chilian.

Respecto a la incorporación de viñateros regionales en esta instancia, el subdirector nacional de INDAP, César Rodríguez, valoró la conjunción de los valles del mundo vitivinícola, como son Valle del Itata con Florida y Valle del Biobío en la provincia de Biobío.

“Para nosotros es muy importante porque abarca la diversidad de lo que significan los vinos patrimoniales y los vinos que están en manos de la agricultura familiar campesina e indígena. Resalta aquello en términos de calidad, en términos de lo que hoy día tenemos que lograr también como seguridad alimentaria y sobre todo también porque rescata patrimonio”, apuntó Rodríguez.

Mientras que Susana Ruiz, viñatera de la comuna de Florida y productora de Viña Los Troncos, explicó que “a los viñateros del Biobío nos cuesta un poco unirnos” y apuntó a la necesidad de apalancar recursos “para poder mejorar nuestra calidad de vinificación y presentación, poder promover y vender nuestros vinos, nuestra zona turísticamente también”.

Llamado a Programa de Desarrollo de Inversiones para viñateros

Desde INDAP informaron sobre el llamado especial del Programa de Desarrollo de Inversiones (PDI) por 43 millones de pesos, destinado a financiar proyectos relacionados al proceso de elaboración de vino, es decir: recepción y molienda de uva, movimiento de mosto y vino, vinificación, embotellado y etiquetado, entre otras.

“El objetivo de esta iniciativa es dotar a viñateros y productores de vino de la región del Biobío de activos productivos que les permitan mejorar sus procesos de producción y comercialización. Ya concluimos la etapa de postulaciones a este llamado y estamos en etapa de evaluación de proyectos”, señaló la directora regional de INDAP, Fabiola Lara.

El llamado contempló dos tipos de postulaciones, una especial de tipo asociativa correspondiente a Empresas Asociativas Campesinas (EAC), y la segunda para tipo individual, ya sea como personas naturales o bien como Empresa Individual de Responsabilidad Limitada (EIRL).

Cabe destacar que, durante 2023, INDAP destinó 1.680 millones de pesos a través de sus instrumentos de fomento para apoyar a 573 productores vitivinícolas entre Maule, Ñuble y Biobío, además de brindar asesoría técnica a 3.034 usuarios y usuarias de INDAP del rubro vitivinícola de las tres regiones congregadas a la mesa.

Más de 175 millones de hectáreas de tierras comunitarias no son reconocidas en América Latina y el Caribe 

  • En el Foro de la Tierra LAC 2024, se destacó que solo el 8,1% de las165 millones de hectáreas con presencia de pueblos afrodescendientes en la región son reconocidas legalmente.
  • FAO recomienda flexibilizar los mecanismos de financiamiento para regularizar los territorios de pueblos indígenas y afrodescendientes y que estos puedan manejar directamente los recursos.

En la tercera sesión del Foro de la Tierra LAC 2024, “Desafíos y buenas prácticas para el reconocimiento de los derechos territoriales de los pueblos indígenas y afrodescendientes”, Johana Herrera, directora del Observatorio de Territorios Étnicos y Campesinos de la Universidad Javeriana en Bogotá (Colombia) señaló que de acuerdo a datos recientes de RRI, existen 175,1 millones de hectáreas de tierras comunitarias cuyos derechos no están legalmente reconocidos en América Latina y el Caribe.

Ello, pese a que existen más de 397 millones de hectáreas tituladas a pueblos indígenas, afrodescendientes y comunidades locales. Además, solo el 8,1% de los 165 millones de hectáreas con presencia de pueblos afrodescendientes son reconocidas legalmente. El problema se agudiza porque las estrategias políticas son insuficientes para avanzar en su reconocimiento.

“Hay comunidades con derechos de acceso y usufructo otorgados por los Estados en tierras baldías, se les garantiza las actividades pero sin transferencia de derechos de propiedad, por lo que no hay una cesión real de derechos”, destacó Herrera.

En tanto, se calcula que los pueblos indígenas ocupan 404 millones de hectáreas en la región, es decir, alrededor de la quinta parte de la superficie total.

“Quisiera referirme a la Ley Forestal en Perú y lo que viene representando para  los derechos indígenas ya afectados por el impedimento que hay para el derecho territorial cuando son áreas nacionales o naturales protegidas”, dijo la especialista.

Karin Ericsson, Coordinadora Regional y Oficial de Programas para la Oficina de América Latina del Tenure Facility, explicó que, si bien existe un “marco legal progresivo” para la titulación de tierras en la región y existen buenas prácticas, aún hay una importante brecha en la implementación.

Ericsson explicó que la titulación de tierras es solo el primer paso para reconocer los aportes de las comunidades en sus territorios. En este sentido, subrayó que este proceso debe descansar sobre tres ejes: unidad de lucha entre los pueblos y apoyo a estos para que fortalezcan su autonomía y gobernanza propia, avanzar a nivel técnico y/o político de acuerdo a las posibilidades que ofrece el contexto y colaborar estrechamente con actores estatales, y reconoer el papel de los territorios indígenas y de pueblos afros en la conservación de la biodiversisdad.

“Tenemos una gran oportunidad este año con la COP 16 sobre biodiversidad. Se busca que el 30% del territorio se dedique a la conservación para el año 2030, y las organizaciones y pueblos de Colombia y el continente se están movilizando fuertemente para que los territorios indígenas sean reconocidos como espacios que contribuyen a la conservación, ahí podemos sumar fuerzas”, relató.

Orika: caso de estudio sobre derechos territoriales para América Latina y el Caribe

Un caso emblemático para la región es el de Colombia, uno de los países más biodiversos y pluriculturales del mundo, donde los avances del actual gobierno se han visto retrasados por la carencia de políticas públicas previas de reconocimiento de los derechos territoriales. Cristiam Guerrero, asesor en la Dirección de Asuntos Étnicos de la ANT (Agencia Nacional de Tierras), explicó que solo en el primer año del presidente Gustavo Petro se han formalizado 55 constituciones de Resguardo Indígena, frente a los 56 de todo el gobierno de Duque. También se han logrado 37 ampliaciones de Resguardo Indígena, frente a los 31 de todo el mandato predecesor. Sin embargo, ahora se encuentran con una escasa disponibilidad de territorios para titular.

“La disponibilidad de tierra en Latinoamérica es cada vez menor. Los procesos de concentración de la propiedad rural en la región impactan en el reconocimiento de derechos de tenencia de comunidades étnicas. Es por esta concentración que se han dado procesos de privatización de tierras tradicionales de comunidades étnicas, como las de los Orika”, añadió Guerrero.

Al respecto, Ever de la Rosa, integrante de la Junta Directiva del Consejo comunitario de la comunidad negra de la unidad comunera del gobierno rural de Isla del Rosario caserío Orika, manifestó que su comunidad se vio afectada porque, tras concedérsele sus títulos, hubo “poco acompañamiento por parte del Estado para que se pueda consolidar la administración y gobernanza de su territorio”.“No solo se debe titular el espacio donde se vive, sino también donde se desarrollan prácticas tradicionales de producción”, rescató. 

FAO: flexibilizar el financiamiento para regularizar los territorios de pueblos indígenas y afrodescendientes 

Amparo Cerrato, oficial de Tenencia de la Tierra de la Oficina Regional de FAO para América Latina y el Caribe (FAO RLC), presentó el policy brief “Recomendaciones para el reconocimiento y regularización de los derechos de tenencia de los territorios de pueblos indígenas y afrodescendientes en América Latina”.

Destacó que los gobiernos en la región deben trabajar para mejorar las condiciones para la regularización y tener un enfoque “más propositivo que reactivo” frente a los fallos internacionales donde se ha condenado a los estados por no respetar los derechos territoriales de pueblos indígenas y afrodescendientes, además de requerir el establecimiento de mecanismos de seguimiento para asegurar a nivel nacional e internacional el cumplimiento de dichas sentencias para garantizar los derechos de estos pueblos.

“Los gobiernos tienen esquemas muy formales que no permiten flexibilizar el financiamiento. Muchas veces no son realistas, por ejemplo pueden requerir una factura timbrada en territorios alejados, o que las comunidades estén legalizadas bajo figuras de institución jurídica para poder acceder a recursos”, detalló Cerrato. 

Foro de la Tierra Latinoamérica y Caribe 2024: Gobernanza territorial y soberanía alimentaria en tiempos de cambio climático

Los cambios de gobierno en Colombia, Brasil y Guatemala son determinantes para avanzar en la garantía de derechos a la tierra de pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes.

La gobernanza de la tierra en América Latina se ha visto afectada por recientes cambios políticos, algunos favorables y otros adversos, lo que tiene impacto sobre los derechos de la población indígena, campesina y afrodescendiente. A ellos se suman los efectos del cambio climático y las medidas que se instrumentan para hacerle frente.

 Como parte del Foro de la Tierra Latinoamérica y el Caribe (LAC 2024), que se desarrolla esta semana en la región en forma virtual, la coordinadora regional de International Land Coalition (ILC), Zulema Burneo, subrayó la relevancia de la tenencia segura de la tierra en un contexto de “grandes desafíos globales”, como la crisis climática y la necesidad de garantizar el suministro sostenible de alimentos.

La reunión, previa al Foro Global de la Tierra de Colombia 2025, cuenta con la participación de Michael Taylor, director de la Secretaría Global de ILD, coalición que tiene 290 miembros, de los cuales 106 son organizaciones de pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos, pastores, jóvenes o mujeres que representan directamente a más de 185 millones de personas de todo el mundo.

“La ILC es una red solidaria que trabaja en apoyo a la lucha por la tierra de organizaciones populares y pueblos, un pilar fundamental de la Estrategia 2030. Centra esfuerzos en brindar apoyo especial a estas organizaciones y reconoce su papel de representación en la toma de decisiones. Todos los miembros de la coalición apoyan genuinamente este liderazgo”, detalló Taylor. 

 “Vivimos en una civilización de muerte y destrucción de la Madre Tierra para el beneficio de unos pocos. Por eso, es importante tomar conciencia de que nuestras vidas dependen de las otras que habitan en la naturaleza. Es importante proteger la vida y defenderla pensando en las futuras generaciones”, destacó por su parte Melania Canales, representante de la Organización Nacional de Mujeres Indígenas Andinas y Amazónicas del Perú. 

En tanto, la vicepresidenta adjunta del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola, Jo Puri, remarcó la necesidad de asegurar los derechos a la tierra de los pueblos indígenas y comunidades para reducir la deforestación, de modo de hacer frente a la crisis climática mientras se impulsa una gestión de recursos más sostenible. 

 “Se reconoce a los pequeños agricultores como parte fundamental del sistema de producción de alimentos, [pues] son la columna vertebral de los medios de subsistencia para los hogares. El 90% de […] de las granjas en el mundo dependen hoy de la agricultura familiar. Debemos pensar en la importancia de los derechos de la tierra y la agricultura para abordar la crisis climática”, aseveró Puri.

“El derecho a la tierra, junto con el derecho al territorio, son las principales reivindicaciones actuales de los sujetos populares del campo, mientras se incrementan las disputas por recursos”, indicó por su lado Javier Lautaro Medina, de la Estrategia Colaborativa por la Garantía de los Derechos a la Tierra en Colombia.

Tres países en contextos de transformación

En Brasil, Guatemala y Colombia hay ahora gobiernos con sello progresista, pero los tres países arrastran problemas por las políticas agrarias de administraciones anteriores.

Durante la primera sesión del foro, titulado “Reformas y transformaciones agrarias en América Latina: avances en la democratización del acceso, uso y control de la tierra”, el director de Gestión Estratégica del Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria de Brasil (INCRA), Gustavo Noronha, advirtió sobre una catástrofe ambiental por el cambio climático en su país y por las políticas agrarias de los anteriores gobiernos, que han reducido el presupuesto y dificultado la consolidación de la reforma agraria.

“Si comparamos frente a valores de 2010, hay una gran diferencia. INCRA solo tiene el 10% del presupuesto. Tenemos que cambiar la ley para reconstruir la institución y reducir la burocracia para tener una mejor rectoría. A ello se suman problemas con el Congreso, el cual habla por ejemplo de cadena perpetua para defensores de la tierra”, sostuvo Noronha.

Alair Santos Silva, secretario de Reforma Agraria de la Confederación Nacional de Trabajadores Rurales y Agricultores Familiares de Brasil, explicó que otro gran desafío son los acaparadores de tierra en la región amazónica, “que ocupan [ilegalmente] grandes extensiones de tierra y luego piden que ésta se les regularice”.

Dijo también que “el gobierno debe contar con condiciones para enfrentar estas situaciones, mientras que el Congreso defiende la expansión de los agronegocios” que afectan a las comunidades.

Ana Glenda Tager, secretaria privada de la Presidencia del Guatemala, señaló que la firma del Acuerdo entre el gobierno y organizaciones campesinas permitirá reducir la conflictividad y la  criminalización de la lucha por la tierra en su país. No obstante, sostuvo que continúan los desalojos -vinculados en gran medida al accionar de la cuestionada fiscalía guatemalteca, que ha entrabado el proceso político y la gestión del nuevo presidente Bernardo Arévalo-, lo que promueve la ingobernabilidad. 

“En materia de desarrollo rural, se ha hecho una propuesta sobre cómo implementar la Política Nacional de Desarrollo Rural Integral, y la idea es poder territorializarla y trabajar desde ahí un desarrollo desde los mismos territorios y las prioridades que estos definan”, recalcó Tager. 

A su turno, Omar Jerónimo, coordinador de la Central Campesina Ch’orti’ Nuevo Día de Guatemala, dijo que el desplazamiento de jóvenes sin acceso a la tierra hacia Estados Unidos se ha vuelto un “negocio para el sector financiero”, dado que genera ingresos por remesas que llegan al 12% del PBI guatemalteco, casi superando las exportaciones.

El caso colombiano también ha mostrado avances, pero el camino por recorrer aún es largo. Yolis Correa, directiva de la Asociación de Zonas de Reserva Campesina, reconoció que pese a los esfuerzos del gobierno nacional todavía subsisten grandes retos para el acceso a la tierra y el reconocimiento efectivo de las territorialidades campesinas.

“Pasamos una pandemia que demostró que es el campesinado el que sostiene la base de la economía. Tenemos una agenda con acciones y propuestas, pero también población diversa que le cuesta quedarse en el campo. Se piensa que el campesinado está envejeciendo, pero no es así, no es que se quieran ir, sino que no hay oportunidades”, indicó Correa.

“Lecciones interesantes” 

Para los panelistas queda claro que sumar esfuerzos entre gobernantes y las organizaciones civiles es vital para reducir el impacto de la crisis climática y el desplazamiento forzado de las comunidades. Además, el panel consideró que se debe garantizar la soberanía alimentaria mediante una reforma agraria y sostenible que, en el caso colombiano, ponga foco en el acceso a tierras.

 “Los cambios que se están dando en Guatemala dejan lecciones interesantes, y las expectativas que se están generando en Colombia con el actual gobierno que cree en la transformación del sector rural permiten analizar las transformaciones agrarias en curso. De otro lado, la experiencia de Brasil es alentadora en términos de avances en materia de soberanía alimentaria y reforma agraria”, destacó Melissa Ramos, investigadora del Sistema de Investigación sobre la Problemática Agraria de Ecuador.

Sobre el Foro de la Tierra LAC 2024

Organizan: International Land Coalition América Latina y el Caribe (ILC LAC), Iniciativa Regional Tierra y ODS, Plataforma para la Defensa de la Tierra y el Territorio, Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra, Plataforma Defensoras y Defensores de la Tierra y el Territorio, Land Matrix Latinoamérica y el Caribe, Iniciativa Regional de Agricultura Familiar, Plataforma Semiáridos América Latina, Estrategia Colaborativa en Colombia por la Garantía de los Derechos a la Tierra y al Territorio, Coalición Nacional por la Tierra de Argentina – ENI Argentina

Organizaciones aliadas: Fundación Plurales, Observatorio Ciudadano, Instituto de Estudios Ecuatorianos (IEE), Red Nacional de Agricultura Familiar – RENAF Colombia, Confederación de Organizaciones de Productores Familiares del Mercosur Ampliado (COPROFAM), Oxfam, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Tenure Facility, DATALUTA, Church World Service (CSW), Comité de Impulso del Movimiento Agroecológico Colombiano (CIMAC) y y DAKI Semiárido Vivo.

Con inteligencia artificial desarrollan proyecto para optimizar la producción de arándanos

El docente de la Universidad del Bío-Bío, Dr. Cristhian Aguilera, es quien lidera esta iniciativa, que busca transformar el monitoreo y la gestión de cultivos, a través de la aplicación de tecnologías avanzadas con drones.

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en aliada crucial para el sector agrícola, específicamente en la producción de frutos. Un ejemplo de esto es lo que está desarrollando el Ingeniero Civil Electrónico y Doctor en Ciencias de la Ingeniería de la Universidad del Bío-Bío (UBB), Cristhian Aguilera, con un innovador proyecto denominado “Caracterización del proceso de cultivo de arándanos por medio de análisis de imágenes multiespectrales 3D y técnicas de aprendizaje profundo”, que busca transformar el monitoreo y la gestión de cultivos, a través de la aplicación de tecnologías avanzadas con drones.

Chile es uno de los mayores exportadores de arándanos a mercados de consumo como Estados Unidos, China, Australia y Europa, ya que es una fruta con propiedades antioxidantes altamente demandada, por lo que debe llegar madura y en buenas condiciones.

Es acá donde Aguilera dirigió su investigación y manifestó que “es un proyecto que apunta a tener un seguimiento y caracterización de los arándanos permanente, con entrega de información clave respecto del estado de madurez de los arándanos y apoyara a los procesos de planificación logística de la cosecha”.

El sistema funciona a través de imágenes capturadas por medio de un dron que recorre los cultivos en forma periódica, registrando desde la identificación inicial, hasta la maduración del fruto, con análisis de cada etapa del crecimiento, lo que genera una  información que se entrega en línea a la persona responsable, a través de una aplicación que ayuda a conocer el estado del arándano y determinar el punto óptimo para la cosecha final.

El docente de la UBB, dijo que “la información entregada por los sensores del dron en los cultivos de arándanos, además de la inspección visual del crecimiento y la estimación en producción, pueden alertar sobre posibles plagas o aspectos climáticos, como las heladas que pueden dañar el tejido floral de la fruta”.

Agregó que “esta iniciativa busca establecer sistemas de visión inteligentes que permitan a las cámaras capturar su entorno de manera multidimensional y multiespectral, tomando decisiones autónomas avanzadas, similar a la capacidad de un humano experto en la materia”.

La entrega constante de datos al sistema se presenta como un proceso de entrenamiento continuo para la IA, con mejoras progresivas. Esta práctica asegura que los dispositivos sean capaces de ejecutar modelos de manera fluida, sin problemas de rutinas de trabajo habituales, manteniendo un margen de operación confiable y eficiente.

Para el Decano de la Facultad de Ingeniería de la UBB, Patricio Álvarez, este tipo de proyectos 

permite transferir las capacidades de la Inteligencia Artificial directamente a una industria donde existen brechas de competitividad que pueden ser abordadas por medio de la innovación y el uso de la tecnología. “En esto radica nuestra oportunidad para que por medio del conocimiento que hemos desarrollado durante años, podamos agregar valor y competitividad a los procesos productivos de nuestras regiones”.

Esta iniciativa marca un hito para la UBB en la integración de la tecnología para mejorar la productividad agrícola, posicionando a la inteligencia artificial, como una herramienta indispensable en el camino hacia la agricultura inteligente.

Transformando la pesca artesanal desde las comunidades locales

Por Claudia Razeto
Directora Programa Caletas Sustentables
Fundación Chile

La sobreexplotación de los recursos marinos y el calentamiento global están provocando una reducción desmedida de las especies marinas. Hoy, Chile tiene más del 50% de sus pesquerías cerca del colapso, lo que se cruza con una alta vulnerabilidad social, dado que el 76 % de las caletas están en zonas rurales con altos niveles de pobreza y precariedad.

Desde la experiencia del Programa Caletas Sustentables, desarrollado por Fundación Chile desde 2019, comprobamos que la única forma de transformar la pesca artesanal es contribuir a la salud de los ecosistemas oceánicos, proporcionando mayor seguridad social y económica a las comunidades costeras. En este contexto, el instalar capacidades en quienes viven y trabajan en el territorio, permite efectivamente que las soluciones sean sostenibles en el tiempo, generando un círculo virtuoso incluso para toda la comunidad que se desenvuelve en torno a la actividad.

Hasta la fecha, los más de 13 proyectos implementados entre las regiones de Aysén y Antofagasta dan cuenta de la conciencia que existe entre la mayoría de las y los pescadores sobre la disminución en la disponibilidad de recursos en el mar y de lo necesario que es generar un cambio en la actividad, para asegurar la subsistencia del oficio para las próximas generaciones.

Concretamente, es fundamental impactar desde 3 líneas de acción; Instalando modelos de desarrollo colaborativo entre diversas organizaciones públicas y privadas, incorporando a las comunidades locales como eje central. El segundo, y desde el enfrentamiento a los efectos del cambio climático, impulsando prácticas pesqueras que promuevan el resguardo y/o recuperación de especies comerciales sensibles, y finalmente, fomentando la producción sostenible aumentando la eficiencia productiva y comercial.

En esta misma línea, es que al año 2030 el programa seguirá sumando comunidades costeras a la iniciativa, además de abordar acciones que apuntan a nuevos desafíos como el mejorar las condiciones de comercialización de los recursos pesqueros, fortalecer la oferta y potenciar modelos asociativos para el uso de infraestructura y equipamiento en caletas; entre otros.

Microbiología ayudará a agricultores a mejorar captación de agua

  • Cerca de 180 agricultores de la Región de Valparaíso participarán en un ciclo de talleres, impulsados por el Centro ANID CERES, en que abordarán el uso de microorganismos para mejorar la captación de agua en sus suelos productivos. Esta innovadora idea propone basarse en las soluciones que entrega la naturaleza, utilizando hongos micorrícicos arbusculares, conocidos por sus grandes beneficios para el suelo y las plantas.

El cambio climático global ha causado una serie de consecuencias, entre ellas, la disminución de precipitaciones. Un elemento fundamental para la agricultura de secano y que, dada la actual escasez hídrica, ha significado incontables pérdidas productivas y naturales. Por eso mismo, en el marco del proyecto FIC-R “Diseños hidrológicos basados en la naturaleza para el almacenamiento y uso eficiente del agua”, Centro Regional Ceres ha propuesto la implementación de tres labores agroecológicas orientadas a usar de manera eficiente el recurso hídrico.

Una de estas labores es el uso de consorcios microbianos, conformados en su mayoría por hongos micorrícicos arbusculares, bacterias y levaduras, los que en conjunto cumplen una función crucial para la nutrición vegetal de los cultivos y, a su vez, en la captura y uso eficiente del agua. Así lo confirma el Dr. Pablo Cornejo, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), asegurando que su asociatividad a nivel de suelo con los cultivos “favorece el acceso al agua que normalmente no está disponible”.

A su vez, este proyecto contempla el desarrollo de una serie de talleres que capaciten a las y los agricultores en la adopción de prácticas agroecológicas, como lo son la implementación de terrazas y coberturas forrajeras multiespecie. Estas dos ya han sido facilitadas en siete predios de la Región de Valparaíso, alcanzando a más de 180 agricultores. Próximamente, iniciarán la tanda de jornadas participativas que buscan transferir los beneficios de estos microorganismos para sus sistemas productivos.

“Queremos que conozcan un componente en el suelo que no es tan reconocido y que aprendan su uso adecuado para la aplicación de estrategias que les permita multiplicar estos microorganismos a mayor escala”, detalla Cornejo, quien además liderará los encuentros en cada uno de los predios participantes.

Por el momento, Ceres se encuentra realizando un análisis de las micorrizas obtenidas en los predios partícipes del proyecto financiado por el Gobierno Regional de Valparaíso. Con esta extracción, un equipo de investigadores espera multiplicarlas, usando plantas trampas que finalmente permitirán inocular los predios con los microorganismos beneficiosos para cada sistema productivo.

Fuente: CERES

Datos satelitales abiertos permiten desarrollar modelo que conecta polinización y terrenos con potencial agrícola

  • El estudio corresponde a Laura Pérez, doctora en ecología y postdoctorante del Centro ANID Data Observatory, quien desarrollará hasta 2025 un estudio que espera arroje como resultado un modelo de conectividad ecológico en paisajes agrícolas.

Un innovador estudio que utiliza datos satelitales abiertos ayudará a desarrollar un modelo que integra la presencia de insectos polinizadores y la restauración de predios agrícolas. El estudio es de Laura Pérez, doctora en Ecología y Biología Evolutiva y postdoctorante de Data Observatory, Centro ANID, quien desarrolla hasta el 2025 esta investigación para una mejor toma de decisiones en agricultura y apicultura de zonas degradadas en Chile.

Especializada en servicios ecosistémicos especialmente en el de polinización, la científica de datos colombiana, y radicada por una década ya en Chile, creará un modelo geoespacial que permitirá evaluar zonas con potencial de restauración en el bosque nativo y conservar sus agentes polinizadores para planificar de una forma más sustentable la producción agrícola.

«Si bien en Chile existe un proyecto de restauración ecológica para agricultores, es importante disponer de datos que permitan concentrar esfuerzos y recursos en aquellos predios con mayor potencial y que permitan conservar polinizadores como abejas nativas, moscas florícolas, entre otros; evitando que los monocultivos perjudiquen la diversidad de estos insectos», explica la investigadora de Data Observatory.

La crisis climática actual ha demostrado que la biodiversidad es esencial para el buen estado de los servicios ecosistémicos y por ende para la sostenibilidad de la población humana. El crecimiento de la población ha llevado a un aumento de diversas actividades tales como la urbanización, el desarrollo de infraestructura y la expansión agrícola; que unidas, han contribuido a la pérdida de biodiversidad debido a la formación de parches o fragmentos de hábitats pequeños y aislados, generando paisajes poco diversificados y estructuralmente pobres, con baja resiliencia frente a los cambios ambientales.

En la actualidad cerca del 40% de la superficie terrestre libre de hielo se usa para la agricultura, lo que implica grandes desafíos considerando los efectos del cambio climático. Según datos de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), en Chile cerca del 75% de los cultivos de frutales tienen algún nivel de dependencia de la polinización, por lo tanto, la disminución en la comunidad de insectos representa un riesgo para la producción agrícola, razón por lo que se ha enfatizado la conservación de los polinizadores nativos para mantener y estabilizar la polinización.

Laura Pérez asegura que la reducción de hábitats ha limitado el movimiento de polinizadores y polen a través de parches de hábitat aislados, y eventualmente generan un fenómeno conocido como «limitación del polen», disminuyendo la viabilidad de las poblaciones de plantas.

Los polinizadores dependen de la presencia de flores silvestres y al aumentar los parches de vegetación natural se puede mejorar la conectividad y de esta forma generar una mayor estabilidad de este servicio ecosistémico. Medir la pérdida o ganancia de los servicios ecosistémicos a nivel del paisaje es fundamental, ya que estos ayudan al rendimiento y la protección de sistemas agrícolas.

“La agricultura necesita de ecosistemas sanos y con biodiversidad abundante para mantener la producción de alimentos en el largo plazo y disminuir su vulnerabilidad ante el cambio climático. Para Odepa son muy importantes estas iniciativas que permiten avanzar hacia un sector más sustentable, que tengan como centro la producción de alimentos. Para la formulación de políticas públicas en el sector agrícola, la vinculación con la ciencia nos permite tener insumos clave para entender el funcionamiento de los agroecosistemas y cómo distintas prácticas y formas de manejo pueden, no solo disminuir el impacto ambiental de la producción, sino ayudar a conservar y mejorar los recursos naturales y la biodiversidad que forman parte de los sistemas, y que a su vez son la base de la producción”, sostiene María José Pizarro, Jefa del Departamento de Sustentabilidad y Cambio Climático en ODEPA.

«Identificar los lugares con mejor restauración de la conectividad agrícola, ayudaría no solo a una mayor y mejor polinización, sino también al control de plagas, a un mejor uso del recurso hídrico, y al uso eficiente de sitios baldíos. Asimismo, los apicultores sabrían basados en datos satelitales abiertos y confiables, dónde ubicar sus colmenas con un mejor rendimiento», añade la investigadora de Data Observatory.

Paula Díaz, Directora Ejecutiva del DO, añade que «en la actualidad, la teledetección puede ayudar a evaluar los impactos de esta relación entre polinización y territorio, y podría ayudar a modelar la capacidad de respuesta de los cultivos y sus rendimientos ante diferentes escenarios climáticos, así como desarrollar estrategias más efectivas en la planificación y gestión de los paisajes agrícolas, con el objeto de maximizar los rendimientos y la prevención de pérdidas ante eventos climáticos. Este es un proyecto que evidencia el impacto económico y social de la ciencia de datos aplicada, uno de los pilares estratégicos de Data Observatory».

Fuente: DO

Agricultora de Santa Juana recibe reconocimiento como “Mujer Agroinnovadora” del Biobío

Se trata de la productora de ají y merquén, Inés Olate, quien fue destacada por la Fundación de Innovación Agraria, FIA, del ministerio de Agricultura.

Emocionada y contenta estaba Inés Olate Moreno, agricultora de la comuna de Santa Juana, al recibir el reconocimiento regional como “Mujer Agroinnovadora” de la Fundación para Innovación Agraria, FIA, del ministerio de Agricultura.

Con este importante premio se promueve una mayor presencia y participación de las mujeres en el ecosistema de innovación del sector silvoagropecuario y la cadena agroalimentaria. A la vez, esta productora de ají y merquén de la Cooperativa Catirai encarna el profesionalismo, trayectoria, creación de valor, impacto territorial y capacidad de inspiración.

Por eso, Inés Olate, quien también es usuaria de INDAP Biobío, manifestó que “es súper importante recibir este reconocimiento, reconocerla a uno como trabajadora, algo que uno no se espera de acá de un pueblo pequeño. Este es un trabajo que siempre he realizado, que no es algo nuevo, sino que toda la vida se ha conocido el ají y el merquén en Santa Juana, pero en la forma que nosotros lo trabajamos, cuidamos nuestras semillas, es lo que da un producto final distinto, es lo que nos ha dado a conocer en todo Chile”.

Para recibir la noticia, donde se le entregó un galvano por su premio, se llevó a cabo una ceremonia en Santa Juana, en la cual estuvo presente la directora ejecutiva de FIA, Francine Brossard, en compañía de la seremi de Agricultura, Pamela Gatti; alcaldesa de Santa Juana, Ana Albornoz; directora regional de INDAP, Fabiola Lara, equipos de Prodesal y FIA.

En ese sentido, la directora Francine Brossard, destacó que “FIA hace un concurso nacional para destacar mujeres innovadoras en cada una de las regiones. Y acá, entonces, tenemos a Inés. Ella ganó este premio como “Mujer Agroinnovadora” de esta región (Biobío). Ella va a ser nuestra embajadora y va a tener que incentivar a muchas otras mujeres para que también se entusiasmen con lo que significa la innovación en el sector silvoagropecuario”.

“Como gobierno del Presidente Gabriel Boric estamos comprometidos en diseñar instrumentos y generar acciones que contribuyan a disminuir las brechas existentes para la participación de las mujeres en materia de innovación y abrir así nuevas oportunidades en post de una mayor equidad de género en el sector silvoagropecuario regional”, manifestó la seremi de Agricultura, Pamela Gatti.

Mientras, que la alcaldesa de Santa Juana, Ana Albornoz, valoró que “para nosotros es un orgullo. A nombre de todas las mujeres santajuaninas agradecemos la distinción a Inés Olate. Es súper importante trabajar el género desde la agroecología. Recordemos que Santa Juana produce el 36,7% de los alimentos que consume la región del Bío Bío agroecológicamente”.

Con este reconocimiento se destaca y visibiliza el aporte que hacen las mujeres a los procesos de innovación, crecimiento y fortalecimiento en la actividad agraria del país.

Estudio analiza desafíos de la agricultura sostenible y las preocupaciones ambientales y alimentarias de chilenos y chilenas

Investigadores chilenos junto al experto en suelos y Premio Nobel de la Paz 2007, Dr. Rattan Lal, desarrollaron trabajo que fue publicado en la revista científica Environment, Development and Sustainability, y que abordó la agricultura sostenible y su nexo con el mercado, la sociedad y la política.

El estudio consideró una encuesta a 333 chilenos. De ese total, un 97% advirtió que preferiría consumir alimentos sustentables si tuvieran un menor costo o un precio similar a los productos convencionales.

Lograr alimentar a 8 mil millones de personas en el mundo, sin dañar al planeta, es uno de los grandes desafíos que aborda la agricultura sostenible. Sin embargo, pese a las innumerables investigaciones que abogan por una agricultura más ecológica, la transición hacia prácticas amigables con el medioambiente ha sido lenta, tema que preocupa enormemente a la comunidad científica.

Erosión de suelo, pérdida de biodiversidad y de beneficios ecosistémicos, contaminación, desbalance de nutrientes, alteración del ciclo del agua, cambio climático, se asocian directamente a la producción de alimentos en todo el mundo. Esto, a pesar de que hace más de 30 años se advierte de las consecuencias negativas de la agricultura intensiva, el  modelo productivo imperante usado como estrategia de seguridad alimentaria para la población humana en constante expansión.

Con el fin de abordar los desafíos e implicancias de una verdadera agricultura sostenible, y su vínculo con la sociedad, el mercado y la política, es que un grupo de investigadores realizó un estudio que fue publicado en la revista científica Environment, Development and Sustainability. Este trabajo estuvo liderado por científicas y científicos del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), el Centro Regional de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y los Territorios Rurales (CERES), la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y el Center for Carbon Management and Sequestration, en EE.UU.

Entre los autores destaca la participación del Premio Nobel de la Paz 2007 Dr. Rattan Lal, quien formó parte del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, institución global que ganó esta máxima distinción.

Agricultura sostenible

La agroecología, la intensificación ecológica y la agricultura orgánica y regenerativa, son algunas de las líneas que prometen “sostenibilidad”. Si bien cada una de ellas hace aportes, los autores concluyen que lo más relevante es incorporar un enfoque de paisaje en lugar de uno predial, que considere una mirada ecosistémica, con mayor escala espacial, y respeto a la biodiversidad. Las conclusiones de este trabajo se realizaron luego de analizar diferentes sistemas agrícolas en el mundo.

“No hemos cumplido con la meta de satisfacer el hambre del planeta. Tenemos 800 millones de personas que sufren de hambre y también tenemos un número importante de personas con malnutrición. Para enfrentar este desafío necesitamos que la agricultura realmente adopte transformaciones. La intensificación ecológica y la agroecología son las dos grandes prácticas que más se acercan a la sustentabilidad, las que a su vez requieren incluir este enfoque de paisaje, más allá del predio de cultivo, considerando a la propia biodiversidad colindante, como una solución basada en la naturaleza”, asegura Juan Luis Celis, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Algunas estrategias y herramientas de intensificación ecológica consideran, por ejemplo, la utilización de corredores biológicos con vegetación nativa en zonas de cultivo o en sus bordes, que favorecen la existencia de una mayor biodiversidad. De esta manera, se puede atraer a polinizadores nativos, aves u otras especies que ayudan naturalmente a polinizar los cultivos o controlar plagas y optimizar la producción de los cultivos.

Encuesta a chilenas y chilenos.

De acuerdo a estos desafíos, el equipo investigador decidió analizar la percepción de estas prácticas y preferencias alimentarias, desde la mirada de las y los consumidores. En ese contexto, el trabajo estableció que a partir de la década de 1990, las personas empezaron a tomar conciencia de los impactos ambientales negativos de la producción de alimentos, considerándose agentes activos en la cadena alimentaria.

En esa línea del estudio, se desarrolló una encuesta a fines del 2021, recogiendo la opinión de 333 chilenas y chilenos. Las y los participantes, fueron reclutados principalmente a través de diversas ONGs, asociaciones de productores, municipalidades, INDAP y otras instituciones. Los resultados arrojaron que un 79% de las personas encuestadas consideraba que la agricultura convencional (intensiva) ha afectado negativamente al medio ambiente. Un 97% afirmó que preferiría comprar alimentos respetuosos con el medio ambiente en lugar de los convencionales si tuvieran el mismo precio. En cuanto a los atributos de los alimentos ecológicos, los más deseados se relacionan con no utilizar compuestos químicos sintéticos en las plantas u otros alimentos, es decir, que fueran productos orgánicos, y libres de pesticidas y otros productos artificiales.

Pese a estas preferencias, los resultados mostraron que el 41% de las y los encuestados consideraba el precio como el problema más crítico para comprar alimentos ecológicos. Por otra parte, el 39% señaló que los alimentos ecológicos eran difíciles de identificar o que no estaban fácilmente disponibles en el mercado.

“Lo que más nos llamó la atención en este trabajo, es que el precio es la variable más importante para las personas, al momento de tomar una decisión ambiental y alimentaria.  Y eso, sin duda, nos pone un enorme desafío por delante, que es masificar estos sistemas de producción amigable, para que sean accesibles a todas las personas y no solo a una elite. Dentro de los resultados de la encuesta, también que nos dimos cuenta que la gente sí percibe los problemas ambientales relacionadas a la producción de alimentos, y que sus decisiones también están influenciadas por los problemas de salud que puedan generar a nivel individual”, explica Celis.

Otro aspecto destacado en la encuesta, es que las personas sí tienen conciencia de la relación entre la salud humana, el ecosistema y la producción de alimentos, concepto  conocido como “Una Salud”, pero eso no es determinante al momento de adquirir un producto. Degradación de suelos, alto consumo de agua, contaminación ambiental y pérdida de biodiversidad, son algunos de los temas reconocidos.

“Sobre este último enfoque también debemos avanzar como sociedad, ya que sabemos que si tenemos ecosistemas saludables, también tendremos mejor calidad de vida y personas más sanas también”, comenta el investigador del IEB.

Pero, ¿cómo poder encaminarse hacia esa transición más sustentable en nuestro país? Juan Luis Celis, declara que es relevante trabajar a diferentes niveles, e incrementando la conexión entre la investigación científica, la divulgación, la gobernanza y los sistemas productivos.

“La gente sabe que comer una fruta es algo natural, pero no hay una asociación de cómo se produce esa fruta. Y creemos que ahí hay que hacer un trabajo interesante y como puente entre la investigación y la extensión. Por otro lado, es importante mencionar que existe una injusticia ambiental en esta área, y que con incentivos tributarios económicos y una mejor gobernanza se podría ayudar a nivelar la cancha. Otro aspecto a mejorar es implementar sistemas efectivos de certificación, que incluyan a la biodiversidad y su conservación como una variable fundamental, y una solución basada en la naturaleza”, finaliza el científico.

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