Hanta Virus: ¿zoonosis estacional?

Sara Contreras Sandoval
Directora de Escuela de Enfermería
Universidad Andrés Bello, Concepción

Hace unas semanas un interno de la Cárcel El Manzano de Concepción fue contagiado de Hantavirus, luego de que se encontraron fecas de ratón en un taller donde trabajaba, lo que nos recuerda que las enfermedades que se producen por Hanta Virus pueden presentarse antes del período estival característico, sobre todo si consideramos las modificaciones en el hábitat del roedor portador del virus por causas climáticas o producidas por el hombre.

El Hantavirus, una zoonosis con una letalidad cercana al 40% en Chile, sigue siendo una amenaza desde que se registraron los primeros casos en 1995, cuando las letalidades alcanzaban entre 60 y 80% por el Síndrome Cardio Pulmonar por Hantavirus, la forma más grave de la infección. Este virus es transmitido por el ratón de cola larga (Oligoryzomis Longicaudatus), que habita en zonas con un 70% de malezas y arbustos, cerca de fuentes de agua. Anualmente se diagnostican entre 40 y 60 casos, con un aumento en verano debido a la afluencia de personas a zonas rurales donde el roedor vector está presente.

Los grupos de mayor riesgo son los trabajadores agrícolas, forestales y aserradores, las personas que comparten el hábitat del ratón silvestre; también aquellas que trabajan en áreas rurales y permanecen en ella en condiciones precarias y quienes realizan actividades de limpieza en el campo. En el turismo, quienes van de picnic o acampan al aire libre o en zonas de camping o se alojan en albergues, cabañas o lugares que han permanecido cerrados.

El roedor portador expulsa por vía urinaria, fecal y también en saliva el virus y lo adquirimos cuando son inhalados los aerosoles que emanan de las deposiciones del ratón, también por respirar pequeñas gotas frescas o secas o aire contaminado con saliva, orina o excrementos de un ratón infectado. A esto se suma ingerir alimentos o agua contaminados, tener contacto directo con excrementos o secreciones de ratones infectados (por ejemplo, tocar ratones, vivos o muertos, con las manos descubiertas; contacto directo de heridas con ratones o su orina, saliva o heces) o tocar cualquier objeto donde haya sido depositado el virus (herramientas, utensilios, muebles, ropa) y luego acercar la mano a la nariz, ojos o boca. Ser mordido por un ratón infectado o tener contacto íntimo o estrecho con un paciente especialmente durante los primeros días de infección, antes de la presentación de los síntomas.

La sintomatología característica es similar a la gripe común. El enfermo presenta inicialmente un alza brusca de temperatura, mialgia, cefalea, malestar general, dolores abdominales y musculares y náuseas y vómitos. Posteriormente los síntomas se agudizan y se agrega dificultad para respirar, causada por acumulación de líquido en los pulmones. Si presenta estos síntomas, especialmente si ha estado expuesto directa o indirectamente a roedores en las últimas seis semanas, debe consultar al centro de urgencia o establecimiento de salud más cercano para diagnosticar la infección viral y controlar la eventual enfermedad.  El establecimiento debe notificar el caso al Servicio de Salud correspondiente, donde se llevan a cabo las acciones tendientes a proteger a sus contactos más cercanos y al resto de la comunidad, así como a desinfectar la vivienda o edificio involucrado.

Para prevenir riesgos, es importante ventilar habitaciones cerradas durante 30 minutos antes de ingresar, mantener las malezas cortadas y despejar desechos a 30 metros de las viviendas, y sellar aberturas mayores a medio centímetro en edificios. Al limpiar se debe usar mascarilla y evitar levantar polvo contaminado. Para quienes realizan actividades al aire libre en áreas con roedores, se recomienda usar caminos habilitados, no recolectar leña ni frutas silvestres, acampar en lugares limpios sin evidencia de roedores, y usar carpas bien selladas con piso.

Debido a que no existe a la fecha un tratamiento específico para esta enfermedad, el diagnóstico precoz y oportuno sigue siendo la mejor manera de enfrentar los casos y por lo mismo, la prevención sigue siendo el arma más importante, porque el virus es muy lábil y se destruye con sustancias desinfectantes y la exposición a la luz solar.

“Ciencia y Chocolate” te invita a aprender sobre el pasado verde de la Antártica

La charla presencial “De bosques a glaciares: la historia oculta de la Antártica” estará a cargo del paleobotánico Thièrs Wilberger y se realizará el 30 de octubre a las 18:30 horas en la sede principal de INACH (Plaza Muñoz Gamero 1055). 

El miércoles 30 de octubre a las 18:30 horas, el Instituto Antártico Chileno (INACH) ofrecerá una nueva actividad abierta y gratuita a la comunidad magallánica correspondiente a su ciclo educativo “Ciencia y Chocolate”con la presentación de la charla “De bosques a glaciares: la historia oculta de la Antártica” a cargo del biólogo y paleobotánico brasileño Thièrs Wilberger.

La charla, que tendrá lugar en el hall del edificio principal del INACH en Plaza Muñoz Gamero 1055, abordará aspectos desconocidos del pasado de la Antártica, cuando el continente más frío del planeta era un territorio cubierto por frondosos bosques por donde habitaban dinosaurios, mamíferos prehistóricos y reptiles marinos en las aguas que lo circundaban. 

“Exploraremos un fascinante capítulo de la historia geológica del continente más frío del planeta. La Antártica fue un vasto territorio verde, hogar de densos bosques y diversa vegetación. A través de la paleobotánica y el estudio de fósiles de plantas, se reconstruyen los paisajes que existieron hace millones de años, revelando un clima mucho más cálido que el actual. Abordaremos cómo estos cambios drásticos en la flora y el clima de la Antártica se relacionan con la evolución del sistema climático global y qué enseñanzas pueden ofrecer para entender de mejor forma la crisis climática actual”, menciona  Wilberger. 

A su vez, este recorrido por el pasado oculto de la Antártica brinda una oportunidad para reflexionar sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas frente a las transformaciones climáticas y la importancia de preservar nuestro entorno para el futuro.

Thièrs Wilberger, especialista en paleobotánica, investiga desde 2002 fósiles de plantas, flores, helechos y coníferas, especialmente de Antártica y Sudamérica. Ha colaborado en proyectos del Programa Nacional de Ciencia Antártica (Procien) que estudian la historia geológica y climática de estas regiones, además de investigar los cambios climáticos que ocurrieron durante el Cretácico. Estos últimos meses, él ha estado colaborando en el proyecto del bosque antártico del INACH que será parte del Centro Antártico Internacional (CAI). Dicha iniciativa busca recrear el pasado verde de la Antártica y dar a conocer su importancia en la historia climática global. 

«Ciencia y Chocolate» es una iniciativa mensual que busca acercar la ciencia antártica a la comunidad magallánica. Además de las presentaciones de investigadoras e investigadores del INACH, este evento ofrece la oportunidad de conocer el trabajo de otras instituciones asociadas al Procien. En un ambiente ameno, las y los asistentes disfrutarán de una taza de chocolate caliente mientras aprenden sobre los descubrimientos más recientes en la región polar.

El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía.

Profesionales del INACH fueron capacitados en primeros auxilios por personal del SAMU

En el marco de la LXI Expedición Científica Antártica (ECA 61) que llevará a cabo el Instituto Antártico Chileno (INACH), profesionales de este servicio fueron capacitados por el Sistema de Atención Móvil de Urgencia (SAMU) dependiente del Servicio Salud de Magallanes, recibiendo durante dos días conocimientos en temáticas tales como: tratamiento de traumas, evaluación de la escena, reanimación cardiopulmonar, uso de un desfibrilador automático, tratamiento de heridas, enfermedad por descompresión e inmovilización con férulas.

El subdirector técnico del INACH, Andrés López, informó que “estos cursos resultan de suma relevancia para la preparación de la Expedición Científica Antártica que comenzará en los próximos días. Estos conocimientos entregados por personal altamente capacitado nos permite enfrentar los desafíos logísticos y climáticos de una mejor manera.”

“Es un excelente curso como conocimiento general, muy completo y sin duda es de mucha ayuda antes de partir al Continente Blanco”, añade Réne Quinán. Asimismo, Constanza Mendoza apuntó que “lo mas interesante de esta capacitación del SAMU fue que las actividades prácticas fueron muy atingentes con situaciones que pueden ocurrir al trabajar en terreno”.

Especialistas analizan riesgos de los tratamientos de “desintoxicación natural” que podrían llevar a la muerte

Loreto Aguilera

El caso de una mujer fallecida tras un tratamiento con sustancias naturales en Pirque puso en la palestra los peligros del consumo de productos no regulados y sin supervisión profesional. Académicos UdeC analizaron las graves consecuencias para el sistema nervioso y la salud en general al incurrir en estas prácticas. 

La muerte de una mujer en Pirque, causada por la ingesta de un líquido de origen natural vinculado al tabaco y la ayahuasca durante un «tratamiento» dirigido por alguien que se presentaba como terapeuta natural, genera preocupación entre los expertos. 

El consumo de estos y otros compuestos como una forma de “desintoxicación natural” es cada vez más popular, muchas veces sin dimensionar los posibles daños que pueden causar en el cuerpo. El Decano de la Facultad de Ciencias Biológicas, Dr. Jorge Fuentealba Arcos, explicó que, mediante la extracción con líquidos (similar a lo que hacemos al preparar té o café), se produce un concentrado de la planta seleccionada. 

El también Doctor en Farmacología detalló que, químicamente, lo que se logra es afectar el sistema nervioso central y periférico, incluyendo efectos como bradicardia, aumento de la movilidad gastrointestinal, y la posibilidad de provocar colapsos hemodinámicos (alteraciones de presión muy fuertes).

“Nos están tratando de vender la idea de que, si es algo natural, es mucho más seguro o beneficioso que algo que no es natural. Pero esa es una idea incorrecta, porque muchas veces en la naturaleza hay cosas que son altamente tóxicas sin ni siquiera procesarlas”, advirtió el académico. 

Redes sociales y el internet en general,  evidencian lo fácil que es adquirir productos como plantas y hongos para su consumo, elementos que en su mayoría, prometen la eliminación natural de toxinas del organismo. “Es un ámbito que está completamente libre, no regulado. Las personas que adquieren estos productos realmente no tienen una certeza de lo que están recibiendo, de lo que van a consumir, si realmente es lo que dice ser, y ni siquiera la concentración y las cantidades, por lo tanto, se pone en riesgo la vida”, evidenció el toxicólogo y académico de la Facultad de Farmacia, Dr. Claudio Müller Ramírez.

El docente reflexionó sobre el uso de diferentes elementos naturales por culturas amazónicas, principalmente en Brasil, Bolivia, Perú y Ecuador, añadiendo que “el problema es que no hay un procedimiento estandarizado, entonces se corre el riesgo de que cada vez se obtenga más o menos de estos productos, no hay una dosis específica ni controlada que puedan consumir estas personas que se someten a estos ritos”. Una opinión que comparte el Dr. Fuentealba, quien advirtió que “no tener el control de la cantidad de moléculas activas que uno va a ingerir, es un riesgo mortal”.  

Por lo mismo, ambos profesionales son enfáticos en la importancia de la asesoría profesional. No se trata de demonizar lo natural, sino de buscar orientación de personas capacitadas en temas de salud, como farmacéuticos, médicos y otros especialistas. “La ritualidad nunca debe ejercerse para poner en riesgo la salud de las personas”, recomendó Fuentealba, recordando el dicho «‘el veneno lo hace la dosis’, no el principio activo». 

El Dr. Müller reportó que los productos naturales, incluso los que se encuentran a la venta en lugares establecidos, son los que menos regulaciones tienen en el país, si es que los comparamos con medicamentos. Por eso, recomendó la atención profesional, el buen cálculo de las dosis y la observación de los efectos que provoque el compuesto en cada paciente, especialmente si tiene alguna patología de base.  

María Teresa Ruiz y José Maza, Profesores Eméritos U. de Chile: “Cerro Calán es lo más permanente que hemos tenido en la vida”

Hace seis décadas ingresaron a la Casa de Bello como estudiantes y desde entonces han construido una vida en torno a ella. Compartieron clases, largas noches de observación astronómica, crearon cursos innovadores, recibieron consecutivamente el Premio Nacional de Ciencias Exactas, y el pasado 21 de agosto fueron nombrados Profesores Eméritos juntos. En esta entrevista, repasan su historia y el profundo lazo que mantienen con la Universidad de Chile.

Las noches de observación en los telescopios del Observatorio Astronómico Nacional de Chile, ubicado en las dependencias del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile en Cerro Calán, a María Teresa Ruiz y José Maza se les hacían largas. Tomaban café, pero mantenerse despiertos era un desafío. Por eso, a veces, sacaban cuentas. El profesor Maza tomaba un lápiz y calculaba: ¿podríamos, como país, llegar a tener 200 astrónomos? 

“Hagamos algo más razonable”, respondía la profesora Ruiz, y proponía que pensaran cuántos estudiantes tenían que entrar por año para llegar a tener 30 o 40 astrónomos en Chile. “Y bueno, sin darnos cuenta, cerramos los ojos un día y cuando los abrimos hay… ¿cuántos? ¿200 astrónomos y astrónomas?”, dice la académica hoy, en la oficina del director del Departamento de Astronomía, que ella misma utilizó entre los años 2001 y 2005, cuando estuvo a la cabeza de la unidad.

Junto a ella, como casi siempre durante su carrera académica y de investigación, está el profesor Maza. “Hay más”, responde, “hay como 300”. Antes, recuerda, era muy distinto. “De mi generación, fui el único valiente que se metió en Astronomía. De la generación de María Teresa, era ella y Pablo Orrego. Y casi todas las generaciones siguientes eran uno, dos o máximo tres estudiantes. Ahora hay una explosión que uno casi no entiende. A la U. de Chile entran más de diez estudiantes cada año a Astronomía, y creo que entran más de 100 alumnos a lo largo y ancho del país”, cuenta.

“Una explosión que uno casi no entiende”, dice el profesor Maza, el mismo que dio una charla para 10.300 personas en el Estadio La Portada de la Serena en julio de 2019, en lo que ha sido la charla sobre ciencias más masiva de toda la historia de Chile. Él, en cambio, atribuye la “explosión” al hecho de que hoy existen más observatorios y mejor tecnología. La profesora Ruiz, cuyo libro “Hijos de las estrellas” se publicó por primera vez en 1998 y fue reeditado en 2017, señala que también incide el hecho de que los observatorios en todo el mundo ahora tienen una exigencia con respecto a la difusión de su trabajo.

La profesora Ruiz recibió el Premio Nacional de Ciencias Exactas en 1997 y el profesor Maza en 1999. Juntos, también, recibieron el título de Profesor Emérito de la Universidad de Chile el pasado 21 de agosto de 2024, en una emotiva y concurrida ceremonia en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

De vuelta en la que ha sido por décadas una casa para ambos, repasan juntos lo que ha sido su historia dentro de la Universidad de Chile.

La carrera conjunta de “dos jóvenes promesas”

Eran muchas las noches de observación astronómica. En esas noches, además de hacer cálculos hipotéticos sobre la población de astrónomos del país, ideaban cursos para dictar en la Universidad. Porque fueron, además, profesores que hicieron clases con una convocatoria muy exitosa, como fue el caso de “Astronomía a dos voces”, que dictaron juntos en el Salón de Honor de la Casa Central, a comienzos de la década del ‘90. 

María Teresa Ruiz (MTR): Yo iba hablando de cosas astronómicas y José iba hablando de la aventura humana que estaba detrás de eso, porque las cosas no se descubren así no más. Entonces José, que era muy experto en toda la historia de la astronomía, de la física y de las matemáticas, le ponía carne, le agregaba las personas que habían descubierto esas cosas. Teníamos inscritos como 300 alumnos, porque era un curso general, pero además abrían las puertas del Salón de Honor y las de la Casa Central, y cuando iba pasando gente por la Alameda empezaba a mirar y entraba. Teníamos personas que entraban de la calle sentados en la primera fila, fascinados con la clase.

José Maza (JM): Yo hablaba de Kepler. “Kepler, que fue un alemán que hizo no sé qué”, y María Teresa hablaba de las leyes de Kepler. Después yo hablaba de Newton. “Newton era un inglés que no sé qué”, y después ella hablaba de las leyes de Newton. Y así nos íbamos. Yo contaba la historia y María Teresa la astronomía, que iba en paralelo. Una vez lo hicimos en la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas, cuando estaba en Vicuña Mackenna 20 –el edificio se incendió en 1992– y fue el Rector Riveros el que nos dijo: “ya, usen el Salón de Honor”. Había ciertas reticencias: que no, que esto se usa solo de vez en cuando, pero nos dejaron usar el Salón. Era muy divertido porque, por ejemplo, teníamos alumnos de Leyes que pifiaban si yo anotaba la fórmula del teorema de Pitágoras. Lo tomó una sobrina mía que estaba estudiando Veterinaria y me decía que era la primera vez que iba a la Casa Central. Fue un curso muy bonito. 

MTR: Cuando tomábamos pruebas, llegaba gente a la prueba que no estaba inscrita ni nada. Nos quedábamos cortos de fotocopias. Para las clases proyectábamos imágenes en un telón, que deben haber sido transparencias o diapositivas. Se veía de afuera y era muy lindo.

– Profesor Maza, usted también hizo el curso “Historia de la Astronomía” durante varias décadas, ¿cómo surgió ese ramo?

JM: En el año ‘68, el Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad contrató a un profesor que era muy especial, Desiderio Pap, que hacía clases en Veterinaria, y él hizo un curso de “Historia y Filosofía de la Ciencia”. Yo tomé ese curso por dos años, aunque ya tenía todo aprobado. Lo tomé simplemente porque me daba la gana y porque quedé enamorado del tema. Después me fui a Canadá a hacer mi doctorado y cuando volví resulta que don Desiderio había dejado de hacer su clase. Yo ofrecí, patudamente, hacer un curso, porque tenía todos los apuntes y tenía muchos libros que ya me había leído. En el instituto ofrecían cursos más humanistas de lo que yo podía hacer, pero yo ofrecí con mucho respeto este curso, que no me atreví nunca a ponerle “Historia y Filosofía de la Ciencia” y le puse “Historia de la Astronomía”. Llegué a tener 150 inscritos. Me dieron la F10, la misma sala donde tuve mi primera clase como estudiante y que me impresionó por su tamaño, y estaba llena la sala. En las clases yo me dedicaba a contar cuentos, pero escribía apuntes donde estaban ordenaditas las ideas. Todos los semestres tuve más de 100 alumnos inscritos y estuve 40 años haciendo el curso. 

– ¿Hicieron otros ramos en conjunto?

JM: Hicimos “Vida inteligente en el Universo”, que fue también muy exitoso, con profesores de estudios humanísticos que daban un punto de vista distinto. Llevábamos a un arqueólogo que hablaba de si habíamos sido “visitados” en el pasado, a raíz de toda esta tontera de que las pirámides la hicieron los ovnis, y ese arqueólogo, que era Mario Orellana, lo discutía. También había biofísicos, el Pepe Tohá (Castellá) con María Pibert, que ponían un poco de biología. Y ese curso también tenía 120 alumnos. Y ahí los astrónomos hacíamos dos o tres clases. Yo hablaba de repente de galaxias y cosmología. Después venía otro que hablaba de estrellas, después venía otro que hablaba de planetas, y después de planetas habitables. Luis Campusano era el coordinador del curso. 

– ¿Cómo era la vida en Cerro Calán?

MTR: Tomábamos muchos cafés. La verdad que aquí éramos poquitos, entonces era una comunidad bien conectada. Almorzábamos todos juntos aquí en el casino y ahí se resolvía el mundo, se hablaba de política o de lo que fuera. Las pocas mujeres que habíamos éramos también bien cercanas. Todas estábamos teniendo hijos chicos, así que teníamos mucho tema para conversar. Para tejer, teníamos un club de tejido: después de almuerzo, nos sentábamos ahí en el pasto y tejíamos mientras una persona leía. Agarrábamos un libro y empezábamos a leer, nos turnábamos para leer un capítulo cada una.

– ¿Libros de astronomía o literatura?

MTR: Literatura, literatura. Era bien divertido y bien familiar. Por eso a mí me cuesta mucho pensar en dejar esta casa, porque ha sido como mi casa desde hace 50 años, ¿no? 

– Para sus familias, me imagino, debe haber sido también como su casa

MTR: Claro. Para mi hijo, José es el tío José, Guido (Garay) también es el tío Guido. Cuando eran chicos se la pasaban aquí, jugaban entre todos los niños. Esto es como tu casa. Y ahora yo llego acá y la mitad de la gente no habla castellano, y no sé quiénes son.

JM: Se ha “industrializado” un poco más. Yo me jubilé en septiembre del año pasado, pero ya hay toda una generación más joven y yo, por lo menos, estoy más desconectado con ellos. Este lugar a mí me produce una cuestión muy fuerte, porque yo he vivido en distintos lados –he vivido en Canadá, he vivido algunos periodos en España o en Estados Unidos–, pero Cerro Calán ha sido mi constante desde el año ‘66, que pisé Calan por primera vez. Esto es lo más permanente que hemos tenido en la vida.

MTR: Yo llevo seis meses jubilada, me jubilé en abril, y me pasa lo mismo. Además, que yo me acuerdo cuando saqué ese cuadro –apunta al retrato de Alberto Obrecht, director del Observatorio Astronómico Nacional (OAN) entre 1886 y 1908, que está detrás del escritorio–, lo saqué de no sé dónde y lo colgué ahí cuando yo era directora. Esas cosas de ahí también las fui a sacar de un cachureo que había aquí y ahora son parte de esta historia, aquí, del edificio. Esos relojes, todas estas cosas nosotros sabemos de dónde vienen. Fue una época en la que no había plata para nada, entonces por ejemplo hacíamos cortinas para poder oscurecer los lugares. Hacíamos una vaca para comprar el género, lo íbamos a comprar, y después la Lily, que era una de las secretarias, las cosía y nosotros les poníamos los ganchitos, las colgábamos y las inaugurábamos. Y la inauguración era hacer un queque. Alguien hacía un queque y con eso sobrevivíamos, sobrevivíamos bastante bien.

– Ustedes han tenido una trayectoria con muchas coincidencias. Ahora ocurre también que reciben el título de Profesores Eméritos juntos. ¿Cómo se sienten con respecto a ser Profesores Eméritos de la Universidad de Chile? 

MTR: Cuando me llamaron por teléfono para avisarme que ya había salido mi jubilación y que ya no formaba parte de la U. de Chile, me lo comentaron como una súper buena noticia, y a mí me vino una cosa que no esperaba. Es como cuando uno dice “si alguien me asalta, no me voy a defender”, pero de repente te asaltan y tu cuerpo o tu mente reaccionan de una manera que no esperabas. Con esto me pasó lo mismo. Me dijeron eso y fue como que me hubieran pegado un mazazo en la cabeza, me quedé sin habla, sin saber qué pensar. Me dio una tristeza muy grande, fue como que me quitaran una extremidad de mi cuerpo… ¿Cómo voy a dejar de ser parte de la Universidad de Chile? No puedo, no puedo dejar de serlo. Fue una cosa bien traumática. Pasó un tiempo y un día estaba en la última reunión del directorio de Aura en Estados Unidos y cada persona alrededor de la mesa se estaba presentando por orden. Cuando iba llegando a mí, yo pensaba “qué digo, porque yo ya no soy de la U. de Chile”. Estaba ahí, en esa disquisición, y me llegó un WhatsApp de la Rectora diciendo: “Buenos días, Profesora Emérita”. Justo me tocó presentarme y dije “yo soy María Teresa Ruiz, Profesora Emérita de la Universidad de Chile” y fue como un alivio tremendo, fue como un antídoto a la pena que tenía. 

JM: A mí no me pasó lo que narra María Teresa, pero yo tengo en mi computador por lo menos 20 charlas relativamente distintas que he dado en los últimos diez años. Yo solía ser parte de un proyecto grande que se llama CATA, el Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines, entonces en el PPT tenía el logotipo del CATA en una esquina y la insignia de la Universidad de Chile en la otra. Hace dos años dejé de ser parte del CATA, entonces lo saqué. Cuando me jubilé, para ser consistente, quité el emblema de la Universidad y dejé solamente: José Maza Sancho. Y cuando me dieron la investidura de Profesor Emérito, dije “ahora puedo volver”. Entonces volví a rescatar el logo de la Universidad y puse de nuevo “José Maza, Universidad de Chile”. De repente algunos me dicen “¿por qué no mandas tu currículum a alguna otra universidad?”, pero yo no me imagino siendo contratado en ninguna universidad que no sea la Universidad de Chile. 

– Pensando en el camino que han tenido en común, ¿les hace sentido haber recibido este título en conjunto?

MTR: A mí sí. Y además encontré que me facilitaba un poco la parte emotiva, porque había otro que estaba pasando por lo mismo. Si hubiera sido otra persona, me habría dado lata.

JM: Yo creo que lo mismo. A mí cuando me dijeron que nos lo iban a hacer a los dos juntos, pensé “tenemos una carrera juntos”. Creo que fue en el año ‘69 cuando Luis Alberto Ganderat nos hizo una entrevista para la revista de El Mercurio. Entonces estamos los dos, puedes imaginarte que un poco más jóvenes que ahora, y nos presenta como “el futuro de la astronomía en Chile”, “las dos jóvenes promesas”. Teníamos veintipocos años los dos, y estamos ahí en esta entrevista.

MTR: Con unas caras increíbles. 

JM: ¡Yo tenía una barba negra, tenía hasta pelo! Entonces hemos hecho una carrera paralela, muchas veces hemos trabajado juntos, así como otras cosas las hemos hecho totalmente separados.

MTR: Y trabajamos juntos en muchas cosas porque estábamos solos. No había mucha gente, entonces si uno quería conversar sobre cómo iba tu proyecto de investigación, tenías que trabajar con la única otra persona que había por ahí.

JM: Eso no se valora mucho, pero la Academia no puede ser un trabajo solitario. Hay una anécdota. Un gran filósofo de la ciencia, que se llamaba Jacobo Bronowski, terminó su doctorado en Cambridge después de la Segunda Guerra Mundial y estaba en un sótano en una pieza, que la compartía como con diez más. Tenía un pedazo de un escritorio. Le hicieron una oferta para que se fuera a Nueva Zelandia: un tremendo billete, un lugar precioso. Partió. Llegó allá, dice que el lugar era idílico. Tenía una oficina tal vez tan grande como esta. Él trabajaba en Galileo en esa época y salía a tomar café a las 10:30 y se encontraba con sus colegas. “Oye, mira, parece que Galileo, ese día…”, les decía, pero a los cinco minutos le habían cambiado el tema. Él decía que el lugar era maravilloso, tenía un lindo sueldo, una linda oficina, pero no podía hacer nada, porque todo lo que a él lo motivaba, no motivaba a nadie más. Estuvo un año en Nueva Zelandia y se devolvió al cuchitril donde estaba, ahí en Cambridge, porque ahí estaban todos haciendo cosas. La atmósfera intelectual es muy importante. Si uno no tiene otros colegas con los cuales compartir las inquietudes, al final se te va secando el cerebro.

MTR: Y la emoción. ¿Te acuerdas cuando encontrábamos estrellas rápidas? 

JM: Claro. “¡Mira, ahí está!” 

MTR: Todo lo celebrábamos, era nuestro alimento espiritual

– ¿Y ahora cuál es su sentimiento al dejar la Universidad?

JM: Bueno, era el fin de un ciclo y por lo menos a mí me pareció adecuado ponerle fin, porque yo adelanté mi propia jubilación. Debo confesar acá que yo nunca me imaginé yéndole a dar pan a las palomitas en la plaza. Pensaba en escribir libros de divulgación, porque sigo escribiendo un libro por año, ya tengo otra pega con eso. Estoy escribiendo dos libros: uno, que es el libro de verdad que hago yo, y el otro, que es la versión para niños, que la hacemos en un trabajo colectivo. Me entretengo mucho porque “mientras más uno vive, más aprende”, pero el problema es que llega un momento en que se empiezan a olvidar las cosas. Uno hace ejercicios para que las neuronas, las que van quedando, hagan algo de gimnasia.

MTR: El otro día vine a tratar de ordenar un poco mi oficina, o sea, de vaciarla. Empecé a sacar los archivadores y a abrirlos, y estaban los espectros y las cosas. Me acordaba en lo que estábamos trabajando y de tantos trabajos que todavía quedan ahí, que no están terminados, y decía: “qué ordenadita era”. Me empezó a dar una pena tremenda. Así que al final me fui, no más, porque ese día quedé para el gato. Ahora tengo que seguir haciendo eso. Fernando –su marido– me dice: anda y bota todo, ¡pero es que es que hay tantas cosas! Tengo guardados unos diarios y revistas importantes en que mencionaron nuestro trabajo en los años 80. Nosotros estábamos haciendo ciencia que era tomada por la prensa especializada internacional. Entonces, cuando vi eso, dije “no lo hacíamos nada de mal”.

Consuelo Ferrer, Prensa Rectoría U. de Chile Fotografías: Gloria Henríquez

Día Internacional del Cambio Climático: La fragilidad de nuestros ecosistemas

Javier Lopatin
Investigador titular de Data Observatory
Académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias UAI

El cambio climático ha dejado de ser un problema del futuro; es una realidad que afecta nuestras vidas. Desde eventos meteorológicos extremos hasta la alteración de los ecosistemas, presenciamos cambios que amenazan el equilibrio natural del planeta. Por lo tanto, cada vez dependemos más de la capacidad de la naturaleza para absorber y nivelar el CO2 y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera.  Mientras que las emisiones humanas son relativamente fáciles de medir, los procesos naturales que regulan el carbono son increíblemente complejos y numerosos.

Un ejemplo asombroso de los procesos que regulan nuestro clima es la migración nocturna de miles de millones de organismos marinos. Al anochecer, estas criaturas ascienden a la superficie para alimentarse, y sus desechos, ricos en carbono, se hunden al fondo del océano, ayudando a eliminar millones de toneladas de carbono de la atmósfera cada año. Este es solo uno de los innumerables mecanismos naturales que mantienen el equilibrio climático. Los océanos, bosques, suelos y otros sumideros naturales de carbono, absorben cerca de la mitad de las emisiones humanas.

Hallazgos preliminares de un equipo internacional de investigadores muestran que la cantidad de carbono absorbido por la Tierra colapsó temporalmente en 2023, el año más cálido jamás registrado. Como resultado: los bosques, plantas y suelos, absorbieron casi nada de carbono. Esto muestra que nuestros ecosistemas son más complejos y sensibles de lo esperado y que la mayoría de los modelos proyectados no contemplan este colapso frente al estrés hídrico, de temperatura y ante incendios, cada vez más frecuentes.

El colapso del sumidero de carbono terrestre en 2023 podría ser temporal: sin las presiones de sequías o incendios forestales, la tierra volvería a absorber carbono nuevamente. Pero demuestra la fragilidad de estos ecosistemas, con implicaciones masivas para la crisis climática. La realidad es que alcanzar la neutralidad de carbono es inviable sin el apoyo de la naturaleza. Nuestros bosques, océanos y suelos son aliados indispensables en la absorción de las emisiones humanas, que alcanzaron cifras récord recientemente. Sin embargo, las implicancias de esto para los objetivos climáticos son alarmantes. Si la capacidad de la naturaleza para absorber carbono disminuye, el mundo tendría que realizar reducciones mucho más drásticas en las emisiones de gases de efecto invernadero para alcanzar la neutralidad de carbono: en países como Australia y varias naciones europeas, la disminución en la absorción de carbono por parte de la tierra está anulando los avances logrados en la reducción de emisiones.

Es urgente no solo buscar formas de aumentar la capacidad de absorción de carbono de nuestros ecosistemas, sino también proteger y preservar los sumideros existentes. Detener la deforestación, reducir las emisiones y garantizar la salud de estos sistemas naturales debe ser una prioridad global. Asimismo, los gobiernos y las corporaciones tienen una responsabilidad crucial en este esfuerzo a través de políticas sostenibles, inversión en energías renovables y prácticas que protejan nuestros ecosistemas.

Proyecto entregará herramientas para aportar en la mitigación de fondos marinos afectados por la acuicultura en Chile

Por Celeste Burgos Badal
Comunicaciones COPAS Coastal

Recientemente, se conformó el Comité Directivo de una iniciativa que espera ser un aporte en la evaluación de la remediación de ambientes marinos.

Actualmente, la acuicultura en Chile es una de las actividades más importantes en la economía nacional, destacando la salmonicultura, la cual muchas veces es cuestionada por su impacto medioambiental. En este contexto, surge el proyecto Fondef IDeA I+D “Modelo para la evaluación e investigación de mecanismos de mitigación y remediación aplicados a ambientes marinos alterados por acuicultura”, el cual está dirigido por el investigador del Centro COPAS Coastal de la Universidad de Concepción, Dr. Marcelo Gutiérrez.

En enero de 2024 entró en vigencia la Ley N° 21.410, que exige a los titulares de concesiones de acuicultura a implementar medidas para evitar o reducir el depósito de desechos inorgánicos y orgánicos. En este ámbito es que han surgido servicios que, usando diferentes aproximaciones tecnológicas, buscan disminuir los tiempos de recuperación de los fondos alterados por la actividad acuícola. Pero es necesario evaluar la efectividad de los procedimientos aplicados. Es así que este proyecto espera facilitar la gestión de la actual reglamentación a través del desarrollo de un modelo o guía de procedimientos estandarizados. “Esta herramienta estará basada en la integración de la información oceanográfica disponible para las zonas de operación de la industria acuícola, de resultados de experimentos diseñados para identificar los factores críticos para el proceso de degradación de la materia orgánica en fondos marinos, y el seguimiento de la evolución de condiciones de fondo luego de la aplicación de los procedimientos actualmente autorizados”, explica el Dr. Gutiérrez.

El objetivo, según explica Gutiérrez, es que los resultados de esta investigación sirvan de referencia para la aplicación, control y monitoreo de actividades de remediación ambiental dentro del marco regulatorio existente para la acuicultura en Chile. “En cuanto a los resultados científicos, esperamos producir nuevo conocimiento sobre los mecanismos biogeoquímicos que sustentan la aplicación de procedimientos de remediación en fondos marinos, con énfasis en identificar parámetros críticos y las consideraciones clave para incorporar métodos de bio-remediación dentro de los procedimientos que permitan reducir el impacto de la actividad acuícola”, explica el también académico de la Universidad de Concepción. La iniciativa también espera entregar herramientas que permitan a la industria identificar los mecanismos más apropiados según sus necesidades y las condiciones particulares de una concesión.

Comité Directivo

El día 05 de septiembre 2024, en dependencias de COPAS Coastal, se conformó el Comité Directivo del proyecto, el cual quedó integrado por Pamela Vásquez de Subpesca, Muriel Sandoval de OTL UdeC, Rodrigo Fernández de DVS Tecnología SA y Mauricio Bueno de KRAN Spa.

Para Pamela Vásquez, quien se desempeña en el equipo que evalúa las solicitudes de concesiones en este tema en Subpesca, “este proyecto es de alto interés, ya que existe poca información de base científica en el tema en Chile, y para nosotros nos motivó muchísimo poder participar de esta iniciativa. Esperamos que este trabajo sea un insumo para nosotros y poder aplicar la información que se obtenga en normativas relevantes para la industria, facilitando lo que se hace en la recuperación de fondos hoy en día”.

Por su parte, Rodrigo Fernández de DVS Tecnología, señaló que “nosotros trabajamos con muestras en estos procesos de remediación de fondos y queremos efectivamente contar con una base científica que nos avale de alguna manera la información que estamos obteniendo”. Mauricio Bueno, de KRAN Spa, señaló que “para nosotros, que prestamos servicios de remediación de fondos, es muy importante que haya distintas entidades participando, con esto esperamos que se puedan sentar las bases de una remediación para toda la industria. Estamos convencidos que esto va a llegar a la industria en general y va a marcar las reglas del juego también, entonces felices de poder ser parte”, señaló.

Muriel Sandoval de la Oficina de Transferencia y Licenciamiento de la Universidad de Concepción destacó la incorporación de distintas instituciones en este proyecto “vemos que esto permitirá generar información científica aplicada a las problemáticas que son importantes en Chile; se puede producir información que dejará un impacto en el sector productivo y como OTL haremos un seguimiento a este proyecto con el objetivo de transferir los resultados a las entidades del comité y al sector productivo en general”, finalizó.

Este proyecto es ejecutado por la Universidad de Concepción, liderado por el Centro COPAS Coastal y cuenta con el financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID.

U. de Chile y Museo Nacional de Bellas Artes suscriben convenio para desarrollar programación e investigación conjunta 

Este lunes 21 de octubre, ambas instituciones públicas, representadas por la Rectora Rosa Devés y el vicedecano de la Facultad de Artes, Luis Montes, y por la directora del Museo, Varinia Brodsky, firmaron este acuerdo que impulsará actividades de interés mutuo, como programación conjunta de exposiciones, instancias de investigación patrimonial, producción editorial, prácticas profesionales, pasantías, así como actividades de docencia, investigación, creación artística, innovación, extensión, vinculación con el medio y el territorio.

La historia de la Universidad de Chile y del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) es de larga data y de objetivos comunes. No solo son entidades fundacionales de la institucionalidad cultural del país, sino que también se constituyen en espacios formativos y de extensión en la materia. A esto se suma su proximidad física, al encontrarse sus edificios unidos materialmente por un pasillo, reabierto el año 2015. 

Ambas instituciones fortalecen su vínculo con la firma de un convenio de colaboración, mediante el cual cooperarán en aspectos como formación continua de profesionales mediante programas de especialización en ámbitos como museografía y curatoría; y la producción académica sobre la colección del MNBA y el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la Universidad, para permitir el desarrollo de curatorías, publicaciones, seminarios y conferencias.

A esto se suman los objetivos de desarrollo de trabajos curatoriales sobre temáticas de relevancia para ambas instituciones; la realización de exhibiciones, incluyendo piezas de la colección del MNBA y de otros museos universitarios. Otros de los puntos del convenio refieren a un programa de educación para los públicos asistentes; la producción conjunta de libros y catálogos, así como la realización de ciclos de diálogos públicos destinados a audiencias especializadas. 

La Rectora Devés recordó las palabras de Francisco Brugnoli pronunciadas en 2015, durante la apertura de la puerta que separó el MNBA de la Universidad de Chile desde 1928. “Este convenio, que firmamos hoy, profundiza esa decisión y expresa la voluntad de compartir nuestras respectivas responsabilidades con el arte y la cultura, y renueva ese vínculo fundacional, espacial y republicano desde una perspectiva ahora académica y de servicio público”, señaló. “Así, ese camino que señala el pasillo que nos comunica hoy se ensancha gracias al convenio, y ya no será sólo el flujo de visitantes entre ambos museos, sino que también será la co-construcción de proyectos artísticos para acercar el patrimonio cultural a la ciudadanía y para reflexionar e investigar sobre la creación artística”, añadió la Rectora.

Nos sentimos honradas de poder celebrar este convenio con la Universidad de Chile, para fortalecer la misión de ambas instituciones que son el cimiento del desarrollo de la cultura y el pensamiento crítico del país. La vocación por el servicio público que representa el MNBA y la Universidad, será un motor que nos permita movilizar distintos proyectos en torno a nuestros patrimonios, a la investigación, difusión de las artes, conocimientos científicos y artísticos, potenciado un rol pluralista y ciudadano”, señaló Varinia Brodsky, directora del Museo Nacional de Bellas Artes, dependiente del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

Desde la Facultad de Artes de la U. de Chile, el vicedecano Luis Montes dijo que “Museo y Universidad, debemos asumir juntos la tarea que nos propone el país, en tanto entidades públicas “cuyo norte sea Chile y las necesidades de su pueblo”, parafraseando a Andrés Bello. Toda nuestra energía debe estar enfocada al bienestar de nuestros conciudadanos y conciudadanas, de aperturar nuevos espacios para imaginar y repensar este país que, a través del arte, puede encontrar respuestas a preguntas que, desde otras disciplinas, no han podido ser contestadas”.

El director del Museo de Arte Contemporáneo de la U. de Chile, Daniel Cruz, destacó que “este acuerdo entre nuestra Universidad de Chile y el MNBA llega a fortalecer el trabajo mancomunado que venimos llevando a cabo sostenidamente ambos museos. MAC y MNBA son instituciones que no sólo están unidas físicamente, pues también tenemos objetivos comunes. Somos espacios de resguardo del patrimonio, de vinculación con nuestras comunidades y de generación permanente de conocimientos a partir de colecciones públicas. Son valores directamente vinculados con la Universidad, por lo tanto, esta hoja de ruta cimenta una alianza orgánica y, estoy seguro, muy fructífera”. 

La dirección y coordinación del presente convenio será efectuada por la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile, Pilar Barba; y como enlace para desarrollo específico de actividades, el responsable será el vicedecano de la Facultad de Artes, Luis Montes Rojas. Este rol en el caso del MNBA estará a cargo de Cecilia Chellew, coordinadora de comunicaciones y relaciones institucionales.

Participaron de esta cita el decano de la Facultad de Artes, Fernando Carrasco; la vicerrectora de Extensión y Comunicaciones, Pilar Barba; la vicerrectora de Asuntos Estudiantiles y Comunitarios, Josiane Bonnefoy; el director de Creación Artística de la U. de Chile, Fernando Gaspar; la directora del Museo de Arte Popular Americano, Constanza Urrutia; directores y directoras de Departamentos de la Facultad de Artes e integrantes de los equipos del MNBA y de museos universitarios. 

Prensa U. de Chile Fotografías: Alejandra Fuenzalida

AC3E celebra 10 años aportando al desarrollo científico y tecnológico del país

El Centro Avanzado de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, AC3E, de la Universidad Técnica Federico Santa María, celebró un nuevo aniversario junto a autoridades y representantes de la academia e industria, destacando el importante rol que ha desarrollado este periodo acercando la ciencia al sector productivo y a la sociedad.

Con la visita de autoridades internas y externas, el Centro Avanzado de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, AC3E, de la Universidad Técnica Federico Santa María celebró su décimo aniversario como centro basal de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, ANID, en donde ha contribuido al acercamiento entre la academia y la industria, a través de desarrollos tecnológicos plasmados en cerca de 200 proyectos en distintos sectores productivos. 

La ceremonia de aniversario, denominada «Una década de ciencia, tecnología e innovación desde Chile», contó con la participación del rector de la universidad, Dr. Juan Yuz; la directora general de Investigación, Innovación y Emprendimiento de la USM, Dra. Mónica Pacheco y el director del AC3E, Dr. Héctor Ramírez, entre otras autoridades, académicos y representantes de empresas e instituciones de la V región, con las cuales ha trabajado el centro durante estos años.

Sobre la importancia del centro, el rector Juan Yuz destacó que “para nuestra universidad es un orgullo contar con un centro de investigación que celebra 10 años de trayectoria, consolidando y expandiendo un equipo humano capaz de enfrentar desafíos, articular líneas de investigación y áreas de desarrollo que se adapten a las necesidades de la industria. Esto ha permitido una contribución significativa al desarrollo científico y tecnológico del país, así como a la formación de capital humano altamente especializado».

En este sentido, la máxima autoridad de la casa de estudios, quien también fue director del AC3E entre 2015 y 2019, valoró que «este Centro refleja el compromiso de ir más allá de lo que se enseña en las aulas y laboratorios, asumiendo la responsabilidad de aportar al desarrollo nacional, en colaboración con estudiantes y con el respaldo de los recursos que nos otorga el Estado”.

Por otra parte, la representante de la Secretaría Regional Ministerial de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación de la Macrozona Norte, Carolina Quinteros, señaló que «nos alegra ver como iniciativas como este Centro, cumplen 10 años de vida y han sido capaces de formar comunidad en un ecosistema científico, logrando mitigar la idea de que la ciencia solo se hace en los laboratorios, y traspasándola a la sociedad y la industria, por lo que esperamos puedan cumplir muchos años más y alcanzar con creces sus nuevos desafíos”.

Por su parte, la directora general de Investigación, Innovación y Emprendimiento de la USM destacó el trabajo, esfuerzo y compromiso del equipo de investigación, profesionales y estudiantes que conforman el Centro, quienes han logrado construir una comunidad científica de clase mundial, consolidando un ecosistema donde la investigación, innovación y transferencia tecnológica fluyen de forma natural.

«Los centros basales como el AC3E son fundamentales para habilitar la cadena de valor entre la investigación, el desarrollo y la transferencia de conocimiento, permitiendo que nuestras capacidades académicas y científicas se traduzcan en soluciones concretas que impactan en la competitividad de la economía chilena y contribuyen al bienestar de la sociedad”, manifestó.

Durante la actividad, el exdirector del AC3E, Matías Zañartu, fue el encargado de detallar algunos de los principales logros del centro, entre los que destacó la estrecha relación con la industria, más de 950 artículos de investigación, 530 actividades de divulgación científica, cuatro empresas spin off, mil estudiantes y el crecimiento de un 266% de la participación de la mujer en diferentes roles que van desde investigadoras titulares hasta alumnas.

Finalmente, el nuevo director Héctor Ramírez, realizó un reconocimiento a la labor del Dr. Zañartu y compartir con los más de 100 asistentes lo que será el proceso de repostulación que se llevará a cabo estos meses y las metas definidas para el nuevo periodo.

“Los resultados alcanzados nos permiten soñar en grande y seguir siendo un puente entre la academia y la industria , un centro de investigación de excelencia y referente nacional en ingeniería eléctrica y electrónica, continuar generando capital humano avanzado, promoviendo políticas de género en ingeniería; inspirando y motivando a las futuras generaciones, a través de múltiples actividades con colegios y liceos de la región, para construir un mejor futuro y calidad de vida desde la academia”, destacó el Ramírez.

Universidad de Chile impulsa acciones de regulación en bioseguridad y biocustodia para la investigación

Desde mayo 2024, el Comité Institucional de Bioseguridad y Biocustodia, coordinado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo, está llevando a cabo un catastro para identificar las sustancias químicas y agentes biológicos utilizados en los procesos de investigación de la institución. Esta iniciativa se enmarca en la Ley 21.250, que establece medidas de vigilancia y control sobre dichos elementos que, además de su uso en los procesos investigativos, podrían implementarse con fines dañinos.

En el año 2020, el Ministerio de Defensa de Chile promulgó la Ley 21.250. Normativa que, en 2023, entró en vigencia con el objetivo de reglamentar medidas de vigilancia y control sobre sustancias químicas, agentes biológicos y toxinas utilizadas para fines no prohibidos, como la investigación.

Para abordar estos desafíos y en correlación con su compromiso público, la Universidad de Chile impulsó la creación del Comité Institucional de Bioseguridad y Biocustodia en enero de 2024, una institucionalidad de carácter transitorio coordinado por la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo (VID).

Este espacio reúne a diversos académicos y académicas de la Casa de Bello para la elaboración de una estrategia institucional en la materia, proponiendo funcionamientos y responsabilidades, además de coordinar el trabajo de cada unidad académica en el área.

Como parte de sus acciones, desde mayo de 2024, el Comité Institucional de Bioseguridad y Biocustodia está llevando a cabo una serie de visitas a los espacios académicos para la realización de un catastro para identificar el uso de sustancias químicas y agentes biológicos al interior de la Universidad.

Al respecto, el jefe de la Unidad de Estudios e Indicadores de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo , Leonardo Reyes, indicó que “las regulaciones en investigación existen en diversos ámbitos y cada vez tienen mayores exigencias tanto para dar un espacio seguro a las personas que realizan investigación, como para aumentar los niveles de biocustodia”. Además, agregó que “a través de la VID, buscamos generar sinergias entre los comités locales para proponer buenas prácticas y mejoras a situaciones comunes en varios laboratorios, pero que a través de los comités institucionales se permite avanzar más rápidamente”.

La académica de la Facultad de Odontología y presidenta del Comité Institucional de Bioseguridad y Biocustodia, Carla Lozano,  destacó que “la Universidad de Chile entiende que es una prioridad dar cumplimiento con esta Ley ante el Ministerio de Defensa, iniciando un registro actualizado de las sustancias químicas, biológicas y toxínicas reguladas y que se estén utilizando con fines pacíficos. Con esto, la DGMN mantendrá un constante monitoreo, vigilancia y trazabilidad de estas, permitiendo y supervigilando de esta manera el desarrollo de una ciencia responsable”.

Asimismo, la Casa de Bello se encuentra trabajando en la redacción de un Decreto Universitario que creará, de manera oficial, al Comité Institucional de Bioseguridad y Biocustodia, el que, “tendrá que delimitar su funcionamiento y responsabilidades, articular la orgánica de trabajo con los comités locales de Bioseguridad y plantear una estrategia inicial para hacer cumplir la Ley 21.250 y su reglamento en la Universidad”, sostuvo Lozano.

Protección y garantías en investigación

Las visitas impulsadas por la VID y el Comité Institucional de Bioseguridad y Biocustodia para la realización de un catastro son ejecutadas por la prevencionista de riesgos, Natalia Mesa. Hasta la fecha se han recorrido las facultades de Ciencias, Ciencias Químicas y Farmacéuticas; Ciencias Veterinarias y Pecuarias; Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza; Ciencias Agronómicas; Odontología; y Medicina; así como el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) y el Hospital Clínico (HCUCH). Recientemente, además, comenzó el recorrido en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas.

Al respecto, Natalia Mesa, explicó que “las inspecciones son para pesquisar la presencia de sustancias químicas, agentes biológicos o toxinas reguladas por esta normativa; para crear un registro de las cantidades y responsables, manteniendo una base de datos a nivel institucional”.

A su vez, la especialista continuó indicando que “de existir presencia de alguna de las sustancias químicas, agentes biológicos y toxinas; se indican las medidas de resguardo en el almacenamiento y la responsabilidad en su uso, junto a otras mejoras en bioseguridad y biocustodia en cada laboratorio. Finalizada cada visita, se genera una instancia de retroalimentación, buscando entregar un aporte en estos temas”.

Esta acción garantiza una investigación responsable y acorde a los criterios legales y de fiscalización levantados por el Ministerio de Defensa a través de la Ley 21.250. Al respecto, Mesa concluyó que “esta es una oportunidad para que cada laboratorio de investigación revise y adecue su infraestructura según los niveles de riesgos y peligros de las sustancias químicas, agentes biológicos y toxinas reguladas, con el fin de elevar los resguardos en cada investigación a estándares de calidad y cuidado”.

Comunicaciones VID

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